Opinión

17 de mayo de 2019 19:12

Protector de dientes para afuera y pachamamismo adentro


Era de esperar. Se atrasan en pagos compensatorios del Sistema Único de Salud (SUS). Afecta a nosocomios de tercer nivel, pero es síntoma de la insolvencia del Estado Plurinacional para cubrir una obligación contraída para ganar votos en las próximas elecciones. En efecto, la atención en hospitales públicos tiene una sobredemanda de enfermos encandilados con una atención dizque gratuita; los pacientes deben pagar por insumos y medicinas y centenas de galenos y personal de salud trabajan sin contratos. La muerte no espera y los dolientes deben aguantar una fuente más de inseguridad. ¿Será que la salud está reñida con la demagogia?
           
Pareciera maniobra distractiva del escándalo de los jefes policiales salpicados con nexos a narcotraficantes. Una auditoría a contratos de la Unidad Ejecutora de Lucha Integral Contra el Narcotráfico (UELICN)  sugiere que se “direccionó” para favorecer a una empresa que ni siquiera se presentó a la licitación internacional de rigor. Hablamos de insumos y recursos logísticos, técnicos y operativos a las fuerzas y unidades especiales de la lucha contra el narcotráfico. Hablamos del mantenimiento de aviones y helicópteros de los Diablos Rojos y Diablos Negros. Hablamos de 60 millones de dólares; casi todas aeronaves de industria estadounidense; la firma agraciada es de Colombia, una nación adulada por el “imperio”.
           
No es la única noticia que entretiene en el nuevo opio del pueblo, ya que parece que los medios de comunicación le quitaron el dudoso honor a la religión (según Marx). En Santa Cruz, 4 policías convirtieron 35 kilos de cocaína en estuco, quizá emulando a capos que premiaron a un narcotraficante. Imputaron a un alcalde en Achacachi por 5 delitos y sindican a una docena: ¿hay tantas celdas carcelarias? El partido de gobierno pide a un oponente aclarar sobre posible fraude impositivo en vender un inmueble de sus padres. Mientras tanto, el que “mon-man” (monta-manda) pasea al capo de la OEA por su republiqueta chapareña –seguro que sin mostrar el botadero de basura cercano al río que fuera alertado en Shinahota, o los puentes que demuestran que continúa la construcción asesina del Parque Nacional y Territorio Indígena “Isiboro-Sécure” (TIPNIS).       
             
La mayoría de las banderas del “proceso de cambio” se han manchado con el narcotráfico.  Una principal era la devoción por la Pachamama. Sostengo que su deformación hizo de un supuesto amor por la Madre Tierra un ejemplo claro de “hablar bonito” para engañar al mundo exterior, mientras el atropello del medio ambiente dentro del país demuestra lo contrario. Lo llamo “pachamamismo”.
           
Hay varios casos. Empezando por un chamán de la secta ancestral altiplánica que invistió al nuevo Inca en Tiahuanaco, mientras ponían la pimienta los “movimientos sociales” –léase adeptos a Evo—y la sal los gringos turistas adoradores del Astro Rey, y su encarnación en el “Jefazo”, con chorros de orín sobre las ruinas milenarias. Luego pillaron al hechicero con un alijo de cocaína.

El fundador de la “Iglesia Apostólica Romana Renovada del Estado Plurinacional” de años atrás, hace poco recibió la Eucaristía de los curas que otrora sindicaba de ladrones de ornamentos áureos. No obstante, ni cómo olvidar que los depredadores del Territorio Indígena y Parque Nacional “Isiboro-Sécure” (Tipnis) en el infame Polígono Siete son cocaleros de la republiqueta del Chapare. La masacre de Chaparina contó con el aval del Gobierno para desmanes en contra de “indígenas de tierras bajas” en Carrasco, Madidi, Amboró.

No especulemos sobre áreas naturales que no cuentan con cobertura mediática: ¿saben de las fábricas de pichicata en el norte de La Paz? En otras zonas prima el interés de reservas petroleras aguijoneado por transnacionales. ¿Alguno pierde sueño con los indígenas Weenhayek y un Pilcomayo podrido con deslaves mineros? ¿Qué pasó con la Pachamama en la Reserva Natural Amazónica Manuripi-Heath, ilusión de hallar un “mar” de gas natural y revivir espejismo de que somos la nueva Arabia Saudita?     
            
La corrupción rampante socapa a los narcotraficantes; tiene dosis de “pachamamismo” y hace mentirosa a la protección de la Madre Tierra. Es halo con que el autócrata evoca simpatías en el exterior. Es tobogán en que los bolivianos resbalamos hacia la dictadura prorroguista. Por eso no es extraño que “masistas” jóvenes se hayan agarrado a golpes en su Congreso Nacional en Tarija, y que masistas “adultos” terminen en grescas ridículas entre “evistas” y “lineristas” en Potosí.

Porque aun en el oficialismo rige lo que decía Abraham Lincoln “Puedes engañar a alguna gente todo el tiempo, y a toda la gente alguna vez, pero no puedes engañar a toda la gente todo el tiempo”.
           
¿Será que en las espaldas bolivianas se pueden sembrar nabos?

Winston Estremadoiro

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