Opinión

14 de diciembre de 2018 11:15

Zombis versus impostores


Me intrigó un reportaje de la verborragia del vicepresidente Álvaro García Linera en Buenos Aires, en un primer “Foro de Pensamiento Crítico”, refugio actual de los otrora soberbios apóstoles del socialismo del siglo XXI. Pero el pueblo huele que es el tufillo de la corrupción el que después de sus gestiones tuerce las narices. Cuando se aplazaron donde mal gobernaron, es cínico su perorar de un “neoliberalismo zombi” que intenta “sobrevivir en la región repitiendo viejas recetas que fracasaron hace 20 años y dejaron a varios países con desastres económicos y sociales”.
  
¿Será bueno saber tanta historia y atender eventos políticos actuales? A mí me confunden. Por ejemplo, es el padrino del Foro de Sao Paulo quien hoy mira el cielo a cuadritos, convicto que está en chirona por recibir apartamentitos de regalo por contratos amañados (queda una cosilla pendiente por ahí, creo que alguna villa renovada, pero la justicia brasileña tarda pero llega). ¿Será una pesadilla de estómago lleno eso de miles de migrantes de un país rico en petróleo, que hoy venden arepas en las esquinas? A río revuelto, ganancia de pescadores, deben decir los chinos, o los rusos.
  
Por eso me interesó citar algunos casos específicos en la Bolivia del “proceso de cambio” (relevo de pícaros, digo yo), de una lista que hace la politóloga uruguaya Viviana Padelin. Postula que su objetivo es destruir la democracia e imponer un régimen neocomunista en América Latina. Fue consigna de los planes del Foro de Sao Paulo.

¿Puede alguna nariz de Pinocho negar que en los últimos doce años el país chapotee en el populismo, ese Gobierno desde las plazas del que alertaba hace años en una columna? Más aun,  presidido por un gobernante megalómano y, para colmo de males, prorroguista y anticonstitucional.   

El asistencialismo demagógico en aumento de asignaciones familiares, planes de emergencia distraídos, bonos y subsidios; ¿presentaran cifras de empleados públicos antes y después de 2006? (por cada pega, estiman 4 votos del grupo familiar); el aumento de salarios, las jubilaciones sin aportes previos y hasta el doble aguinaldo, ¿serán siembra de votos para las elecciones de 2019?  
  
El manejo de los medios de comunicación tiene dos aspectos. Los títeres oficiales de propaganda, complementados por periodistas, artistas e “influencers” adulones; los contratos de publicidad, veta sustancial de ingresos para televisoras, radioemisoras y periódicos, se otorgan según su afinidad al régimen. Es casi obligatoria la autocensura, sea de los medios o de sus clarines.

La obsecuencia de militares en Bolivia adquiere ribetes alarmantes en retratos del Che en el centro de poder político: ¿presidiría la cueca bailada por uniformados de gala con politiqueros en el llamado Palacio de Evo? Sería la cereza de una Campaña de Ñancahuazú rendida en mesa luego de ganarla en cancha. Hay “republiquetas” en Bolivia donde mandan cocaleros o contrabandistas. Lo prueba un reciente reporte sobre regiones patrias donde no impera la ley, o los policías se ocultan al campear abusos y crímenes del populacho. ¿Seguridad ciudadana, feminicidios y violaciones? ¡Bah!
  
La lucha contra la corrupción tiene guante blanco para oficialistas, chicote para opositores. Los peces gordos son intocables y caen los peces menudos para engrupir a la gente. Para qué hablar de discriminación y derechos humanos, de indianismo solo válido para aimaras y mestizos afines. De la denostación selectiva de gobiernos democráticos satanizados y dictaduras militares “olvidadas”. Ni hablar de la devaluación de la moneda, que será pronto, sino de los símbolos patrios. ¿Qué hace la tal whipala al lado de la tricolor? Los soldaditos no gritan “subordinación y constancia”, sino el castrista “patria o muerte, venceremos”; menos mal que los cruceños resisten botar a la basura su ancestro hispano, ¿los serán ahora marcianos?   
  
Da para llorar continuar con el listado de casos específicos bolivianos, que la Padelin toca en forma genérica: Aumento exponencial de la delincuencia común, herramienta esencial para implantar el nuevo comunismo. Convertir en sus “cunumis” a jueces y fiscales de la justicia en Bolivia. Deificar la coca, sin precisar si es del Chapare (que va al narcotráfico). Denostar a la Iglesia Católica, cuidando no alborotar al papa Francisco. Ocupación de predios privados y parques nacionales. Etcétera.

En términos de pueblo y patria, la dicotomía “izquierda” versus “derecha” no tiene sentido. En la pugna política de Bolivia, más apropiado sería hablar de mal gobierno versus buen gobierno; de gobernantes corruptos y mandamases progresistas. De los primeros es el régimen del “enmascarado de plata” indígena, salvador de la patria que rifó la plata de años de auge de materias primas y “Tonto”, su ayudante, que es un blancoide sabihondo e impostor que sabe leer el libreto y “sopla” las réplicas.

Winston Estremadoiro

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