Opinión

28 de marzo de 2020 10:40

La cancha mal rayada


“Tempo bom, tempo ruin” canta Maria Bethania, pero lo más resaltable del actual tiempo malo es la grandeza de la gente, que como enseñada sale a sus balcones a las ocho de la tarde, aplaude, canta y agradece al personal de servicio médico por su heroísmo atendiendo a enfermos de Coronavirus, sin preocuparse de que ellos mismos se contagien, o peor, lleven la mortal dolencia a sus familias.
           
Triste contraste con las declaraciones, cual discursos cantinflescos que peroran mucho sin decir nada, de militantes del MAS. Como ensañados ventilan su odio ignorante al oponer cuarentenas que podrían disminuir la inevitable progresión geométrica --1, 2, 4, 8, 16, 32, 64, hasta llegar a los miles--  de contagiados por la pandemia. No son los únicos. Los fanáticos ayatolas de Irán culpan a Estados Unidos por el mal, mientras ruegan por dólares o que el Fondo Monetario Internacional (FMI) se los provea para comprarlas. Corean sus lamentosos gritos de socorro sus aliados cubanos, venezolanos, norcoreanos y bolivianos, antes escépticos e incrédulos de los cientos de miles contagiados y los miles de fallecidos.

Como la misma pandemia del Covid-19, la enfermedad no discrimina entre las ideologías y sectores sociales opuestos. Contagia a “la derecha” y a “la izquierda” por igual; no discrimina entre ricos y pobres, aunque los unos tengan los quintos para obtener atención médica oportuna, y entre los otros se cuenten muchos del grupo de riesgo: los ancianos. Tal vez un lunar maligno tiene Trump, el mandatario de EE.UU, que más parece golpearse el pecho alardeando que su país tiene la primera economía del mundo, y contraría a sus expertos médicos tratando la emergencia nacional como si fuera un resfrío. Si no ha cambiado su irresponsable laxitud cuando salga esta nota, ¿estará esperando que su hija o su esposa den positivo a un examen del Covid-19? 
  
En Bolivia, en la cúspide está el prorroguista y escapista Evo Morales. Mentiroso: “nunca hemos sido vengativos, nunca hemos sido rencorosos”, declaró: pregúntenle a Leopoldo Fernández, a los esposos Andrade. Nadie negará que en casi 14 años de mal gobierno, prefiriera las canchitas de césped sintético en vez de construir hospitales y comprar medicinas e insumos médicos. Ahora “tuitea” sermoneando de “un mundo en que la salud sea tratada como un derecho humano y no como una mercancía”. ¡Qué cínico él, que trató con desdén politiquero y criminal a médicos y personal de salud de los bolivianos!

Hoy los titulares despliegan noticias sensacionalistas sobre el caos y pánico sobre el Coronavirus, cuando la mayoría de la gente apenas se lava las manos, no tiene acceso al agua corriente y sus deyecciones, en la calles y en la selva, no se elimina por alcantarillas, y se baña con agua de turriles o de arroyos a lo mejor quizá una vez por semana.

Pero la dura realidad es que el régimen de Evo Morales rayó la cancha a su favor. Fue herencia de su Gobierno el marco legal impuesto. En afán de hacer las cosas de acuerdo a ley, la sucesión transitoria de la presidente Jeanine Añez no corta de raíz los abusivos favores a los militantes del Movimiento al Socialismo (MAS).

¿Qué es esto de que los votos rurales valen más que los urbanos? Antes, dicen los entendidos, “era la Corte Nacional Electoral la que definía las circunscripciones territoriales, pero a partir de la ley 421, del 7 de octubre del 2013 esta función pasó al Órgano Legislativo, donde el MAS desde 2005 hasta hoy tiene mayoría absoluta y ha procedido a ampliar la representatividad de las circunscripciones rurales en desmedro de las urbanas”.

Encima, asoma la cabeza el monstruo del prejuicio andinocentrista. Pese a tener mayor población, discriminan a Santa Cruz y mantienen una mentirosa representación parlamentaria en favor de La Paz. No tocan ni con una pestaña los privilegios corruptos del MÁS, porque tal vez alguno vea a futuro los beneficios abusivos propios.

Surge en el mundo la desesperanza. Se mueren ancianos en Bérgamo y Madrid. No quieren aceptar a feos, gordos y pobres en algún “chat” chino. Lo que es yo, me iría feliz siendo feo, gordo y pobre, si entre los feos y gordos incluyeran a mandamases como Trump y prorroguistas como Evo Morales.

Y ojala la gente se quitara la venda en los ojos de una democracia imperfecta, que hoy favorece a un régimen autócrata que, como dice alguno, alteró la Constitución a su antojo, maquilló las cifras de la economía, regaló canchas, coliseos y canastones. Y talegazos, digo yo.

¿Será que en las espaldas bolivianas se pueden sembrar nabos?

Winston Estremadoiro

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