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31 de marzo de 2021 11:21

La vacuna más cara es la que no hay


Aburrido de filmes estadounidenses de balaceras ruidosas, vuelques espectaculares de carros y ocupantes sin rasguños, mujeres endiosadas y varones con la cola quebrada, encalle mi canoa en un reportaje de Sanjay Gupta de CNN, a los científicos que merodeaban por pasillos de la Casa Blanca como almas en pena, sin que nadie les diese la hora. Al día siguiente sorprendió que titulares de diarios gringos no tratasen en la prensa las perlas sonsacadas por el polifacético reportero.

Después de tantos años de autocracia maoísta, tal vez por la usual paranoia china para divulgar noticias que pudieran perjudicar, la pandemia de Covid-19 empezó a fines del año anterior. ¡Dejen de echar la culpa a un cautivo pangolín, versión china del casi extinto armadillo altiplánico, cuyo caparazón se usaba para charangos de la “cultura ancestral”! Ni el EE.UU de Trump apuntaló a la Organización Mundial de la Salud (OMS), de la que el narcisista golfista se retiró. Tampoco imaginen un siniestro Dr. No “ hollywoodesco”, desde cuyo laboratorio complotaba para dominar el mundo.

Fueron los murciélagos que duermen todo el día, salen apenas caído el sol, comen miles de insectos dañinos, polinizan flores y siembran semillas, y chupan la sangre de distraídos cuadrúpedos. En solo la última función son vectores de hidrofobia y males como el Coronavirus. Mejor harían cambiando los collares de hoja de coca por otros de dientes de ajo, que por lo menos resisten a los “wampiros”.

Un régimen autoritario estadounidense alertó de la pandemia dos meses después de que se filtrara la amenaza. En un país armado hasta los dientes, ni testadores un poco más largos que los ubicuos “cotonetes”, ni camas y unidades de cuidados intensivos tenían. Encima, su iluso mandamás optó por poner al hielo a sus científicos, y nombrar a un obsecuente que inyectaba nalguitas de bebes. No hablo de la paupérrima Bolivia, sino del poderoso Estados Unidos.

Un mes después de haber decretado la primera, y única, cuarentena cerrando salones de belleza (salvo la de él), bares, escuelas, y su país se debatía en una crisis económica sin precedentes, el curandero de beber lejía como medicina dio un golpe de timón insólito. Como Pilatos se lavó las manos federales. Cargó el fardo de la plaga a los estados de su Unión, y empezó a desinformar a su pueblo, restando gravedad al Coronavirus. ¡Ya habían fallecido 100.000 contagiados, y morirían 450.000 estadounidenses más! Un genocidio debido a su abuso de poder, en una sociedad adicta a la tele, que su narcisista mandamás aprovechaba su palestra demagógica diaria, denostando medidas preventivas tan simples como usar barbijo, guardar una prudente distancia social, evitar aglomeraciones y lavarse las manos. Prefería endiosar a falsos expertos en traje de comentaristas y se ocultaba su prejuicio racial.

La última gota fue enterarme de que según la OMS, tres de cuatro vacunas mundiales han ido a los diez países más ricos del mundo. Ergo, aparte del sesgo prejuicioso que beneficia a ricos, no hay vacunas suficientes pese a saber que o nos vacunamos todos los humanos o no se inocula a ninguno. Para alguien que presume de abundantes adjetivos, me faltaron varios para calificar los sentimientos que me provocaron. Preocupación; miedo; tristeza; depresión; hermanos, esposas, hijos, nietos, sobrinos; menguantes amigos, conocidos. ¿Para qué escrudiñar prensa extranjera si los obituarios nuestros dan dosis diaria de tragedia para colgar una soga y patear la silla? Menos mal que universitarios de Stanford investigaron la fórmula de la vacuna anti-Covid y algunos laboratorios podrán copiarla. ¿Será industria nacional?

De vuelta a la radio cocina nuestra, me enteré de una burrera presidencial quejándose de la falta de coordinación para distribuir vacunas. ¿Será que la Fuerza Aérea prefiere estrellar aviones en casas humildes, a llevar una cajonada de inyectables a Peña Blanca, Sud Lípez y soltarlo por paracaídas? ¿Sería demasiado atrevido decomisar el 4x4 que lleva a su casa a la favorita de algún político “cabellitos de ángel”? ¿O es que la farra de las divisas en proyectos inútiles fue de tal magnitud que ni Súper Lucho puede colarse en la fila mendigante de vacunas gratuitas inexistentes?

En esa ruleta, pongo mis fichas en la casilla de Carlos Valverde: somos un país de pelotudos. Porque la vacuna más cara es la que no hay. Se rifaron reservas internacionales en obras electoralistas, vaginas interesadas, proyectos absurdos, latrocinios descarados. ¿Irán a la cárcel el salvador de la patria y su sabihondo ratón de biblioteca de alcanzar a Suiza en 20 años? Ciertamente no con la celeridad para enjaular a la sucesora “cambita linda que tienes ojos de guapurú”, del cobarde pura-pinta renunciante, les aseguro.

Winston Estremadoiro
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