Barlamentos Por Winston Estremadoiro
Barlamentos

ESTADO CHUTO RESBALANDO A FORAJIDO

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A veces me acuerdo de mi primo Sócrates, afecto a faltar a la escuela en Riberalta para irse a bañar al río. Un día chapoteaba desnudo como un bufeo; un tío suyo le pilló y sustrajo su ropa. Hasta hoy tengo en la retina al chuto que jalaba remera prestada para cubrir sus partes pudendas y caminaba a casa gimoteando la guasqueada por venir. En tal sentido, “chuto” quiere decir estar semidesnudo, poto al aire. Prueba de que el ingenio popular subyace a la creación lingüística, el vocablo camba “chuto” es acepción de ilegal o sin papeles, referido a los vehículos robados en países vecinos o a la chatarra de primer mundo matuteada al país.

 

 

No faltó el ocurrente que calificó a la Bolivia del régimen de Evo Morales como un “Estado chuto”. Razones no faltan. Quizá el resbale del Estado Plurinacional a un Estado chuto empezó con proclamar “cuando un jurista me dice ‘Evo… eso que estás haciendo es ilegal’, yo le meto por más que sea ilegal. Después le digo a los abogados, si es ilegal, legalicen ustedes, ¿para qué han estudiado?” Las evadas del once veces doctorado hirieron a los leguleyos, de los que dicen que hay que ser claros y sinceros cuando de darles información se trata, porque ellos se encargarán más tarde de confundir las cosas; a un Poder Judicial venido a menos por obsecuente, quizá porque su idea de legal es una que está de acuerdo con el criterio del mandamás de turno; a la democracia regida por la Ley, si el primer mandatario muestra la hilacha de autócrata y la poblada aplaude.          

 

 

Los gobiernos de Bolivia son la misma chola con diferente pollera. En la llamada época neoliberal, se legalizaron 60.000 chutos. En 2005, antes de Evo Morales, se armó bulla con el “perdonazo” de 25.000 más. En 2011, en su gobierno serán más de 100.000 vehículos chutos legalizados de un plumazo, ¡porque la medida beneficia a los pobres!, dijo Evo.

 

 

El común denominador es la falta de plata.  El Estado era insolvente antes de mejorar contratos con las petroleras y el auge del precio de minerales. Hoy los $100 millones de verdes de legalizar chutos vienen bien para malgastar en dispendio populista, porque la deuda interna se ha disparado y el chorro de la ayuda externa es goteo, amén de que el padrino caribeño cobra préstamos nada concesionales. Saltan a la vista los efectos nefastos de importar más gasolina y diesel, de trancar calles y de contaminar urbes en un país de pachamamismo hipócrita.

 

 

Además existen rasgos adicionales: el incremento de cocales y el auge del narcotráfico. Llevan al país a tipificación de forajido por nuestros vecinos y la comunidad internacional. La triangulación entre el tráfico de droga, el robo de vehículos en países vecinos y legalizar lo robado o contrabandeado ha traído airadas reacciones. El Ministerio de Relaciones Exteriores brasileño, clama que “el boliviano Evo Morales acaba de instituir uno de los mayores premios al crimen organizado… legalizar automotores… robados o contrabandeados… traídos… de Brasil o Chile”. Quizá olvidan que financian la “transcocaleira”, carretera que trajo a Lula a complicidad en la destrucción cocalera de una reserva natural de valor continental y al papelón de una guirnalda de hojas de coca.

 

 

A su vez, Chile advierte que la legalización ha disparado robos de carros chilenos intercambiados por droga boliviana. Fue después de la queja de Evo Morales de no ser avisado de la celada que apresó al general de la policía boliviana a cargo de la inteligencia anti-narcóticos: enjuiciado en EEUU por tráfico de cocaína, quizá se ha vuelto adepto al bel canto comprometedor. El incordio alcanzó ribetes cómicos cuando apresaron a uniformados bolivianos en territorio chileno y en vehículos con placas de ese país. Devueltos a Bolivia “por falta de pruebas”, el gobierno reclamó por el maltrato a los posibles matuteros, y llegó al ridículo de condecorarlos por su hazaña.

 

 

En marzo, la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE), ente independiente de las Naciones Unidas que vigila el cumplimiento de convenios en materia de drogas, concluyó que “el mecanismo actual de fiscalización y vigilancia de sustancias sometidas a fiscalización internacional no funciona de forma adecuada”. Lamentan que no haya avances en aplicar recomendaciones de reducir cocales. Los oficialistas concordaron que son más de 30.000 Has de coca; muchos afiliados al gremio presidido por el Presidente de los bolivianos tenían hasta cinco veces más que el fulero cato por afiliado. Negaron los cocaleros que los vivillos son ellos. La reacción del gobierno fue denunciar la Convención de Viena, que no afectaba las 12.000 Has de coca para el acullico boliviano.

 

 

Ahora Bolivia es uno de los países cuestionados por el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI), por no avanzar en medidas contra el lavado de dinero. ¿Cómo actuar contra financiar el terrorismo con plata de la pichicata, si uno de los terroristas hace poco visitó el país como ministro iraní?

 

 

Otra acepción de “chuto” es la infame mezcla de tabaco y pasta base de cocaína, que por adictiva, dañina y barata es una antesala a la cloaca drogadicta. Se presta a un símil con el Estado chuto. Puede ser que el aumento de cocales, el auge del narcotráfico y el robo de carros o su contrabando, más la maltrecha relación internacional, lleven al país a resbalar de chuto a forajido y ser excluido por la comunidad mundial y los entes reguladores de su convivir civilizado.

 

 

            www.winstonestremadoiro.com               winstonest@yahoo.com.mx

 



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