Opinión

1 de diciembre de 2020 08:25

¡Por fin parió la burra!

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La expresión campesina debería cambiar de género, porque la gestación, parición y enculturación son laboriosas tareas encomendadas a las féminas en la desigual división de trabajo biológico. El desembarazo referido es la aceptación a medias del Republicano Donald Trump del triunfo electoral del Demócrata Presidente-electo Joseph Biden. Por lo menos, ahora el segundo tiene la anuencia de la Administración General de Servicios (General Services Administration, GSA) para usar recursos federales para una transición presidencial entre un “pato cojo” disconforme y mal perdedor, y un mandatario-electo que ha manejado con pinzas la incómoda y poco común situación.
             
El 30 de enero tendrá lugar la tradicional ceremonia de traspaso de mando. Sera diferente, en ese país tan dado al espectáculo. Se tomarán salvaguardias para proteger del violencia y Covid-19 a personalidades extranjeras. Cuidarán a partidarios presentes con medidas sanitarias aconsejables: no habrá urgencia de hacer de ellas un gesto político, como en anteriores eventos en jardines de la Casa Blanca cuando faltó fue el “tuit” autoritario de toser en la cara del contertulio. Quizá el “superman” trumpiano estará intentando, fruncida la “boquita de cereza”, meter la pelotita en el hoyo de campo de golf tal vez defraudado de sus impuestos.
           
Aparte de conjeturas sobre si Trump seguirá de caudillo bocón y todopoderoso en el Partido Republicano, o se retirará al Xanadú de sus ex presidentes. Los brochazos precedentes esconden lo realmente importante. 

Uno, es menester sopesar el daño de Trump a la democracia estadounidense. No hay duda de la caída de lucero norteño que guiaba a muchos países del mundo. ¿Será que en EE.UU es proporcional el peso de la justicia al grosor de la billetera? En su sistema judicial el perjurio es anatema, regido por honrar a la verdad. Pero “poderoso caballero es don dinero” es expresión mundial que cae como anillo al dedo a la “tierra de oportunidades” estadounidense. Giuliani defendió con el mismo celo “abogansteril” a un “capo de tutti capi” mafioso, Gotti, que a un capo constitucional ególatra, Trump. La riqueza no es sinónimo de sapiencia ni de valores morales.
           
Dos, si el poder propende al abuso y a la corrupción, ¿cuán vulnerable es el sistema bipartidista estadounidense al autoritarismo disfrazado de poder político? La respuesta varía según los valores de las personas, es cierto. Cabe preguntar si salvadas las proporciones, principalmente en administrar justicia y el proceso eleccionario, ¿se acortaron distancias entre democracias que se suponían “maduras”, y las imperfectas que no las tienen o apenas asoman del cascarón? Es ya de notar que al menos su credibilidad ha sido puesta en entredicho con los pataleos de mal perdedor de Trump. De por sí, su gobierno “a dedo” (o a “tuits”) reveló cuanto cala el autoritarismo tipo “John Wayne” y el modelo del “strong sylent type” en el “cowboyesco” imaginario estadounidense.
           
Complicada la tarea de la nueva administración del país más rico del mundo. Sin embargo, más que reunir a una población dividida; más que recuperar el privilegiado sitial que EE.UU tenía en el pasado a los ojos del planeta; más que reducir al mínimo la discriminación racial, los dos temas que dominarán la agenda presidencial serán un tema inmediato, y otro igual de urgente: la pandemia del Covid 19 y la inminente crisis del
cambio climático.
           
Quizá es sintomático que los países ricos inviertan tanto en investigación y desarrollo en temas relacionados a la carrera espacial. Colonizar la luna, Marte y otros planetas puede ser un futuro de la especie humana. Como las vacunas y la infraestructura sanitaria, es una opción inaccesible a naciones pobres e ignorantes, aunque tuvieran Agencias Espaciales que compitan con la NASA. 

Educar y cuidar la salud de sus ciudadanos es más urgente, especialmente en conglomerados humanos como Bolivia, analfabeta, despoblada, dispendiosa y mal gobernada que es. En la actual coyuntura, recuerda a una chancha con muchos cochinillos hambrientos y gritones, pocos pezones y menos leche.

Winston Estremadoiro

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