Cultura y farándula

16 de septiembre de 2021 18:34

"Cuando callan las campanas", la obra llamada a cambiar la literatura beniana

Cuando el escritor logra que empaticemos con sus personajes, creo que puede decir que cumplió con su misión. Eso hace el autor de esta obra con los lectores, nos hace sufrir y amar a sus personajes, y nos hace odiar a sus villanos.

WhatsApp Image 2021-09-16 at 6.47.43 PM Miguel Ángel Añez recibe un reconocimiento de la casa de la cultura del Beni. Foto: Ricardo
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Trinidad, 16 de septiembre (ANF).- La presentación del libro “Cuando callan las campanas”, del escritor beniano Miguel Ángel Añez, y publicada por Plural Editores, se llevó a cabo el pasado viernes en la ciudad de Trinidad, y sin duda alguna, se puede decir que inauguró para esta región una nueva era en la narrativa novelesca.

El relato novelesco de Miguen Ángel está llamado a convertirse en la novela beniana por excelencia. Sin duda alguna estamos, no solamente ante una de las mejores novelas de la literatura beniana, sino ante la novela que será el referente narrativo de nuestra región.

Más allá de las cuestiones del relato, saber qué partes son ficción o qué partes son reales. La novela rompe con la estética narrativa de la mayoría de obras benianas, adquiere una fortaleza narrativa sobria, fluida, además no es pretenciosa en el uso de adjetivos y no abusa de la retórica (se da algunas licencias en este sentido, que en el contexto general de la novela son disculpables).

Añez, oriundo de San Joaquín, escribió un relato histórico-ficcional que cuenta las vicisitudes de la población joaquiniana durante el primer brote de fiebre hemorrágica en la región. Ambientada a finales de los años 50 y principios de los años 60, cuenta una a una historia de personas, personajes y familias que vivieron aquellos tiempos extremadamente difíciles para los benianos.

Durante la presentación del libro, el escritor habló que una de las motivaciones para escribir la obra fue rescatar del olvido la figura de Karina Ojopi, enfermera joaquiniana que combatió la fiebre hemorrágica desde el primer brote, y que se constituyó para la gente de San Joaquín, en la piedra fundamental de la resistencia contra esta epidemia.

Al igual que Karina, varios de los personajes que nombra el libro existieron en carne y hueso, y fueron testigos presenciales del brote de aquella enfermedad, de ahí que la novela se presente como histórica ficcional.

Pero ¿Dónde comienza lo real (histórico) y termina la ficción? ¿Quiénes de todos los personajes nombrados vivieron durante esa época y quienes son productos ficcionales de la imaginación del escritor?

Francamente, llega un momento en que las respuestas a estas preguntas importan poco, es una narración tan bien lograda que es verosímil de principio a fin. El universo que construye a través de varias historias existe por sí mismo, y poco importa que algunos personajes no hubieran sido de carne y hueso, Añez hace que existan, y sean tan reales como yo o ustedes.

Construye héroes, pero se cuida de no hacer apología del heroísmo (un mal parecido por varios narradores), Miguel Ángel logra convertirnos en habitantes de San Joaquín, y nos sumerge en aquello años turbios.

Cuando el escritor logra que empaticemos con sus personajes, creo que puede decir que cumplió con su misión. Eso hace el autor de esta obra con los lectores, nos hace sufrir y amar a sus personajes, y nos hace odiar a sus villanos.

Pero no me malinterpreten, la dicotomía engañosa de héroes y villanos, simplemente no existe en la novela, no de la forma simplona y maniquea. Los héroes no son solo personas, son la colectividad joaquiniana, no es uno u otro (la enfermera, el médico, el cura) no, no son ellos, o para decir mejor, son ellos como parte de otra cosa, algo más grande, más amplio, porque al final, el personaje principal de esta novela es un pueblo.

San Joaquín (el pueblo) es tan persona como cualquiera de los personajes del relato, y de hecho cada hombre o mujer que atraviesan la historia, son células, son una parte de ese gran y único personaje, San Joaquín de aguas dulces.

Y sí, el villano no es una persona, es un partido político (dato simplemente sublime), y no solamente un partido político, sino uno en función de poder, entonces, tal vez, al final, el verdadero enemigo es el poder.

El poder al que no le importa la gente, ni la enfermedad, ni el sufrimiento, el poder que solo existe para reprimir, para perseguir, para atormentar, y las personas que detentan ese poder, son solo acciones de esa vil persona.

La novela, y no puedo mentirles, es gris y bucólica, triste dirían algunos; si, triste hasta la tristeza misma, esa que de vez en cuando en algún pasaje aflora del fondo del corazón del lector, pero ahí está la belleza de esta obra, porque nos muestra que a veces la realidad supera a la ficción, porque los hechos que relatan que podrían parecer ficción, son reales.

Y cuando leemos los excesos del gobierno, las torturas, el abandono al que condena el pueblo, créanlo o no, estamos leyendo acciones que si pasaron realmente. Y cuando relata las muertes que se van dando una a una, por culpa de la fiebre hemorrágica, tengan por seguro que, si sucedieron, casi tal como lo relata el autor.

Esta obra será sin duda alguna, el monumento a la narrativa beniana, tal vez no la mejor escrita, ni la más representativa de la región, pero si, sin duda alguna será la obra clave para entender y soñar con una nueva narrativa beniana, que nos saque de la periferia intelectual del país, en la que habita nuestra literatura, descontando algunas excepciones.

Es esta obra, la novela que todo beniano, de aquí al futuro hasta el final de los tiempos, tiene que leer.

/ANF/




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