Opinión

16 de octubre de 2020 17:45

¿Será que somos tontos?


Quizá fue el narcisismo de Donald Trump que aconsejó usar una remera de Superman al salir prematuramente del hospital donde fue recluido al contraer Covid 19. Mientras tanto, el Banco Mundial lamentaba que los miserables del mundo aumentaban de 88 a 115 millones. En EE.UU, pasan de 215 mil los muertos por Coronavirus.

El letrado Antonin Scalia, (sí, el mentor de la nueva Juez de la Corte Suprema de Justicia, anotó que dos hechos que definen a los estadounidenses son su apego a su Constitución, y que su gente no es tonta. Me solazó lo primero, citado en artículo anterior como un tercer puntal de su democracia. Tengo mis dudas sobre lo segundo.

Sostengo que la discusión sobre alterar el equilibrio de miembros republicanos y demócratas en la Corte Suprema de Justicia peca de superficial al pasar de largo un aspecto central de ese cónclave de sabios: ante todo son guardianes vitalicios de su Carta Magna, antes que político-partidistas. La Juez Amy Coney Barrett será letrada legisladora, antes de emprender, combo en mano, a demoler el legado de su ilustre predecesora Ruth Bader Ginsburg, o de prestarse a ser una simple peinadora en el salón de belleza del ególatra presidente Trump.

Sin embargo, abrigo ciertas inquietudes sobre lo de tontos. El elefante gringo que poco tiene de inteligente, se parece a la garrapata “bolita”, como nos tildan los argentinos. Ambos mandamases padecen el mal de la “eleccionitis” y relegan a segundo plano la prioridad más urgente: la pandemia.

EE.UU es un rico e inmenso país dominado por sus medios de comunicación. Arremete un falso “Superman” con maña distractiva, mientras miles se contagian de una plaga mundial que no fuera tan grave si todos usaran barbijo, se lavaran las manos con agua y jabón, guardaran distancias sociales y evitaran amontonamientos. En Bolivia, patria digna de mejor suerte, candidatas y candidatos (ni siquiera corrigen redundancias horrorosas) renuncian a sus pretensiones tarde mal y nunca, en una oposición dividida. Otros se emperran en sus ambiciones, al tiempo que favorecen al que tendría que mal gobernar sin plata que robar o dispendiar, si acaso triunfara. 

Hago caso omiso de abismales diferencias. Insisto sobre similitudes entre el torpe paquidermo y el bicho chupasangre. No arriesgo ser acusado de envidioso puntualizando que uno y otro son “alborotadingos” por las féminas. Sin embargo, apunto que tanto el “boquita de cereza” prorroguista gringo como el “dedito” originario de Orinoca, son y fueron demagogos. Ambos fueron y son ladrones, si como tal se pueden calificar sobreprecios corruptos y entrepiernas interesadas del uno, o del engaño al pueblo del otro con deducciones mañosas de sus impuestos. 

Hoy en día todo ha cambiado. Rusia derrotó ejércitos franceses y alemanes con la otoñal “rasputitza”, el general Invierno y su inmenso territorio. China no pestañea con sacrificar millones de gente construyendo obras ciclópeas, forzando guerras sangrientas y disciplina autoritaria. La primera economía del mundo. Estados Unidos tiene la mejor tecnología guerrera del planeta, pero tiemblan cuando muere o es herido un soldado. 

Su negligente mandatario prestó escasa atención cuando surgió la guerra avisada de la pandemia del Coronavirus. Las protestas callejeras desnudaron algo irresuelto desde su sangrienta Guerra Civil: persiste el racismo en contra de esclavos liberados a los que tanto debe el modo de vida estadounidense. Pese a que su gran país fue construido en base a la inmigración, ahora pareciera que los prejuicios raciales constriñen tanto a negros afroamericanos como a morenos “latinos”.

 En nuestro país descansaremos de bandas de música, camaretas y arengas afiebradas. El domingo próximo se votará por candidatos que no agradarán a unos y a otros. Persistirán amenazas de convulsión, que hacen ingobernable a la patria empobrecida. Pero tanto el elefante como la garrapata seguirán doblegados por un virus que tal vez castiga a los humanos por su despilfarro ambiental y su miopía.

Winston Estremadoiro

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