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Opinión

11 de febrero de 2022 10:39

Síntomas de la variante ‘Omicrom’


Ya no está entre nosotros Sigmund Freud para investigar la variante psicológica y onírica que desdice el dicho “el que no tiene, no teme”. Eso pensé al enterarme del ‘pobrecillo’ que “se siente perseguido y espiado”, toda vez que será extraditado uno que tal vez confundió luchar con socapar el narcotráfico. Bueno, algún curioso debe ser “paparazzi’ rijoso en pos de foto de una teñida montada en dizque brioso corcel con cargo a otro contrato chino; el acosado mirará detrás del hombro por si alguien lo ‘colea’.

No se preocupen: mañana marearán la perdiz con alguna nota, con fotografías y todo, de una millonaria inversión ‘cultural’ millonaria donde el diablo perdió el poncho, junto a la botellita con agua salada, regalo de Chile por agua de vertientes del Silala, de risibles negociaciones del mar para Bolivia.

En este cambalache de mundo en el que pataleamos, tal vez los grandes están apareados con los enanos en lo que a miserias se refiere. Tomen, por ejemplo, a Estados Unidos. El mal perdedor de las anteriores elecciones tuvo a la tormentosa ‘Stormy’ Daniels, pagada dama de la noche que por lo menos recibía dólares en vez de contratos millonarios. Menos mal que como Dalila no cortó el jopo a Sansón, lo que evitaría al feroz adalid de asaltos a la cuna de su democracia. ¿Y la eslovena?, bueno, “*callara *nomás”, que quizá también tiene su historia.

No es alusión a menguados impulsos sexuales citar aquello de que “lo que sube, baja”, pensar en la Gran Bretaña de reina de los mares y potencia colonialista de otras épocas. Ha involucionado a noticia de tabloides, como llaman allí a nuestros ‘diarios de a peso’. Quizá por mirar series inglesas en la tele, observo la transición de reyes obesos de comida y sexo, al auge de ‘gais’ fáciles de chantajear como espías soviéticos, y ‘escandaletes’ como el sucesor de Isabel II, un “*colorau*” adepto a los tampones de su amante, quizá porque no daba la talla para la hermosa Princesa de Gales. Será el próximo Rey, cuando su longeva madre le ceda la corona.

Ahora tenemos encierros para los ciudadanos obedientes, mientras los abusivos fiestean en el famoso Downing Street N° 10. Si de cetros se trata, los victoriosos “brits” han cedido el suyo a los derrotados teutones con el Brexit, porque la laboriosa Alemania es la potencia dominante aunque necesite el gas natural ruso. Los franceses solo llevan la cola del nuevo monarca europeo; los italianos y españoles, bueno, que sigan cantando ‘canzones’ y jocheando toros sangrados y malheridos.

Así como en nuestros pagos es obsoleto cuento del tío enfatizar la educación y la salud pública, se han relegado prioridades sobre la pandemia del Covid-19 y los efectos planetarios del cambio climático.

El primero desnudó el egoísmo de países ricos y la resignación de los pobretones, en una emergencia mundial que requería un enfoque sanitario de ‘o todos o ninguno’. En las naciones que podían vacunarse, un tercio rehusaba el pinchazo; se les plegaron la mitad de los muertos de hambre, so pretexto de plegarse a grupos del movimiento anti-vacunas que se está convirtiendo en político.

En Bolivia se ha vacunado porcentaje mayor, creo, que los tres cuartos de africanos pinchados. En Europa abrirán bares y discotecas. Para qué, digo yo, si en la ‘llajta’ tendremos comparsas de bioseguridad con barbijos y guardapolvos plásticos para protegerse de globos de agua en las tetas.

El segundo es una complaciente actitud de esperar que el deshielo de glaciares y polos planetarios inunde a Nueva York, Venecia y Miami. Lo que es a mí, ¡que La Moneda se meta el extenso litoral chileno donde mejor le plazca, que al cabo ya nos robaron la vecindad del mundo que son los mares! ¿En los arrecifes y playas escasean las especies marinas por redes descartadas de pescadores, envases plásticos de refrescos botados por turistas, y derrames de petróleo que pintan de negro a las gaviotas? ¡Qué importa si tenemos oficinas sin científicos ni cohetes y satélites espaciales, pero con ruidosas camaretas brasileñas y chinas para los ‘presteríos’!

La verdad sea dicha que la falta de vacunas, la contaminación mundial y el cambio climático, han puesto sobre el tapete la real controversia de fondo: ¿qué es la felicidad? Los jóvenes de Estocolmo prefieren bares y discotecas calientitos, mientras las comparsas cruceñas optan por ninfas ligeramente ataviadas. Por mi parte, todavía me duele el intercambio de mi globo de agua lanzado con curva para que llegase al blanco, y la respuesta de otro que parecía inflado con hielo, que me moreteó el pecho. Fue mi última “mojazón” de carnaval, hace mucho tiempo. Entonces no usábamos barbijo.

Winston Estremadoiro