Por Manfredo Kempff Suarez

No hay que romper la cuerda…

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Todos conocemos aquel dicho popular que dice que no se debe estirar la cuerda hasta romperla. Eso quiere decir que todo tiene su medida, todo su límite, que si no se respeta la regla se produce el conflicto. Hace mucho tiempo – desde sus inicios – que el MAS ha estado jalando de la cuerda imprudentemente, de manera abusiva, aprovechando de una mayoría electoral y parlamentaria que hoy no refleja la realidad que vive el país.
Pero, bien o mal, el MAS retiene una amplia mayoría en la Asamblea Plurinacional que supera los dos tercios y, por lo tanto, maneja la llave maestra para aprobar las leyes que estime pertinentes. Lo malo de todo esto es que con su mayoría ha relegado a la oposición al silencio o para ser más precisos hace oídos sordos a un griterío impotente. La oposición parlamentaria está arrinconada y hasta fraccionada al sentirse inválida.
Eso no es culpa del MAS, dirán los oficialistas. Se impone la mayoría y punto. El rodillo aplasta al contrincante como lo aplastó siempre. Pero si se revisa el proceso democrático vigente desde 1982, veremos que jamás dejaron de existir acuerdos parlamentarios para los asuntos centrales, como ser una ley de necesidad de reforma de la Constitución,  donde participaron con su aporte moros y cristianos. Y así con otras normas importantes para el país en que fue necesaria una concertación, como en la selección de tribunos.
Ahora no existe eso, ni dentro ni fuera de la Asamblea. Se aplican los dos tercios y tema concluido. O se “socializa” un decreto con los movimientos sociales afines y no hay necesidad de consultar a nadie más. El problema es que eso resulta ser un concepto de democracia totalitaria, si cabe el término. Queda a la vista que el MAS no es un movimiento democrático y que tiene tentaciones fácticas diariamente, que desvirtúa la noción de institucionalidad.

Sabemos que tiene en sus manos la Asamblea, pero, además, tiene el Órgano Judicial, que lo pretende “blanquear” mediante unas elecciones que ya han causado preocupación hasta en el Alto Comisionado de las NNUU para los Derechos Humanos en Bolivia y en el propio Defensor del Pueblo a quien no se le puede imputar que sea miembro de la oposición. Eso de que se quiera elegir a las principales magistraturas judiciales de listas aprobadas en la Asamblea no es otra cosa que obligar a votar a la ciudadanía por los candidatos que designe el MAS. Para eso es mejor no votar.

Algo similar ha ocurrido con la Ley del Régimen Electoral, mediante la cual el oficialismo quiere engullirse también el Órgano Electoral, o como se llame, mediante maniobras descalificadoras que esconden tras de una gruesa cortina los nombres de los candidatos a ocupar esa institución, además de sus antecedentes y conocimientos. Es decir que el pueblo es un testigo ciego y nada más. En esas circunstancias, ¿para qué tanta farsa? ¿No sería mejor – como ha dicho un editorial de este periódico – que S.E. designe a dedo a jueces, magistrados y miembros del Órgano Electoral? ¿No se ahorrarían recursos para destinarlos a mejores fines?

El Gobierno tiene amedrentada a la gente, persiguiendo a quienes le incomoda, armando fantasiosas conspiraciones, oscuros propósitos separatistas, encarcelando y provocando exilios. Ha tumbado a los gobernadores de Pando y Tarija y ahora está enloquecido detrás de Ernesto Suárez, gobernador del Beni. Después intentará con el gobernador cruceño.  Empresarios como Samuel Doria Medina tienen que acudir a tribunales porque el Gobierno le endosa declaraciones desestabilizadoras. Al no poder dañarlo por esa vía inconsistente, revierte su industria cementera al Estado, procede a una anotación preventiva de sus bienes, y lo arraiga. Ese abuso de poder, es, por decir lo menos, infame. Y desde otro punto de vista sucede algo similar con el empresario Humberto Roca, que se ve obligado a pedir asilo en España. Este es un gobierno vengativo.

Los ejemplos sobre la prepotencia del poder y los abusos cometidos son innumerables. Cuando se reclama por tanta arbitrariedad la respuesta es una sola: somos mayoría. ¿Así que por ser mayoría el resto no cuenta? ¿Así entiende la democracia S.E.? ¿El MAS será mayoría ahora, en este momento? Sabemos que no. Pero el totalitarismo continúa con  paso firme. Prosigue la presión contra los adversarios hasta llevarlos al límite. Se anuncian nuevos juicios. Se anuncian nuevas leyes utilizando el rodillo y la fortaleza de movimientos sociales fantasmas.

Si el Gobierno acorrala a la oposición, va a romper la cuerda. Va a terminar con el sistema de derecho. Cuando al adversario no se le da ninguna posibilidad de manifestarse, cuando se lo deja sin chance alguna, se lo empuja a la protesta callejera primero, y de ahí a la rebelión. Y en Bolivia el pueblo es rebelde. Eso lo sabe muy bien el MAS. Si el Gobierno quiere imponerse por la fuerza bruta, está buscando que también pretendan echarlo por la fuerza. De un año a esta parte el equilibrio del poder ha cambiado. Es bueno que S.E. se convenza de eso. Que también se convenza el Vicepresidente. Así ambos se van a evitar lamentos posteriores. Y se lo evitarán a Bolivia también. 



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