Opinión

19 de marzo de 2019 08:38

Megalómanos disfrazados para las elecciones


Un amigo me envió el fascículo “El Mundo en 2019” de la prestigiosa revista inglesa “The Economist”. Bolivia brillaba por su ausencia entre las grandes tendencias mundiales; solo puntea en las estadísticas si se las lee de atrás para adelante.

Dan pautas del futuro que los “baby boomers” –nacidos entre los 40 y los 60-- serán por primera vez superados en número por los “millennials”-nacidos entre los 60 y los 90. Mientras la Bolivia de 11 millones tiene el Internet más caro de la región, India anotara a la mitad de su gente, más de un millardo; superará en producto interno a Gran Bretaña, su patrón de antaño. ¡Sorpresa!, después de años de guerra, Siria tendrá el mayor índice mundial de progreso. China terminará su aeropuerto de 100 millones de viajeros al año, origen del mayor número de turistas mundiales; llegará al lado oscuro  lunar en 2019. Israel también, con el dato curioso que su módulo es financiado por fuentes privadas, no del gobierno. Mientras sigue la disputa entre cultivos orgánicos y transgénicos en Bolivia, cambios legales en EE.UU y Canadá harán posible un crecimiento del 40 por ciento de la marihuana. Ojalá así fuera beneficiada la quinua boliviana…

Mientras debatimos la cobertura universal pobretona, que encandila a gentes adictas a lo gratis excepto en los excesos fúnebres, la medicina mundial será asistida por nuevos artilugios tecnológicos que detallarán el cuerpo humano. Japón se beneficiará de cambios profundos: inmigrantes jóvenes por nipones viejos; fomentarán hasta 40 millones de nuevos turistas al año. Así aumenten los tibios sobre la Europa unida, primará que ella es una contendora a la primacía de EE.UU y China. Otros países entrarán en carrera a la luna.

Pensé titular esta nota “Bolivia necesita un baño de humildad”, pero reflexioné que vivimos en el pasado, donde nuestro pueblo tiene sobradas razones para sentirse orgulloso. El gran Tiahuanaco, que nada tiene que ver con actuales “originarios” destructores del pasado aun sin escarbar. Engendró riquezas en Potosí que dieron luz verde a la revolución industrial europea. Si de ancestro indígena se trata, el regionalismo prejuicioso ni toma en cuenta el Gran Paitití y su solución al ciclo de sequía e inundación en Beni. En los albores republicanos Bolivia era conocida como la Prusia americana por su belicosidad y buen gobierno. Otros países construyen bibliotecas, mientras en nuestro país dilapidan millones en museos de megalómanos ignorantes y xenófobos. Quizá sobrellevamos la maldición de ser bendecidos por riquezas naturales, pero mal gobernado por mandamases corruptos.   

No pasa día sin saber de algún vivillo que estafa al Estado, es decir, a los bolivianos. Hasta los policías están pringados: su Academia está podrida, violan a presas, tienen redes de robo de autos y contrabando. Involucran a casi tres docenas de uniformados, mientras sus capos encubren con el mote de “casos aislados”.

Causa risa el principio de que “muerto el burro, tranca al corral”, porque acostumbran aplicar parches después de que se cometen los delitos. En un solo ejemplar de un diario nacional se destaca que un ex diputado del partido de gobierno fue detenido por coimas. Pobrecito el mandamás de Sabsa “afuerado” después de que imprimieran logos con el mote de “dictador” al virginal “jefazo”. Dinamitarán los túneles que guían a los “jucus” de mineral en Huanuni, tiempo después de que los delitos fueran cosa diaria; ¿será que los rateros son demonios neoliberales?...

Provoca una sonrisa sardónica que ejecutivos de YPFB renuncien a sus cargos por obligar a subalternos a festejar el Carnaval, y luego reemplazarlos por personal sin experiencia: ¡qué sorpresa, si por lucir disfraces hasta la invasión del Litoral se mantuvo en secreto!

Ironía que Evo Morales elogie el “modelo boliviano” en Viena, con “mecanismos de control social, el diálogo, la concertación”, mientras los cocaleros imponen sus “leyes” que atropellan derechos humanos: que lo digan los policías antidroga muertos o heridos en La Asunta, la emboscada de los cocaleros cerca a Villa Tunari, el bloqueo a la libre acción electoral de opositores en Shinaota. ¿Serán bobos los gringos en creer lo del “autocontrol de los mismos productores” de la coca-cocaína?

Cuentan por decenas de miles los registrados en el SUS, (¿no era SIS?), con guarismos quizá inflados que cuentan a todos los atendidos por los servicios de salud, tal vez incluyendo perros y gatos, mientras mueren enfermos hacinados en pasillos de hospitales por falta de cuartos y camas…

La corrupción generalizada es la raíz del problema. El régimen de Evo Morales se maneja con doblez interesada. Adentro atropella las leyes a su antojo; afuera, proyecta con blablás una imagen falsa del país.

¿Será que en las espaldas bolivianas se pueden sembrar nabos?

Winston Estremadoiro

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