Opinión

5 de septiembre de 2019 17:51

Muerto el burro, tranca al corral chiquitano


Leí que un coronel de la Policía fue relevado quizá por poner orejas de burro a los motociclistas sin casco. Yo incluiría a otros infractores. Nadie me castigaría con un cambio de destino, aunque confieso preferir una chura chapaca a una matutera de la frontera. Ganaría el premio el prorroguista “Pachamama-lover” que tardó más de 15 días en darse cuenta que los gritos de socorro de la Chiquitania no eran convocatorias a churrascos de urinas (cervatillos) muertas al triscar pasto quemado, víboras sancochadas en tierra calcinada, tatuses cocidos por el incendio, huevos de “peta” pasados por el fuego y madres tortugas llegando demasiado tarde por “lentejas”, y tanto otro bicho raro o flacucho árbol que había echado raíces en la magra tierra del bosque seco chiquitano.   
           
¿Acaso los bichitos y los arbolitos votan en las elecciones?, tal vez pensó. Más rentable sería el junte con un adalid francés de la calentona Pachamama. Sin avivadas descargando en un pueblo y cargarlos para repetir el engaño en otro, tendría los euros para revivir el bosque seco chiquitano, otro tesoro mundial de esta Bolivia bendita de Dios, cual si tuvieran una varita mágica para borrar años de dolorosa mitigación de la naturaleza. En las poblaciones vivarían ¡Evo cumple! jubilosos ganaderos con permiso para nuevas pasturas, altiplánicos leales al nuevo Melgarejo al tramitar nuevos latifundios, “sapito lavado, sapito estrenado” pensaría la “cunumi” enjuagándose con un “tutumazo” más.
           
Ya la sabiduría popular lo había vaticinado: muerto el burro, tranca al corral. Esa estupidez gobiernista de solucionar (ponerle tranca al corral) una vez que el daño estaba hecho (el burro muerto). Yo la había citado en el pasado, al criticar la desidia ante la contaminación ambiental y los miles de peces asfixiados en aguas pútridas. Ahora le tocó a la Chiquitania. Pero no es solo esa región. Son más de millón y medio de hectáreas abrasadas en el altar de la quemazón anual en Santa Cruz, Beni, Cochabamba (tierra de nadie salvo cocaleros y pichicateros en el Tipnis).           
           
¡Que no se haga el santo!: Evo había sancionado el Decreto Supremo 3973 que da vía libre a la quema y el desmonte de tierras en el Art. 30, incisos 17 y 33 de la Constitución. ¡Que “preservar, conservar y contribuir a la protección del medio ambiente y fauna silvestre” si el falso socialista tenía que agradar a los ricachones de la soya, con el regalito a invasores de parque naturales y tierras protegidas, en julio 2019, de la Ley 741 para alistar 250 mil hectáreas para nueva agricultura. Como si fuera poco, pasaron un par de semanas de no hacer nada.

“¿Resultado?”, dice Iván Arias Durán, “más de 7.000 nuevos focos de calor” y millón y medio de hectáreas devastadas en 16 días, digo yo. En la orden criminal de dar luz verde a la deforestación, a que perezca la fauna, a ocupar tierras protegidas alquilándolas a no indígenas, a la tala de su protección vegetal, alterarán el clima del bosque y a pocos importarán los peces muertos, los animales despavoridos, los ríos podridos, la desprotección de la biodiversidad, los indígenas huérfanos (total, son cambas).   
           
Llegó la hora de encandilar a ignaros y echar la culpa a otros de la tragedia. Con el avión Supertanker los ingenuos parecían enanos gritando “el avión, el avión”, como el de una show antiguo de televisión. Oficialistas arrearon a su recua, atribuyendo el desastre ambiental “a brasileños y menonitas”, mientras el fuego seguía creciendo en el bosque, a pesar de los heroicos esfuerzos de bomberos, soldados y voluntarios. Ahora organizan “masiva” concentración de sus disfrazados en nuevo carnaval en Roboré. En el poblado se amontonan las donaciones que quizá serán origen de nuevos ricos. Cuando pasaba por ahí hace un par de días, en los pueblos ni se notaba la tragedia, salvo por la nube de humo que asfixia a todos por igual. La procesión se lleva por dentro, pensé, monte adentro en matorrales chamuscados y vientos que reviven nuevas fogatas.       
             
Las noticias dan cuenta de que Jair Bolsonaro, el populista de derecha que manda en Brasil, no irá a la reunión para analizar la destrucción de la Amazonia. Será en Leticia, población amazónica colombiana. Ha recrudecido la lesión que recibiera durante su campaña electoral. Tanto mejor para Evo Morales. Tendrá otra palestra para “patear la castellano” y reafirmar su hipócrita adhesión a proteger la Pachamama, la Madre Tierra, el medio ambiente, la naturaleza, la Amazonia y la Chiquitania, el planeta Tierra, los indígenas selváticos y “tutti quanti”. Lo peor es que los gringos, de aquí y de allá, escucharán boquiabiertos y con chequeras listas. En las elecciones de octubre en Bolivia, tal vez habrá una prueba más de que somos un pueblo de imbéciles. 

¿Será que en las espaldas bolivianas se pueden sembrar nabos?

Winston Estremadoiro

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