Opinión

30 de abril de 2021 15:13

Símiles entre dos demagogos

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Eran tiempos del “tirano Rosas” y en la provincia dominante de un país vecino mandaba el estanciero Juan Manuel José Domingo Ortiz de Rozas y López de Osorno. Cambio su nombre para hacerlo más ‘originario’, es decir, plebeyo, y que llenase menos la boca. Juan Manuel de Rosas se autoproclamaba “el Restaurador de las Leyes” y favorecía la primacía de Buenos Aires y de su puerto. Gobernó con mano de hierro, apoyado por pandillas denominadas “Mazorca”. Su equivalente nuestro son los “movimientos sociales”; para mí son la “masorca” masista.

Aunque no se han investigado caprichos de cohetillos y ‘raspapinchetes’ sexuales al ojiazul porteño, aparte de la diferencia de casi dos siglos, del calificativo de Federal opuesto a los Unitarios provinciales y de que el apellido español ya lo habían ‘blanqueado’ en la altiplanicie y no hubo que cambiarlo, existen algunas similitudes entre el ‘restaurador’ bonaerense y el originario “salvador de la patria” orinoqueño. 

Es cierto, no se sabe si el uno malgastó millones de un fugaz auge de exportaciones, pero no reemplazó la Casa Rosada por un mentiroso mamotreto ‘del Pueblo’. Pero socapan la corrupción de trenes abandonados, fábricas que no funcionan, aviones presidenciales de lujo, acerías sin energía, y mares no recuperados y de que ‘el nodo energético del continente’ quedó en flatulencias que no truenan ni suenan, (ni huelen).

Puede ser que parezca uno de la media docena de goles que llena la canasta con que vuelven de nuestros equipos al retornar al país, pero cambio mi letanía al intentar comparar a la pobre Bolivia con el poderoso Estados Unidos. En efecto, tómese la decisión estadounidense de relajar la salvaguardia del barbijo a quienes ya han sido vacunados contra el Coronavirus. ¿Se tapará con un pañuelo si un enfermo de Covid-19 tose en el parque? ¡Pucha!, si apenas llegan los vacunados a un tercio de su población, lejos de la meta de su mentada ‘inmunidad de rebaño’. Sin contar los millones que rehúsan vacunarse porque Dios los salvará: ¡alabaré!, o creen en ‘humeadas de yatiri’ de su ex Presidente, ganador por ‘hoyo en uno’ del golf de sus elecciones.

Varios símiles entre los dos defenestrados de Estados Unidos y Bolivia lo sugiere un despacho de la potencia estadounidense.

¿Qué hace Trump cuando debería estar escribiendo sus memorias o bosquejando la usual biblioteca presidencial? Nada de eso. Se ocupa en lapidar a los tibios dentro su partido, nominar leales a vacancias gubernamentales, y aleccionar a sus adláteres para preparar su eventual retorno. Después de chambonear su campaña contra el Coronavirus prescribiendo beber lejía, alentó la insurrección violenta de la ocupación del Capitolio. Apela a triquiñuelas parlamentarias para bloquear cualquier iniciativa de su sucesor. Atiza los fanatismos de grupúsculos radicales e incita a locos a matar y herir a matar inocentes, en un país que no progresa de su pasado de cowboys armados. Tal vez corolario del asalto al Capitolio, un infograma daba cuenta de la multiplicidad de asesinatos de desquiciados que arremeten contra inocentes en supermercados y escuelas. ¿Qué pasó con el paternal virrey de la Embajada y el deterioro de su demagogia y el poder narcisista y demagógico montado en el ‘caballo del corregidor’? La miopía de Trump de equiparar la pandemia, que es una guerra, con un resfrío fuerte colapso su infraestructura sanitaria, que apenas llega a ser una escaramuza. 

¿Qué hace Evo Morales después de su retorno triunfal a Bolivia? Ya no saborea bifes de chorizo en Buenos Aires. Hundió la astilla vengativa en contra de sus oponentes y urde fantasías de golpe de Estado para disfrazar su cobardía. Premió a sus adulones con embajadas y ministerios, aunque éstos no hayan leído ni los discursos del Jefazo; apenas son letrados por saber firmar, y levantar la mano… El mundo se desmorona y sigue la persecución de la oposición y acumular desperdicios en calles y ministerios. 

En la caprichosa nomenclatura estadounidense, un trillón lleva 12 ceros; en el resto del mundo, 18 ceros. Actualmente, el rico Estados Unidos (y los sufridos pagadores de impuestos durante las siguientes dos o tres generaciones, pagaran la friolera de 6 trillones de dólares (¿$6,000.000. 000.000?) de los fondos destinados a resolver la actual crisis económica-sanitaria. ¿Sera nomas cuestión de subsidios?

Si tuviera los quintos, compraría un lotecito en la selva beniana adyacente a un arroyo, colgaría mi hamaca y viviría mis últimos años hasta que algún pichicatero me baleara por escribir zonceras.

Winston Estremadoiro

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