Opinión

29 de diciembre de 2018 09:30

Llorar o reír en Día de los Inocentes

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Hoy termina el Día de los Inocentes. Tuvo origen bíblico en un rey que ordenó matar a todos los niños. Emborrachado con el poder, deseaba conservarlo prorrogándose, asesinando a todos los inocentes de donde provendría “el nuevo rey que reinaría sobre todas las naciones”. En Bolivia los niños son los opositores y como en las obras de ficción, cualquier parecido con uno en la actual farándula presidencial nacional es pura coincidencia. Decidí buscar inspiración en el recuento de noticias anuales que se resumen esta semana, la última de un año 2018 salpicado de nuevas que no fueron nada para celebrar, como se vaticinaba.

Díganme si no había material en el revés de la Corte Internacional de La Haya. Tanto más doloroso porque además de ser precedido de una luna de miel en que el gobernante prorroguista anduvo de ñañas con el agresor de 1879, y de favorables anuncios oficiales por la maldita propensión a cantar victoria antes de la gloria, cerró la puerta a reclamos nacionales sobre el mar perdido en una agresión guerrera anunciada por un Chile pobretón, pero mejor gobernado, que en 1879 apetecía riquezas de sus vecinos al norte.

En país acostumbrado a telenovelas de un gobernante rijoso y abusivo, ocurrió el robo de la medalla de Bolívar y la banda presidencial, por el descuido de un oficial de bajo rango que prefirió “ir de putas” en vez de cuidar valiosos símbolos patrios. Una requisa policial en Palmasola coronó los 13 presos muertos en diferentes cárceles del país, con la violación de una niña de yapa.

El estado lamentable de la justicia en Bolivia se desnudó en la jueza Patricia Pacajes, que condenó a un médico a 20 años por violación, infanticidio y homicidio culposo de un bebé. Luego en una fiesta alardeó (y se la grabó) que condenó sin pruebas. Ella estaba drogada, dijo la pobrecita, sin precisar cómo tapó una narina y sopló pa’ dentro con la otra para insuflar el polvo blanco. Para colmo de males, con el alcalde de Cochabamba y el encarcelamiento de un cocalero yungueño, se nota el sesgo contra la oposición en lo rápido para hurgar líos que anulan a eventuales rivales politiqueros.  

La salud fue otro frente del Gobierno prorroguista. Al émulo de Fidel Castro se le ocurrió un nuevo Código Penal, abrogado luego de 40 días de presión social. Tal vez no lo sabía, pero arriesgaba matar miles, como Mao Zedong colectivizando el agro y matando de hambre a millones en China, si se salía con la suya en un ilusorio Seguro Universal de Salud, en país con serias carencias en hospitales y equipos médicos, donde las familias de cancerosos apelan a marchas y crucifixiones para llamar atención de un régimen calloso, que tiene dinero de todos para malgastar en estupideces como museo en Orinoca y el Palacio de Evo en la sede de gobierno centralista.

Gobernar desde discursos de plazuela a la chusma ignorante es característico de la actual democracia boliviana; los contratos a dedo y por abajo marcan el desapego a la Ley. Sin embargo, la “madre de todas las batallas” se inició con Evo y el atropello a su propia Constitución. Su desprecio al fallo democrático de un Referendo nacional, el 21F, llevó a protestar por 3 años seguidos en las calles.

La gente está tan curtida, que poco importa que viviendas cerca de bofedales de Silala estén vacías, tal vez porque no consultaron a “originarios” que hubiesen aconsejado de orientarlas lejos de la dirección de fríos vientos altiplánicos. En las ciudades, se derrumban casas de pobretones que infringen normas urbanas de construcción en torrenteras o áreas adyacentes. Total, a propietarios de “cholets” en torrenteras el Gobierno les subvencionará nuevos palacetes; millonarios edificios en el campo siguen sin dueño, dicen que por ser muy caros.

Tal vez la solución vendrá de afuera, con el cerco de países que en Brasil engendrara el Lava Jato; su nuevo presidente no simpatiza con el autócrata del vecino de su más extensa frontera común. ¿Qué pasaría si Argentina y Brasil dejaran de comprar gas natural, de por sí insuficiente y en curva descendiente? ¿Seguirán prestándose plata de entidades del odiado “imperio” para sus bellacadas? ¿Aprenderá “Cananchiri” García Linera un idioma originario? ¿Será Williams Kalimán pariente del personaje de radionovelas e historietas de los años sesenta? ¡Que la inocencia boliviana nos valga!

Lloro y río en el Día de los Inocentes. Mis lágrimas se confundirán con gotas de lluvia en un surazo: “Llueve, llueve un fino tamiz, sobre un fondo de cielo gris…Mueve el viento la ramazón, mueve la ola mi embarcación”, al tararear la letra de “Ritornelo en el viento” de Mariano “Malaco” Méndez Roca, del que Rogers Becerra Casanova pusiera la música de ese hermoso taquirari beniano.

Winston Estremadoiro

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