Por Manfredo Kempff Suarez

“¿QUIÉN SE ENFRENTARÁ AL POPULISMO?”

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Con este título escribí una nota en La Razón el martes 31 de agosto del 2004, es decir hace más de siete años. Me he vuelto a encontrar con ella y no he resistido a jugar de brujo, es decir a dármelas de augur, de antipático agorero. No me resisto a reproducir esta nota, porque, pese a todo mi pesimismo, me quedé corto. Ha sido tan desgraciado lo que nos sucedió desde enero del 2006, que es bueno que se sepa que no todos éramos unos imbéciles burlados por los populistas del peor pelaje y que advertimos el puñal que escondía bajo el poncho el MAS, y también los otros, los peores: los filomasistas solapados. Así veíamos venir el “cambio” el 2004:

“El político que se desmarque de la riada populista que se ha impuesto en el país y que se enfrente a todo el absurdo que se está produciendo, será el que, al salirse del rebaño, quedará como una ´rara avis´, pero que contabilizará votos y apoyos en su favor, porque existen muchísimos ciudadanos cansados de esta demagogia mortal. Resulta que ahora, todos los políticos están en una competencia para ver quién es más populista; quién entiende mejor el talento del pueblo; quién, por tanto, tiene la inteligencia de interpretar sus anhelos; quién es el más decidido partidario del referéndum y de la Constituyente; quién está, cien por ciento, con la estatización de los hidrocarburos y por arruinar cualquier negocio del gas. ¡Y quién odia más a Chile! Ha aparecido – después de octubre – un amor loco e interesado por los pueblos ´originarios´ y un coqueteo con los sindicatos que reivindican para sí la ´agenda de octubre´, que ya va más allá de lo tolerable.

“El primer populista es, curiosamente, el presidente Carlos Mesa, con mucha ventaja. Ingenuamente, los que quieren disputarle su popularidad – que ya está en bajada, además – pretenden ir más lejos que él y adular a las masas, envaneciéndolas, hasta hacerles creer que las quieren de verdad, lo que los ´originarios´, desconfiados, dudan. Pero en ese afán cínico están todos. ¿No es hora de que aparezca algún político y diga, como Anderssen, que el Presidente está desnudo? ¿No es urgente que algún político diga, sin miedo, que el país se está hundiendo irremediablemente? ¿Alguien que señale que a este paso vamos camino a la desintegración y el caos? ¿Y que hasta el referéndum ha sido sólo un éxito en sus formas? ¿Una ´victoria´ de todos sin resultados palpables? ¿Que la Asamblea Constituyente va a barrer con lo que queda de Bolivia? ¿Que las grandes políticas de Estado no se pueden delegar, por miedo, al criterio de un pueblo que no sabe de lo que se está tratando? ¿Qué hay que sentar autoridad de una vez?

“Estamos llegando al absurdo por pura cobardía. El domingo en la noche, en la tele, ataviado de inca, don Germán Choquehuanca decía sentenciosamente que las tierras y el petróleo eran de los ´originarios´. Quiere decir que todo lo que está sobre la tierra, también. Todo para regocijo de los políticos lambiscones que han de haber quedado boquiabiertos con la genialidad de Choquehuanca, que afirmaba que se debería crear un nuevo Estado: el Tahuantinsuyu Cibernético.”

Esto, pacientes lectores, escribíamos en agosto del 2004, es decir, un año y medio antes del acceso de Evo Morales al poder. Sólo para los torpes y para los acomodaticios, el MAS podía ser una solución a los males del país. Ahora la legión de arrepentidos que creyeron y alentaron a los genios cósmicos es enorme y seguirá creciendo. Pero el poder que se le ha dado a S.E. y el que ha tomado por su propia osadía es tan inmenso que ha provocado males irreversibles a la nación. Bolivia ya es un cuerpo en estado terminal. Sobrevive de transfusiones. Y ya sabemos que las transfusiones no son sanguíneas precisamente.

Hace más de siete años, ni con una bola de cristal podíamos adivinar que las cosas serían peor de lo que racionalmente era posible prever. Ya anunciábamos mil desgracias, pero no al extremo de llegar a ser un Estado interdicto por narcotráfico, hasta la vergüenza de que se esté conformando un cordón sanitario entre nuestros vecinos para evitar el contagio de la peste boliviana. Tampoco íbamos a imaginar un fraude como la nacionalización de los hidrocarburos y, además, la pérdida del negocio del siglo XXI, el gas, cuando nos pavoneábamos como potencia energética continental. Ni que de paso nos quedaríamos escasos de energía y se racionalizara la luz. Ni íbamos a pensar que lo de Mutún resultaría inviable y lo del litio un proyecto cojitranco como tantos otros. Ni que estuviéramos importando alimentos y restringiendo su producción al mismo tiempo. Y ni qué decir que en temas de derechos humanos las cárceles estarían abarrotadas de opositores políticos, de presos sin sentencia, y que volvieran los tiempos del exilio.

El golpe a la República ha sido artero por donde se lo mire. Pero la República sobrevivirá y los republicanos deberemos formar un frente de acero, olvidando rivalidades y agravios, para echar a los actuales inquilinos del Palacio.



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