Opinión

7 de junio de 2019 09:04

Puerto Busch es indispensable


En mi nativa Riberalta por lejana, y por el pachamamismo de conservacionistas que nunca han comido un locro “carretero”, se vetó el acceso al mar por esclusas en la hidroeléctrica que Brasil ha construido en el río Madeira. Además, nuestro altiplano-centrista país sigue llorando por el Litoral perdido, y ahora se empecina por el puerto de Ilo que sería la nueva Arica para La Paz. La sede de Gobierno (con su nuevo Palacio de Evo) fue la menos afectada en la Guerra del Pacífico. No fue ocupada por tropas chilenas como Lima. La cercanía al puerto que desde la Colonia transportaba los piñones de plata potosina, hizo innecesarios los auquénidos al tener La Paz un tren al puerto de Arica.
           
Lástima que poco se supiera de la Conferencia Internacional para el aprovechamiento de Puerto Busch y la Hidrovía Paraguay-Paraná en Santa Cruz de la Sierra. Reunió a enviados de países europeos y sudamericanos, (entre ellos Perú, Paraguay y Brasil), y a varios políticos y jerarcas nacionales. Mi otro yo me dice que los unos, aparte del interés creado de sus empresas y países, estaban más interesados en ninfas cambas; los otros, en llenar el buche con suculentos bifes y ¡a disfrutar de sus viáticos!

Porque el meollo de la cuestión del mar para Bolivia es una palabra: soberanía. No la teníamos sobre un Litoral “abandonado sin comando ni refuerzos”, como el fortín paraguayo Boquerón en el que Marzana y sus seiscientos héroes aguantaron el asedio de miles de “pilas”. No la teníamos en Arica ni la tenemos en Ilo, ni en el puerto del Callao en Perú. Tampoco la tenemos en los 3 atracaderos sobre el canal Tamengo, el tramo brasileño del río Paraguay, Corumbá y la Hidrovía Paraguay-Paraná. 

Vamos por partes. Los tres atracaderos bolivianos son privados. Puerto Aguirre fue iniciativa de mi finado amigo Joaquín Aguirre Lavayén, distinguida personalidad cochala-cruceña, que quizá vio  el potencial del Canal Tamengo y fundó Puerto Aguirre como válvula de escape a aprietos cruceños para exportar soya. A su vez, Gravetal pertenece a una firma multinacional (colombiano-boliviana, creo), que exporta soya y derivados. Puerto Jennefer (¿quién será la heroína boliviana?) es privada y pertenece a Nutrioil, otra firma privada extranjera-boliviana.

Lo peor es que poco se puede hablar de soberanía boliviana si los 3 atracaderos discurren por un río brasileño, que otrora fuera el río Paraguay norte ocupado por Brasil dentro de su política de utti possidetis de facto que fundara el Fuerte Coímbra, Corumbá y ocupara la ribera occidental del río Alto Paraguay, hasta su confluencia con nacientes del río Iténez o Guaporé. Toda una ciudad ahora, Corumbá se distingue por un mamotreto aéreo que inhibe el tráfico fluvial boliviano: así fuera citadino, estatal o depender de Brasilia, con cualquier motivo dificultaría la navegación.

Tenemos una alternativa que costó 60.000 muertos bolivianos en la Guerra del Chaco, contienda en la que fuimos derrotados, aunque mareen la perdiz con el petróleo dizque salvado. Se llama Puerto Busch. Pedacito de río Paraguay que anegadizo que es, es nuestro y podría tener tren y carretera pavimentada aunque sea con cascote ferruginoso del Mutún. Que los chinos o los gringos asesoren: ¿acaso los unos no han construido puentes carreteros de 100 kilómetros, y los otros no salvaron pantanos del delta del río Mississippi cercanos a Nueva Orleans con carreteras elevadas que dejan libre a la fauna silvestre? El puerto de Houston, segundo de ese gran país, llega a la ciudad por un canal de 50 millas, creo.

El obstáculo es la tenencia de Puerto Busch en manos militares, navales para ser más claros. Así un hermano querido sea uno de pocos, sino el único, marino boliviano que surcó el mar (almirante de los 7 mares, le digo), no se olvide que la academia naval es adyacente a un lago artificial construido por México; ¿será que los navales aprenden a nadar en aguas turbias y fangosas, que nunca fueron dragadas de sedimentos? ¿O será que algún mandamás naval se hizo de una jugosa “coimisión”?

Por eso sostengo que Puerto Busch es de todos los bolivianos, no solo de los navales. Aun con la gracia brasileña, los 3 atracaderos privados pueden seguir exportando soya y sus derivados. Declárenlas zona franca como Puerto Aguirre era antes. Puerto Busch tiene que ser puerto inmenso, como para traer las importaciones del país, y exportar alimentos: carne bovina y de llama, quinua y otros cultivos andinos. Y por supuesto hierro; en el futuro acero y bienes metálicos bolivianos. Eso sería hacer patria. Las alternativas serán tirar plata por la borda, en lenguaje marino que poco manejan nuestros marineros. Como el único barco de Bolivia, regalado por Venezuela y convertido en chatarra en Argentina hace muchos años.

¿Será que en las espaldas bolivianas se pueden sembrar nabos?

Winston Estremadoiro

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