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Opinión

15 de octubre de 2021 09:34

No truena ni suena


Se ha hecho costumbre de un amigo enviar el resumen anual de The Economist, gesto que agradezco, sediento que soy en este país de pocas lecturas sobre el concierto mundial. El ejemplar correspondiente al año 2021 me dio la razón. Aparte de la escasa resonancia de la América Latina, así el adagio señale que “No News es Good News” (‘la ausencia de noticias es una buena noticia’), resaltaba ni una mención de Bolivia en el acápite que resumía a los países de nuestra parte del mundo. ¿Será resabio de la reina Victoria de Inglaterra, entonces en su cima colonialista, que dicen que tachó del mapa al atrevido país porque Melgarejo expulsó a su embajador montado al revés en un jumento?

El país es gobernado por ignorantes que se indignan por minucias como que la ‘wiphala’ no acompañó en las fiestas cruceñas a la Bandera Tricolor, al estandarte verde y blanco, y a la enseña blanca con la flor de patujú. Ni que los cambas se quejaran de que el 16 de Julio esté ausente su bandera. ¿Será que la Constitución evista no previó astas para banderas adicionales? ¡Déjense de tonterías! Prefiero los mozos de tujuré y cuñapé, rifle salón en bandolera en un lado y una ´pelada linda’ en el otro, dando vueltas a la Plaza, que presencié en 1958.

Fuera de alusiones livianas, no causa sorpresa que Bolivia no truene ni suene. Al fin y al cabo, el país está construido con cimientos de arena: una bala perdida en Ingavi; un Litoral defendido por un héroe civil; una dizque Guerra Civil que entregó la sede de gobierno a mineros del estaño, con pongos aimara, y lucrara de la Guerra del Pacífico con el FFCC Arica-La Paz; ¿dónde está la plata de vender el Acre (sin acceso al río Madeira sin cachuelas, por supuesto), después de que el tren al norte amazónico se hiciera humo de “koala” a la Pachamama?; iban a faltar “colepejis” para chicotear a los ‘pilas’ del Chaco, y casi se entran al Carnaval de Santa Cruz, general teutón y todo.

Hoy la Chuquiago centralista y cautiva pretende ‘runa-aimarizar’ Bolivia con “coca-cocaineros” a los que “ahora les toca”. La cuestión de fondo no es la corrupción, sino quién roba. Los ‘originarios’ de museo en Orinoca habían sido tan rateros como los ‘blancoides’ de condominio en Miami. A la basura con la integración de un país disgregado. Bolivia no truena ni suena.

El Banco Mundial (BM) advierte de otra década perdida en América Latina, a menos que se invierta en infraestructura, impuestos y educación. Doy fe del último “salvador de la patria”, Evo Morales. Con más cuero que conciencia, dilapidó en ‘damas de pollera’ y ‘ñatitas’ de calzón flojo y bolsa de plástico cerca de su ‘cosita’ ávida, acompañadas de mandamases corruptos, un período de vacas gordas de ingresos de la minería y del gas natural.

Propuso vertebrar el país con carreteras, tal vez porque los ríos amazónicos son desconocidos, y quizá sus ‘originarios’ no saben nadar en sesgo contracorriente, o la nueva cáfila de ladrones preferían camiones usados de Escandinavia. Aumentó los impuestos, salvo para adláteres beneficiados por sucesivas “amnistías” tributarias para sus cacharros. La educación derivó en planes sesgados y en universidades donde sus evangelios son de Lenin y Reynaga, y caen al vacío los zonzos adoctrinados y barandas mal construidas.

A veces dudo de que el pueblo sea sabio. Bolivia vive hoy ‘la segundita’ de su cueca demagógica, donde el único cambio es el relevo de rateros. Si la legislación bancaria establece un techo de diez mil dólares sin reportarlos, los nuevos coca y contrabando-millonarios construyen ‘cholets’ (con aditamentos colorinches ilegales a partir del último piso), y hay necios que les creen artísticos. La justicia está prostituida a sumisos temerosos de telefonazos de capos ‘originarios’. 

En Bolivia todo se ha reducido a la politiquería de banderazos y “wiphalazos” (y mucho griterío). A una tibia parálisis del país por oponer abusos del Gobierno, al día siguiente flamearon espurios ‘wiphalazos’ que prosperaron a costureros en sastrerías aimaras. El sucesor de Evo Morales, Súper Lucho, enfervorizó a sus huestes desafiando a opositores a una confrontación que fuese más allá de los insultos. ¿Semejante bravuconería presagiará una guerra civil en Bolivia?

A los fabricantes y comerciantes de armas en Estados Unidos, Europa y Rusia se les hará agua la boca, mientras el Banco Mundial otorgará préstamos para reflotar la economía. Las empresas brasileñas de camaretas bulliciosas auspiciarán alguna “escola de samba” en el Carnaval de Rio de Janeiro. El Gobierno masista propondrá rellenar con agua del Lago Titicaca el Pantanal y la Hidrovía Paraguay-Paraná. La capital boliviana se trasladará a Orinoca, que como la Santa Marta colombiana, tendrá tren “pero no tiene tranvía”. Tampoco mar.

Winston Estremadoiro

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