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Cultura y farándula

16 de abril de 2018 08:13

Martin Boulocq: "En alguna medida yo soy Eugenia"

El realizador cochabambino estrena su tercer largometraje donde ficciona desde una femenina a una Bolivia actual muy politizada.

eugenia Largometraje Eugenia. Foto captura
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María José Ferrel 

La Paz, 16 de abril (ANF). - “Muchos de mis personajes -en mis películas- tienen algo de mí. Unos más, otros menos. En alguna medida –o en mucha- yo soy Eugenia”, dice Martín Boulocq que después del cortometraje “Los Girasoles” (2014) y con el premio a Mejor Guion concedido por el Festival de Cine de Guadalajara, estrena en Bolivia su tercer largometraje: Eugenia.

Concebida como una película procesual, o como diría Boulocq, en una suerte de escritura/rodaje, la creación del personaje principal de Eugenia -interpretado por una inmensa Andrea Camponovo- es el acercamiento del realizador cochabambino hacia el universo femenino.

“Avanzada la escritura/rodaje sucede la reflexión sobre el material que estoy generando. En ese punto tienes que tomar posición… pero al mismo tiempo no quieres hacer un panfleto”, responde Boulocq sobre la construcción del filme donde se mezclan temáticas recurrentes a la violencia de género, el cuerpo y el territorio que habita su personaje principal quien transita la urbe en medio de una Bolivia muy politizada.

El tercer largometraje de Boulocq se inscribe en la coyuntura y hace guiños con temáticas universales anclada desde una fuerte mirada de lo nacional y lo local.

¿A qué responde el usar audios de una conocida activista y pensadora feminista en vez de algo más armado sobre estas temáticas?, se le pregunta a Boulocq a lo que responde:

“Para mis son citas, como quien cita a un autor cuando escribe. Pero tiene un valor extra que sea la voz real de María Galindo, porque es un documento, no una voz en off grabada para la película. Aun así, intenté que se integre orgánicamente al relato, con el personaje de Álvaro, que es quien la escucha desde su laptop”.

Boulocq explica que la primera cita -audio en off- sí está relacionada a la temática central porque habla del matrimonio y el divorcio. La segunda, trata sobre temáticas que, si bien no están en la centralidad del filme, para Boulocq sí están completamente conectadas: el genocidio de mujeres y la obligatoriedad masculina de ser soldados. 

¿Por qué?

“Me parece que somos una sociedad muy politizada, aunque a veces no nos damos cuenta o no queremos admitirlo. Simplemente quería subrayar eso usando elementos visuales y sonoros sacados de la realidad y no producidos artificialmente para la película”, remata Boulocq.

Es así que la ficción se encuentra con la realidad a través del registro documental como una forma de trabajo con la cual el director se siente más cómodo, según relata y aunque comenzó escribiendo bosquejos del personaje femenino después de un tiempo decidió empezar a filmar para darle una mayor fluidez a su proceso de escritura, pero con la idea de Eugenia bastante clara.

En Eugenia también asoman personajes de interés histórico, como por ejemplo la guerrillera Tamara Bunke, al respecto Boulocq explica que durante el tiempo en que estuvo reflexionando sobre la película paralelamente estaba trabajando en un texto sobre la guerrilla de Teoponte donde descubrió el libro” Tamara-Laura-Tania” de Gustavo Rodríguez. 

“Quedé fascinado con el personaje y la complejidad con la que Gustavo la retrata”, explica el realizador, que identifica dos cosas que le interesaron de Bunke:  la mujer rebelde dentro la rebelión, y la persona que tiene identidades múltiples.

“Tania/Tamara/Laura estaba comprometida hasta la patas con la causa, quería cambiar el mundo, pero a la vez era una insurrecta ante la ordenes de los altos mandos rebeldes, que eran hombres, por supuesto. Escribí un tratamiento inspirado en el libro. Lo dejé un tiempo y volvió cuando pensaba el personaje de Eugenia”, recuerda Boulocq que explica que la idea de tocar este tema en el filme no partió de añadir una investigación histórica sino del personaje. 

“Aunque Tania, en la película, aparece casi como una caricatura, Eugenia tiene algo de la Laura/Tania/Tamara que describe Gustavo”, recalca.

Para el trabajo de revisión de la escritura del guion de Eugenia colaboraron varios de los cómplices elementales en la vida del cochabambino como ser el destacado escritor Rodrigo Hasbún, Rolando Lora y Camponovo.

“Para mí, la escritura comienza antes de escribir y termina en los últimos detalles de post-producción, cuando se decide qué sonido poner y cuál no. Eso duró más de tres años”, recuerda. 

Consultado sobre si existe un diálogo o conexión con la obra de otros artistas o profesionales de su generación Boulocq vuelve a Hasbún, pero también en cuanto a música destaca el trabajo de su hermano, vocalista de la banda Mamut, Diego Boulocq y en cuanto a lo pictórico habla sobre la obra de José Carlos Auza.

También menciona a otros artistas que le agradan, “por cómo me moviliza e inquieta”, dice, la obra de Alejandra Dorado, María Galindo y Diego Aramburo. 

En el cine contemporáneo boliviano le interesa el diálogo con las obras de Sergio Bastani, Rodrigo Bellott, Kiro Russo y Miguel Hilari, en distintos aspectos. 

“Y me gustaría mencionar dos encuentros/afectos uno reciente y otro no tan reciente que no son estrictamente generacionales, ni nacionales: Flavia de la Fuente y Carla Simón”, señala.

Eugenia se estrenó en la 41ava. edición de la Muestra de Cine de Sao Pablo (Brasil) el pasado 2017. El mismo año, fue parte del Festival Internacional de cine de Mar del Plata (Argentina), la única muestra de cine categoría A en Latinoamérica y hace unas semanas atrás ganó el premio a Mejor Guion de la última versión del prestigioso festival de cine de Guadalajara (México).

“Mi interés en los festivales es sobre todo como espacios de exhibición y circuitos de visibilidad, llegando a gente de otros lugares. A la vez, vitrinas para otro tipo de circuitos/mercados donde el film puede tener cabida: tv cable, streaming, circuitos de salas, etc. 

Generalmente -es también nuestro caso- son los agentes de ventas que se encargan de esa parte, que implican estrategias de llegada”, dice Boulocq. Además, como B-Side menos agradable indica que “el problema no son los festivales en sí, sino lo que los mismos cineastas hacemos con ellos: competir, segregar, exceso de lobby, etc”.

Con 25 años, la ópera prima de Boulocq, “Lo más bonito y mis mejores años” (2005), fue proyectada en diferentes festivales cómo ser San Sebastián y Locarno donde recibió diferentes premios. La crítica nacional la consideró como una de las 12 películas fundamentales de la historia de Bolivia.

Pese a estos antecedentes y después de 12 años, el realizador recalca la ruleta rusa que puede significar un premio, además de ser un incentivo para la visibilidad y la masividad del filme.

“Darles un lugar de mucha importancia a los premios es peligroso. En general, los premios son completamente subjetivos. Los determina un jurado muy específico con gustos muy personales y existe una serie de condicionantes que hace que ganes o no. No necesariamente es un medidor de calidad.  En las olimpiadas los 100 metros planos los gana el más veloz, no hay discusión. En el arte los premios son arbitrarios”, finaliza.

-Tomando en cuenta que Eugenia fue una película hecha por etapas ¿Cuáles fueron tus limitaciones?

– De presupuestar sí, pero es más fácil de organizar. 

En cierto tipo de documental esperas a que algunas cosas vayan sucediendo y vas registrando a lo largo de meses o años esos eventos. 

Yo tomé un poco de ese método: días cortos de rodaje extendidos en el tiempo. 

Los eventos ficcionales los teníamos que provocar nosotros por supuesto, pero a veces había que esperar el contexto en el que aquella ficción iba a suceder: una fiesta de disfraces, el día del peatón o la peregrinación a Urkupiña.

-A partir de esta idea escritura/rodaje ¿Cómo fue la construcción de los personajes?

– Cuando hablo de esto, me da la impresión de que se confunde un poco cómo son mis procesos. No es que un día salgo con mi cámara a filmar sin haber pensado. 

Al contrario, suele ser mucho tiempo, a veces años, en los que solo pienso, hago apuntes, notas, bosquejos, etc, antes de salir a filmar. 

Luego también hay una reescritura constante a partir de lo que el actor y la materialidad de las imágenes ofrecen. 

La escritura de lo que se entiende como guion, en mi caso al menos, empieza con ese largo tiempo de sólo pensar y termina en los últimos detalles de la edición. 

Los actores no leen ningún texto y muchos diálogos los improvisan, pero no quiere decir que detrás no hay ya un trabajo de escritura, o que yo no sepa con anterioridad sobre qué deben hablar. 

La intención que hay detrás de que no tengan líneas que leer es para que descubran por si solos y aporten a la vez con su interpretación a lo que yo ya tengo delimitado. Un poco como el jazz, improvisar sobre estructuras muy sólidas.

-El aporte de Andrea Camponovo en la actuación y en la interpretación de Eugenia le da una profundidad a la película ¿Cómo es su forma de trabajo?

– De acuerdo contigo, la película no sería la misma sin Andrea. No sólo su actuación es estupenda, su colaboración en todo el proceso detrás de cámara ha incidido mucho en el resultado final. 
Nos conocimos haciendo cine así es que hay un código de trabajo muy fluido en nuestra relación.
Por ejemplo, conversamos muchísimo fuera de rodaje, pero el momento de rodar usamos apenas señales o pocas palabras para entendernos.

– ¿De cómo surgió tu interés por meter una investigación histórica, como es el personaje de Tamara Bunke en la película? ¿Cómo fue la investigación al respecto? 

– Tiempo antes venía escribiendo algo sobre la guerrilla de Teoponte y en esa investigación me topé con el libro Tamara-Laura-Tania de Gustavo Rodriguez. 

Quedé fascinado con el personaje y la complejidad con la que Gustavo la retrata. Dos cosas fueron las que más me interesaron: la mujer rebelde dentro la rebelión, y la persona que tiene identidades múltiples. Tania/Tamara/Laura estaba comprometida hasta la patas con la causa, quería cambiar el mundo, pero a la vez era una insurrecta ante la ordenes de los altos mandos rebeldes, que eran hombres, por supuesto.

Escribí un tratamiento inspirado en el libro. Lo dejé un tiempo y volvió cuando pensaba el personaje de Eugenia. 
Pero no partió de meter una investigación histórica sino del personaje. 
Aunque Tania, en la película, aparece casi como una caricatura, Eugenia tiene algo de la Laura/Tania/Tamara que describe Gustavo.

¿Como fueron tus formas de trabajo en cuestiones técnicas? ¿Por qué fuiste tú el director de foto?

– Se debe sobre todo a las condiciones de producción específicas de este proyecto. Me hubiese gustado tener un aliado en la dirección de fotografía, pero era inviable.

De todos modos, siempre he tenido una relación muy estrecha con el trabajo de cámara y lo disfruto. 
El planteamiento de rodaje fue: creo de 1 ó 2 personas, luz natural, cámara estática, poca intervención de escenarios, blanco y negro… es decir, los inicios del cine. 

Por un lado, simplificar la parte técnica, por otro potenciar la escritura cinematográfica.

-Eugenia tiene mucha interacción con los escenarios urbanos y rurales de Cochabamba o Tarija ¿Cuáles fueron las premisas para elegir estas locaciones?

– Bueno, una de las premisas fue justamente esa: La ciudad tiene que estar presente y de la manera menos intervenida posible. Menos artificial, quiero decir. Elegimos lugares donde hay gente, donde suceden cosas reales, donde sucede la vida.

¿Cómo ha sido la dirección de los actores? Me refiero un poco a trabajar con actores naturales

– Me gusta combinar actores con experiencia con actores naturales. 

Y sí le doy la mayor de mis atenciones a los actores y a sus interpretaciones. 
Trato de evitar marcas o que ellos estén en función de la cámara o las luces. 
Me gusta que se sientan cómodos en el rodaje y que aporten creativamente. 
En ese sentido, Alejandra, Alvaro, Alicia, Simón, Emi, Rafa y Richi, junto con Andrea, son el espíritu de la película.

– ¿Cómo conseguiste el financiamiento para la película? 

– La primera parte fue autofinanciada y para acabarla conseguimos coproducción con Brasil. 

Pero sin el apoyo de mucha gente y el compromiso de los actores, no hubiese sido posible. 

El dinero no ha hecho esta película, la ha hecho un espíritu fuerte de colaboración –como gran parte del cine boliviano desde sus inicios.

Eso no quiere decir que ese espíritu no tenga un valor que se pueda traducir en valor económico. 

Eso no quiere decir que no haya la necesidad de tener fondos públicos, por ejemplo.

MJF// ANF


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