Opinión

12 de noviembre de 2021 16:01

Mastak‘u, Halloween y dos mentiras

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Confieso no ser adepto al Halloween, festividad que es una forma más del “american way of life” que Estados Unidos enchufa al mundo desde la Segunda Guerra Mundial. Encuentra la oposición de países como México, que por ser limítrofe tal vez resiste la penetración de su vecino con su propio acervo cultural; ya perdieron la mitad de su territorio. Tal ocurrió con la última celebración mexicana del Día de los Muertos, que de fasto familiar se está tornando en comercial desfile de disfraces cual carnaval cualquiera. Bueno, por lo menos abundaron las pinturas y máscaras alusivas a calaveras en México.

En mi país, resaltaron los usos ancestrales en un país escindido. Lo recordó una amiga de las ‘eses’, que envió una cajita festiva con delicias del “mastak’u” a sus ‘cumpas de hablar chuto’, que andábamos más preocupados por chocolatines y disfraces del “trick or treat” gringo con el que nos sometemos al asalto anual de los escuincles.

Coincidió el Día de Difuntos con la fecha de elecciones estaduales en Virginia, EE.UU. Fue uno de los Estados más reñidos en las justas electorales anteriores, tal vez por la revelación de abusos de Donald Trump y su sonsonete de la “Big Lie” con que obnubila al público estadounidense: las elecciones anteriores fueron fraudulentas y le robaron la presidencia. Quizá prueba de que los humanos favorecemos la mentira, los partidarios del ‘engañifle’ parecen haber quebrado la cola, por cansancio o filibusterismo (versión del corsario de antaño), del ‘buenudo’.

Virginia no lo era tanto, porque la doncella había sido perforada por su tercer presidente, Thomas Jefferson, quien poseía cientos de esclavos negros y aun así firmó su aclamada Declaración de Independencia con la mentirosa aseveración de que “todos los hombres son iguales”. Más aún, desafiando al redactor Jefferson, un anti-abolicionista inglés comentó que “Si hay una cosa verdaderamente ridícula en la naturaleza es la de un patriota estadounidense, que firma resoluciones de independencia con una mano, y con la otra empuña un látigo sobre sus esclavos asustados”. La aseveración de la igualdad de todos en la Declaración de Independencia, es tan falaz como la mentirosa victoria alardeada en las elecciones casi dos siglos y medio después. Fue la primera contradicción en un pujante país de inmigrantes.

Una segunda mentira fue la de Donald Trump. Prendió la mecha de la insurrección del 6 de Enero 2021 merece la escritura en mayúsculas: BIG LIE (Gran Mentira). No fueron “derechos inalienables” sino crímenes contra la humanidad la cacería de pacíficos africanos, el hacinamiento en barcos esclavistas y el maltrato en las plantaciones. La libertad de los negros costó una sangrienta Guerra Civil a Estados Unidos. Es más, sostengo que la mayoría de la sociedad reemplazó con aversión racista al color de la piel diferente al rosado europeo, el derecho a ‘la búsqueda de la felicidad’.

Quizá por la declinación de su poderío imperial heredado de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos vive la contradicción del espejismo de un mejor futuro para pobretones de países peor gobernados, y el revuelo de migrantes que empeoran un corcoveo recurrente entre sus propios ciudadanos afectados por la desigualdad social. Con la pandemia del Covid-19 tan deficiente en su manejo, se ha detonado la mezcla explosiva de un mandamás demagogo y prorroguista, y el río subterráneo del racismo de mucha de su gente. Poco ayuda el fanatismo de a los que “el Pingüino” llama

‘guerreros’ que desempolvan rifles de alto poder, y marchistas que ensucian bufandas y barbijos garabateando pancartas que a la hora nona quieren convencer de que “importan las vidas de negros”.

 Mientras tanto, resurge la pandemia de Coronavirus en un mundo como el incendio forestal que advertía un doctor Fauci al que pocos atienden o entienden, a la vez que miles de migrantes cortan vallas de alambre, y otro tanto cruzan mares ayudados por supuestos caritativos que otros europeos tratan de impedir. Aparte del frío invernal, la tele no revela ojos encandilados y barrigas hinchadas que otrora mostraban los niños de Biafra. ¡Cáspita, en EE.UU los veteranos de la derrota de Afganistán exigen su propio desfile! 

En mi Bolivia sucede más de lo mismo. La cohetería de manifestantes y policías resguardando calles y puentes, mientras la prensa alerta de incendios forestales inéditos. ¿Podrá el nuevo mandamás repetir supuestos logros económicos, sin plata? Cunden las protestas en el país y el régimen insta a sus ‘guerreros digitales’ a combatirlas. Murió un campesino en Potosí, no se sabe si por bala o bolo; la autopsia precisará si la causa fue boludez.

Me rindo. Mejor me echo en la hamaca y miro nubes cambiantes, los pajaritos trinan, mientras mi nieto muestra su última pirueta con la pelota, y mi nieta me regala un besito.

Winston Estremadoiro   

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