Opinión

14 de mayo de 2021 10:12

Ventear desaliento

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Hoy, 12 de mayo 2021, mi nietito cumple 10 años. Todo estaba programado, salvo quizá algún regalo por ahí que falta envolver, para el almuerzo familiar que ya es costumbre en casa, con los únicos invitados de siempre: mis consuegros. Empezaron las noticias trágicas, que se han vuelto el Padre Nuestro de cada día en estos tiempos de muertes súbitas, alterando lo planeado. Esta vez no fue otro cierre del vertedero de K’ara K’ara porque el Gobierno no legaliza sus lotes, que vienen con yapa de pega para los pepenadores, como llaman en México a los que escarban la basura; en el futuro serán la vanguardia del reciclaje.

Otra vez se acabaron las vacunas en las ciudades del eje frontal del país, en plena nueva ola de resurgimiento de la pandemia de Covid-19. Solo el 2 por ciento de los bolivianos está vacunado. Debe haber sido multitudinaria la aglomeración de gentes ávidas de pegas, que comentan es la razón para que el nuevo mandamás no haya hecho nada en los seis meses pasados desde que asumió la primera magistratura. Asignar cargos a “lunq’us” es asunto de Estado más importante, que relega a segundo plano al Coronavirus en ofensiva mortal.

En Estados Unidos, la actual y valiente apostasía de un baluarte conservador, revela que las arengas del narcisista sobre un mentiroso fraude electoral que favoreciera al actual Presidente han calado en grupos políticos afines al defenestrado. La intrépida Liz Cheney que sobrepuso una conciencia tranquila que le permitirá dormir en las noches, puede ser el origen de una mitosis de los republicanos en una banda empeñada en perpetuar mentiras, apoyada por extremistas racistas del Ku Klux Klan y los apoyadores de revólver al cinto. Un poquito más, con los socialistas de Sanders, y Estados Unidos tendrá cuatro partidos. Sin embargo, la mentada “inmunidad de rebaño” no se lograra con un tercio de su población vacunada. Tampoco con la mayoría del planeta sin vacunar, a menos que prohíban a sus connacionales viajar a lugares con lepra, malaria, y sabe Dios que otros males, además del Covid-19.

En Europa, hay varias opciones en el asadero. Resalta el desánimo de los jóvenes, a los que se les va la vida entre cuarentenas y aperturas, y desean retomar rutinas de cerveza y comida en la calle: total, ni entran en los grupos de edad para los que recomiendan vacunas, que de todos modos ni hay suficientes. Se relajan medidas que prohibían asistencia a estadios y conciertos, y poco a poco se abrirán constreñimientos para tomar sol en playas marítimas. Los países despiertan al contrasentido de vacunas insuficientes, cuestionando políticas de favorecer firmas privadas capitalistas que no dan abasto, e inyecciones de Rusia, China y Cuba vetadas por la geopolítica.

Si bien la situación en India ya es catastrófica, en la América Latina la pandemia empeora y es cuestión de tiempo que merezca la pena que se tiene, dientes para afuera, por los muertos en la India. La mencionada apertura a la vacunación de menores de 12 a 15 años asegura mayor demanda a las empresas farmacéuticas de los países ricos, y que se aleje la provisión de insumos y vacunas a los desposeídos del resto del mundo. ¡Qué mono lateralidad, multilateralidad y otras “tucuimas”!; el mundo ha cambiado por el Coronavirus, es cierto, pero el sentido tal vez tenga que ver con que hay nuevos mandamases: Europa, China, Rusia y la luna menguante de Estados Unidos. 

El gigante y el enano, el gran Estados Unidos y la paupérrima Bolivia, se revuelcan en dos tipos de ignorancia. El uno, presa recurrente de fanáticos que algún predicador de carpa, víbora y palabra fácil, lleva a sus feligreses a un frenesí de palmas y “alabarés”. Finalmente desembocó en un demagogo de peinado de salón de belleza mal perdedor e instigador de insurrecciones inéditas, que ambiciona un triunfal olvidando sus impuestos defraudados y delitos de abuso de poder.

En nuestro país, la prioridad fijada por sus montoneras ignorantes es lavar la cara del autócrata para que el público ensalce sus fechorías sexuales y contratos corruptos “a dedazo”, y volver a elegirle. En ambos países, diferencias más, diferencias menos, prevalece el común denominador de la ignorancia que soslaya delitos de mal gobierno. Por lo menos no se verá al proverbial gringo de bermudas, camisa chillona y cámara fotográfica.

Pareciera que ante la frustración de la pandemia y el trasfondo de emergencia desatendida de las urgencias medioambientales, el mundo se debate en crisis tras crisis, violencia tras violencia. Entra en erupción el volcán de Israel y Palestina, descansa la lava ardiente en Siria y Kurdistán; sigue la matanza en Myanmar y se viene el desparrame en países vecinos de India; Turquía se apodera de mares petrolíferos griegos, y se desatiende la dictadura en Bielorrusia porque preocupa el incendio en Georgia; ni bien amainaron los desórdenes en Chile, que se prendió la mecha en Colombia. ¿Quién viene después? 

Winston Estremadoiro

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