Opinión

26 de febrero de 2021 10:04

Llamas altivas, metano terroso y sal marina antigua


Me hacen reír los estadounidenses, tanto que presumen ser los primeros en todo. Sus mujeres tan locuaces y agresivas al corcovear la supremacía masculina, permitiendo que subsista un resabio del machismo al perder el apellido paterno al casarse. Bueno, peor estamos en nuestro lado del mundo, donde el “de” matrimonial pareciera evidenciar la propiedad de la fémina por el marido. Eso pensé ahora que estuvo de moda Bill Gates, no por ser uno de los mas ricos del planeta, sino por aparecer en varios canales de noticias expresando sus preocupaciones sobre el cambio climático. Ya se granjearon el apelativo de “filántropos” cuando él y su esposa Melinda Ann French crearon la Fundación benéfica Bill & Melinda Gates. Ahora incursionan en temas relacionados con el destino de la Tierra, donde los abusos medioambientales presagian un triste destino si los seres humanos, ricos y pobres, continúan sus excesos como si la naturaleza fuera infinita.

Confieso estar a tientas sobre si la raíz del problema es el cambio climático, la contaminación ambiental, o las arterias y medios de transporte, estos últimos sugerido por Jeffrey Sachs para clasificar las transformaciones de la humanidad en su libro “Las edades de la globalización”. Sin ánimo de compararme al sabio estadounidense, pienso que la energía yace al fondo del tema.

Los países ricos andan experimentando con el hidrógeno, mientras pueblos como el asno boliviano quizá sigan arreando recuas y recolectando la caca seca de llamas, que según Choquehuanca no había sido ni sumisa, ni “inalterable por la tierra avara”, sino altiva. Las últimas zanahorias que blandieron fueron el gas natural que nos haría la Arabia de la dinastía de los Saud (en Bolivia, ¿seremos el blasón dinástico de los cocaleros?), y el litio del Salar de Uyuni, que siguen lamiendo vacas en el Beni tal vez para propulsarse con sus flatulencias. Mala suerte, canta Vikki Carr (se llamaba Virginia Carrasco o algo así, pero los gringos no gustan de los “latinos”): de nada sirve tener las reservas de litio más grandes del mundo, si argentinos y chilenos van por delante con salares menos extensos. Con la plata, el estaño, el gas natural, el hierro de Mutún, y tres o cuatro guerras perdidas, como siempre cantamos victoria antes de la gloria.

No obstante, esta patria es bendita de Dios por sus recursos naturales.

Conjeturan que el agua será la fuente energética del futuro, quizá después de que limpien las cochinadas de ríos y mares. Aunque con su mar robado, Bolivia es una de las potencias mundiales en recursos acuíferos. Sin embargo, por boludeces ambientales ya perdió el tren del acceso al Atlántico por esclusas, el río Madera y el gran Amazonas; aparte de los megavatios que generarían represas hidroeléctricas. Pero el mandamás “originario” de altivos camélidos andinos andaba preocupado con los pececitos de ríos amazónicos, ignorando que la Pachamama se renueva. El parque Madidi seguirá los pasos del Territorio Indígena y Parque Nacional “Isiboro-Sécure” (TIPNIS). Será un inmenso cocal sin tigres ni selva, adyacente a los sembradíos de Apolo, antes de que decidan construir la represa del Bala, para solaz de cañaverales en San Buenaventura y turistas israelíes en Rurrenabaque en vez de puertos cursando los ríos Beni y Madera y el río-mar, el Amazonas.

Seguiremos importando diesel de Chile y gasolina de Tangamandapio, que había sido un pueblo de México y no ficción de El Chavo del Ocho, para barriga llena de camioneros que cruzarán el TIPNIS en camión sueco de cien mil dólares adquirido con liberación de impuestos, y flanqueados por su respectiva “dama de pollera”, ambos egresados de la academia de cocaleros del Polígono Siete. Pero, ¿acaso no íbamos a exportar energía eléctrica a Brasil? Para entonces habrán puesto brida a la ruidoso “pororoca” del agua dulce que fluye al Océano Atlántico, y Evo Morales será embajador en Mar-a-Lago. Habrán llegado a Bolivia donaciones de sobrantes de vacunas contra el Covid-19. Pero el problema será la renuencia de “originarios” al pinchazo, igual que en EE.UU los republicanos no quieren saber del menjunje demócrata. Se importarán vacunas del Paraguay con “coimisiones”, con agujas fabricadas de acero inoxidable de hierro boliviano del Mutún. Entonces volveremos a lo mismo. Porque la raíz del problema es la curiosa mezcla del lamento boliviano debida a retraso educativo y corrupto mal gobierno. La pobreza y desigualdad entre las naciones continuará. Las mujeres seguirán “de” sus esposos: ah, lo bueno será que no todas las féminas del mundo copiarán el falso recato del feminismo estadounidense. 

Winston Estremadoiro

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