Opinión

5 de febrero de 2021 20:09

No hay mal que por bien no venga


Con sonrisa en la faz evoco una ocurrencia de mi nietita. ¿”Que’s esho”?, pregunta en insaciable curiosidad sobre el mundo que va descubriendo a sus dos añitos. Curtido vejete que soy, lo transfiero a temas que me quitan el sueño. Como la desilusión de transitar del tormentoso 2020 al esperanzado 2021: la varita mágica no funcionó ni con el “paratatula, paratatula” con que mi hijita mayor transformaba lo malo en bueno.

La esperanza del nuevo año se transformó en decepción. ¿Sería ansiedad o temor lo que volvió a llenar bares y pubs europeos de clientes que excedían el par de copas que justificaban ante resentidas parejas preocupados por la comida de sus críos? Bueno, justificarían dos “tragos profundos”, decía un amigo, de la botella escondida debajo de canillas de agua de la cocina de algunas féminas. 

Las calles se han tornado en junglas donde medran depredadores del tráfico de niños y mujeres, basureros que atentan contra el medio ambiente, y hasta florece el sórdido comercio de esclavos. Las insuficientes vacunas fomentan el prejuicio racial en contra de negros y latinos. Encima, surgieron nuevas cepas, de virus y no de vino, y los científicos no aseguran que los pinchazos evitarían su contagio. ¿Quién le hace caso a la Organización Mundial de la Salud (OMS) clamando por la universalidad de la pandemia?: es algo tan inútil como una resolución de las Naciones Unidas (NN.UU) a favor de los palestinos.

Hubo dos noticias, una buena y otra mala. La buena fue la renuncia en masa de los abogados de la defensa de Donald Trump, tal vez por resistir la mentira de un fraude electoral inexistente que le escamoteara la presidencia a su narcisista capo de tutti capi. La mala fue la politiquería del partido republicano en retacear montos de ayuda a los más pobres en la crisis económica resultante del Covid-19. Ni que los trillones salieran de sus cuentas bancarias, o que la plebe tercermundista supiera la diferencia de ceros en una y otra millonada, si ni centavos ni vacunas les tocarían.

¿Y qué nos importa? Menos mal que la ideología pesa más que la salud, que la dependencia de la Casa Rosada coincidió en régimen afín con la Casa del Pueblo. Saltó al ruedo la vacuna rusa, con la suerte que un informe británico diera un dictamen favorable a su efectividad, nosotros que somos cuatro gatos sin el frio y el vodka de latitudes gélidas. ¿Competirán Moscú y Beijing por el huesillo boliviano? ¿Cuántos pinchazos le tocarán al Tipnis? ¿Inyectarán en la nalga a las culonas?

Lo que es claro es que no se afectarán las prioridades presupuestarias. La tajada más grande seguirá para el Ministerio de Interior, que las montoneras de leales no son “tisgra”. Seguirán dando bonos extra a los generales para uniformes y medallas de mariscal y promover, de paso, la sastrería y la orfebrería paceñas. La policía nacional se parecerá a la estadounidense, más ahora que usaran chaquetas anti-balas encima de sus petacas, ambas rechonchas. Si hay tantas laptop sin uso de la avanzada industria nacional, ¿por qué no adornar las tapas con la efigie del súper héroe Súper Lucho y regalarlas a la “jumentud” escolar?

La realidad para un país paupérrimo como Bolivia, es que la naturaleza pasa la factura de tanto atropello al medio ambiente, con el agravante de que matecitos de hierba tendrán que ser suficientes para la mayoría de la población. ¿Cien mil vacunas alcanzarán para todos, cuando no hay suficiente oxígeno? ¿Llegarán los viales satelitales a Pelechuco? Tantas preguntas y pocas respuestas para un país que hace noticia con el desbande de chicos en una discoteca clandestina en un pueblo boliviano.     

Las realidades que deben aprender los países poderosos con el Coronavirus son muchas. Que la tecnología que lleva adelantos científicos a Marte se arrodilla ante un pinche virus. Que el Covid-19 ataca a ricos y pobres por igual. Que ser adalid de producción y comercio de armas puede enriquecer, pero no sana cuando falta el aire. Que las prioridades están torcidas en cuanto a la infraestructura y equipamiento sanitarios. Que más vale que presten mayor atención al ser vivo que es el Planeta Tierra.

Me tildarán de Maltusiano. Pero a veces me angustia que el bienestar materialista de hoy no alcance para todos. Ni siquiera las vacunas. Vendrán más liberaciones de impuestos para que sigan importando carros usados con contaminantes motores a gasolina o diésel, mientras el hidrógeno verde –no el gas natural ni el litio- energizará los vehículos e industrias de los países ricos. No siempre se cumple aquello de que no hay mal que por bien no venga.

Winston Estremadoiro

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