Opinión

8 de agosto de 2019 18:30

Todos somos mestizos


Johannes Wilbert, recordado profesor de Antropología en la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), llamaba “paleocaucasoide” a esos humanos que migraron a Suramérica hace 50.000 años, distinguiéndolos de los “Neocaucasoide” de migraciones posteriores. Nada de “indioides” o “originarioides”. Más aun, recientes estudios en Australia revelan que “los antepasados de los humanos modernos se mezclaron genéticamente con al menos otros cinco grupos humanos arcaicos a su salida de África”. Cruzaron con neandertales, denisovanos y otros que ni siquiera tienen nombre. 

Son casos de mestizaje demostrados mediante estudio de genes de genomas humanos. Hacen risibles a las teorías de razas puras y despectivos calificativos de “half caste”, amén de otras falaces ideaciones “trumpistas” y “evistas” contemporáneas. Lo de “originarios” es otra patuleca construcción del “Gobierno de Cambio” de Evo Morales y sus secuaces que hay que desmantelar. “No soy de aquí, ni soy de allá”, cantaba Facundo Cabral, e inspiró ponderar adonde lleva el divisionismo de Evo Morales, que convirtió la patria en un entrevero de 36 “nacionalidades” con su Estado Plurinacional de Bolivia. Como decía el antropólogo cochabambino Mario Montaño Aragón, “todo lo cultural andino boliviano es copia, nada es propio, ni wiphala, polleras y sombreros…, reto a cualquiera (que) me diga lo contrario”. 

Quizá saltará algún impostor, que de falso matemático se convirtió a sociólogo del blablá, que argüirá orígenes de seres de otro planeta. No hay pena. A ninguno de los candidatos en las elecciones se les ha ocurrido rebatir estas y otras ocurrencias mentirosas. Tampoco el historiador “inca” Garcilaso de la Vega menciona alguna de las creaciones fantasiosas de Evo Morales, como la española bandera de los Tercios de Flandes, conocida ahora como la wiphala. O la trilogía de los “Ama” de algún virrey hispano; se aplaza el régimen en lo de “suas” (ladrones) y en lo de “llulla” (mentiroso), aunque obtendrían nota sobresaliente en uno adicional: “ama llunq’u” (no seas adulón). Otra de las curiosas invenciones de este régimen sería la “brillante” idea “originaria” de  hacer recorrer al revés las manillas de los relojes. 

Es asombroso lo que demagogos pueden embutir a un pueblo ignorante. Rehusó estar en el año 5000 y pico. Boliviano que soy, nací en la que fuera Capital del Territorio de Colonias, cuyos valientes riberalteños liberaron la barraca Bahía, hoy Cobija, del invasor brasileño. Niego también la grosera añadidura de “amazónico” al año nuevo aimara inventado por este régimen. 

Sostengo que la retórica “originaria” de Evo Morales es racista, pero al revés. Si otrora los prejuicios raciales eran a costa de los indios, ahora son los “originarios” quienes ventilan su venganza resentida a costa de los “blancos”. Pero tanto lo “originario” como lo “blancoide” son categorías racistas, mentirosas y divisionistas en este país de mestizos, como el resto de los “latinos”. Tal vez se alimentan del miedo a perder sus empleos a los inmigrantes “latinos” que tienen los gringos “blancos”. Miedo a perder prebendas y pegas que sienten los “originarios” adeptos al llunquerío de populistas como Evo Morales. Una “prueba ácida” de que lo “originario” está sesgado a favor de los politicastros de turno fue la inicial incitación al odio. Otra es que disfracen la primacía aimara sobre las otras 36 “nacionalidades”, demostrada por los abusos a indígenas de las “tierras bajas” en Chaparina.       

Mirando noticias de las matanzas en Texas y Ohio, pregunto por qué la divisiva retórica de Evo Morales y compañía no tiene un efecto similar en Bolivia. A fin de cuentas el Trump incitador de odio a los “latinos”, es otro demagogo, aunque derechista, como Evo es uno de izquierda e incitaba el odio a los “blancoides”. La incitación divisionista de Evo ha sido a costa de tragedias y maldades en el seno de los débiles: las mujeres, los niños, los viejos y los indígenas de “tierras bajas”. 

Conjeturo que en “este pueblo inocente y hermoso”, merece mejor suerte. A menos que en las próximas elecciones se pruebe lo contrario eligiendo a prorroguistas. Mientras tanto, “¡viva mi patria Bolivia!, una gran nación”. Mentira, nuestro país no será una “gran” nación mientras siga a la zaga de casi todas las repúblicas latinoamericanas, dividida como está en 36 “nacionalidades” para disfrazar la primacía de una de ellas, la aimara, sobre las amazónicas, moxeñas, chaqueñas, chiquitanas, araonas, etc. ¿Acaso los bolivianos no somos mestizos con astillas mayores o menores de ancestros de pollera o tipoy en alguna parte de nuestras genealogías? ¿O será necesaria prueba de ADN para demostrarlo, como la actriz mexicana que tuvo que sacarla para obtener roles fílmicos?     

¿Será que en las espaldas bolivianas se pueden sembrar nabos?

Winston Estremadoiro

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