Opinión

2010-08-27 18:56:48

Neocolonialismo en la propuesta de ley de derechos sexuales


Por Miguel Manzanera, SJ (*) A mediados del mes de agosto del presente año, 2010, se ha dado a conocer el Documento de trabajo para la elaboración de estrategias para una “Propuesta de Ley sobre Derechos Sexuales y Derechos Reproductivos” (PL). Comprende 18 artículos, en su mayoría tomados de la frustrada Ley con el mismo nombre que fue vetada en 2004 por el entonces Presidente de la República, Carlos Mesa. La PL pretende ser sancionada legalmente a la brevedad posible. Está siendo divulgada por CIES Salud Sexual y Reproductiva, asociación afiliada a IPPF, una de las mayores transnacionales, con sede en Londres, promotoras del permisivismo sexual y del aborto a nivel mundial. La PL enfatiza la descolonización y la despatriarcalización como la misión del Estado (art. 3), pero, sin embargo, ella misma incurre en el neocolonialismo y el neopatriarcalismo. En ninguna parte de la PL se habla del respeto a las culturas autóctonas bolivianas que poseen grandes valores personales y familiares a favor de un equilibrio ecológico humano que valora la fidelidad en el matrimonio y condena drásticamente los abusos sexuales y específicamente el adulterio. Incluso la PL, con el pretexto de que el Estado es independiente de la religión (art 4, VII), desconoce la cultura mayoritaria de nuestro pueblo con profundas raíces humanistas cristianas, y contraria al permisivismo sexual. La PL se presenta como un intento de descolonizar al país en materia sexual, pero en realidad es un neocolonialismo que pretende implantar corrientes foráneas sexualistas, conocidas como la “ideología de género”. Esta ideología, expuesta en las Conferencias de El Cairo (1994) y de Beijing (1995), procede de EEUU y de la UE, países en los que ha provocado una gran decadencia moral que está llevando a la destrucción de la familia y al invierno demográfico. Se trata pues de un nuevo imperialismo ideológico esta vez sexual. La ideología de género, como es comprobable históricamente, surgió precisamente como un arma para controlar y reducir la población de las minorías étnicas (en EEUU de las personas negras) y en los países del tercer mundo para impedir que puedan crecer y hacer frente a los grupos elitistas en el ámbito mundial. La PL es, pues, un arma más del neoimperialismo, alimentado “generosamente” por fundaciones y organizaciones foráneas y transnacionales que bajo la etiqueta de “ayuda al desarrollo” destruyen los valores profundos existentes en las culturas autóctonas y mayoritarias de los países empobrecidos económicamente, pero con grandes reservas humanas y comunitarias. La ideología del género, fuertemente individualista, materialista y hedonista, ha conseguido introducirse a través de la llamada “cultura globalizada”, fomentando abiertamente la cultura neoliberal del sexo. Esto se ve con claridad en la pornografía y la prostitución que cada vez invaden más los medios de comunicación por los réditos lucrativos que producen. La PL se presenta como una revalorización de la mujer para hacer frente a la actual “patriarcalización”, imperante en nuestro país. Sin embargo, olvida una constatación elemental. Al promover el permisivismo sexual contribuye a un neopatriarcalismo, esta vez más sutil. La psicología diferencial muestra cómo la sexualidad masculina está polarizada hormonalmente, mucho más que la femenina, hacia la genitalidad del otro sexo a quien trata de poseer físicamente. No hace falta más que ver las estadísticas de las violaciones, abusos sexuales y acosos a la que está sometida en la mujer, incluso ya desde niña y por sus propios parientes. Cualquier publicación popular muestra con toda evidencia el bochornoso aumento de los delitos sexuales a pesar de la dureza de las sanciones penales. En países donde se han implantado leyes de derechos sexuales y reproductivos similares a la que se está promoviendo en Bolivia se observa que, bajo el señuelo de otorgar más libertades sexuales, se alienta la promiscuidad, alimentada con la distribución masiva de anticonceptivos, que termina siendo un instrumento de opresión del varón contra la mujer. En España, a pesar de las leyes exageradamente “feministas”, tanto civiles como penales, sigue existiendo una fuerte violencia de género, que se muestra puntualmente en los asesinatos de mujeres y en el aumento creciente de abortos, que se ensaña particularmente con las niñas por nacer y en las mismas madres abortistas que sufrirán en su conciencia toda su vida el filicidio que cometieron. También se observa en Bolivia que muchas mujeres, incluso adolescentes, impulsadas por la pobreza, se están ofreciendo cada vez más como prostitutas. Incluso periódicos “respetables” publican páginas de anuncios ofreciendo los servicios sexuales de mujeres al precio de 50 Bs. La PL desconoce totalmente esa realidad. Sólo le interesa impulsar el neocolonialismo del permisivismo sexual neoliberal. Se impone, pues, el rechazo de esta PL. Bolivia no debe permitir que se aprueben leyes copiadas de otros países, cuyos resultados son tremendamente destructivos de los valores fundamentales de la persona, de la familia y de la misma sociedad. De manera rotunda se debe rechazar la imposición de la “ideología de género” que se pretende dar a la niñez y juventud a través de leyes educativas (art. 18). Si se quiere promover el respeto a las culturas autóctonas y mayoritarias hay que partir de la realidad consultando a la población en general y muy especialmente en el ámbito educativo a los padres de familia, responsables de la educación sus hijos. ///. (*) El autor es académico y teólogo