Opinión

2011-10-28 00:00:00

MEANDO FUERA DEL TIESTO


Una reunión con mis camaradas de la Promoción Reconquista del Colegio Militar de Ejército me lo recordó. Algunos estuvieron en el frente, si tal existe en la guerra de guerrillas, de la aventura del Che en Bolivia; otros en la retaguardia del teatro suroriental de operaciones. Cadete pensionista que fui, me salvé de ser un bisoño subteniente de varios acribillados en emboscadas del grupo guerrillero.

Estábamos airados con una señora chilena cuyo padre había muerto en la guerrilla de Teoponte, no sé si ajusticiado por el ejército, por inanición o ejecutado por sus propios compañeros, quizá por zamparse una lata de sardinas. ¿Llegó a Bolivia a cobrar agravios por su progenitor guerrillero? No. ¿Buscaba sus restos? No. ¿Encontró el momento oportuno para quejarse sobre cómo le habían tratado en anteriores periplos? No.

La dama vino al país para enjuiciar por dizque “crímenes de lesa humanidad” al general Gary Prado Salmón y otros en la campaña de Ñancahuazú.

Aunque no le he vuelto a ver, conocí al ahora General de la República Gary Prado Salmón en el Colegio Militar. Él era teniente; yo, mostrenco. Ya entonces mostraba la hilacha de ser un militar letrado. Su producción literaria ha planteado una fuerza armada profesional al servicio de la democracia y alejada del poder político. Lejos de su mal uso como fuerza represiva y luego enjuiciada por usar sus fierros en cumplimiento de órdenes superiores.

Eran vísperas de dos sopapos al ego del primer presidente indígena de Bolivia. Uno vino con las elecciones judiciales. Pese a titulares de la prensa cooptada y escritos de periodistas serviles, el triunfo de los votos nulos y blancos fue nomás un referendo nacional que enrojeció la mejilla, y ojala le hubiera bajado la soberbia, al que predecía ganar por más de 70% de los votos.

Otro fue forzar, al menos de dientes para fuera, de que diera marcha atrás el arengador de que la carretera atravesando el Tipnis se haría “sí o sí”. Se debió a miles de doloridos pies en raídas abarcas caminado por centenares de kilómetros. A la simpatía de la gente enervada por imágenes de palos y puñetes a seres humanos maneados como terneros con mordazas adhesivas, por policías luego dejados a su suerte por cobardes “yo no fui” de quienes ordenaron la represión. A la cálida bienvenida paceña a los marchistas del Tipnis, que hiciera humedecer los ojos de más de uno y sentir orgullo de ser boliviano.

Creo que los eventos citados hicieron “chuzo” un fuego de artificio distractivo más, de los muchos con que este gobierno ha sacado los tizones del fuego del descontento popular. Porque lo primero que viene a la cabeza es ¿quién financia el viaje de una señora doliente de Teoponte, a plantear juicios por Ñancahuazú, unos buenos mil Km a vuelo de pájaro el uno del otro? ¿Serán los cubanos, descontentos todavía después de ganar en mesa hoy, lo perdido en cancha en 1967?

Quizá la buena señora es monigote de alguno que no se da cuenta de que al ajusticiar al Che le hicieron ícono de filmes, posters y remeras, presente su efigie en palacios y ministerios. ¿No fue su muerte un destino más digno que tenerle, cuarenta y cinco años después, ochentón y asmático en cárcel boliviana, tal vez escribiendo manuales guerrilleros que él mismo soslayó en el país?

Esto último se desprende de leer “Dogmas y herejías de la guerrilla del Che”, cuyo autor, Humberto Vázquez Viaña, no es ningún historiador de biblioteca. Era el encargado del apoyo urbano a la guerrilla. Su hermano Jorge, el “Loro”, fue uno de los abandonados en la seguidilla de incumplimientos del Che a su manual de guerrilla efectiva. La desmitificación del Che pasa, pues, por desnudar chambonadas suyas, como desarticular la red de apoyo a la guerrilla y ser culpable de separar sus columnas insurrectas.

Así como Vázquez Viaña dilucida dogmas sobre la conducción de la guerrilla por el mítico Che, es necesario aclarar que no fue el Batallón Ranger, adiestrado por los estadounidenses, el que llevara el peso de la campaña de Ñancahuazú. Esta unidad, comandada por el entonces capitán Gary Prado, solo intervino en el combate de la Quebrada del Churo, apenas una réplica sísmica del combate de La Higuera, donde una sección comandada por mi camarada Eduardo Galindo, desmoronó a la guerrilla. Pero en el anterior fue herido y tomado prisionero el condottieri del siglo 20. No fue el último combate. El mismo día en que se remataba al herido Che, cuenta mi amigo Lalo Galindo que en la Quebrada del Potrero, el remanente guerrillero abatía al cabo Calani. Herido, era asistido por un sanitario que vestía los distintivos de la Cruz Roja, que igual fue acribillado por los insurrectos. ¿Alguien se acuerda de su nombre? Se llamaba Franz Muriel. La guerra no es juego de señoritas.

La payasada de la dama chilena con pretensión de cazadora de brujas era lo que faltaba en estas fuerzas armadas bolivianas de abundante heroísmo y escasas victorias, hoy cooptadas al poder político a punta de talegazos y degollinas de promociones hasta encontrar aguas estancadas. Me recordó a la mesa de noche antigua. Su parte inferior alojaba la ubicua bacinica, en tiempos que no habían cañerías de agua potable ni desagües sanitarios. La cuestión era que la micción no salpicase afuera, de donde viene la frase “mear fuera del tiesto” para significar algo que la señora chilena está haciendo: urdir pleitos canallescos fuera de lugar, tal vez por motivos políticos.     

 www.winstonestremadoiro.com   winstonest@yahoo.com.mx