Opinión

11 de octubre de 2019 12:07

Innovación tecnológica y cambio social


Puede ser simplificación excesiva, pero ha sido la innovación tecnológica que trajo la certeza que preocupa a los sabios hacen más años que los que quisiera reconocer: el cambio tecnológico es más rápido que el cambio social.

La innovación tecnológica en las comunicaciones concientizó la noción de la “aldea global”: que los cambios afectan a la gente que vive en el abarrotado planeta Tierra. Algo tuvieron que ver los niños quemados por napalm, mientras una guapa leía las noticias en el almuerzo. ¿A quién le importan aldeas condenadas a dolorosas agonías por gases venenosos lanzados de aviones supersónicos? Los satélites llevaron a la tele la matanza de niños por algún loco armado en alguna escuela estadounidense. La minimización llegó a los celulares maximizando la información, creando la  novedosa forma de pasar el tiempo que hizo casi obsoleta la tertulia.

Los inventos facilitaron los atajos que hicieron todo posible. Si en otros tiempos se oían las noticias por radio de onda corta, hoy se envían documentos por email. Si el programa de Ed Sullivan presentó a cuatro chicos de Liverpool en 1963, hoy mi nieto accede a toda la música de Los Beatles por YouTube. Si los jóvenes de hoy no anduviesen absortos enviando “mensajitos”, se desasnarían con el acceso a buscadores que hacen innecesarios libros y enciclopedias: la literatura mundial puede leerse en un artilugio donde caben cien clásicos, para no hablar de los mil y tantos que me regalaron en un “cedé” (compact disk).
           
Sin embargo, por el calentamiento global los glaciares derretidos aumentarán el nivel del mar hasta sumergir a las ciudades costeras. El mundo se debatirá en tormentas gigantescas e inusitadas oleadas de frío y calor. Continuará la festichola de quemar selvas para sembrar soya o palma africana. Pero la innovación tecnológica introdujo cuestionamientos de tanta estupidez: el cambio climático finalmente preocupa a la gente sobre el medio ambiente.
           
Porque la innovación tecnológica tiene aspectos positivos y negativos. Entre los primeros, por ejemplo, desnuda la necedad de algún gobernante que piensa que es cosa de emitir leyes y ¡pum!, se alcanzara el nivel de progreso de Suiza en veinte años. ¿Acaso con la zoncera de imponer normas destruyó el prejuicio social hacia sectores menos privilegiados, o de color más oscuro en la piel?

No obstante, negativo es que mejoró la información como medio de imponer abusos de poder, desde que el ministro de propaganda de Hitler, Goebbels, hiciera de la prensa escrita y de la radio un efectivo modo de “lavar” críticas al hitlerismo. También es negativo que los despachos sesgados de prensa, la denostación de oponentes y la ignorancia de las masas, permitan el apoyo embrutecido a los gobernantes populistas, sea en EE.UU, Gran Bretaña o Argentina. El rezago en el cambio social favorece a los demagogos.

En Bolivia, poco importarán 500 mil hectáreas de bosque seco protegido empeoradas a cuatro millones quemadas. Seguirán los clamores de especialistas en medio ambiente. La pena por el oso hormiguero moribundo en brazos de algún bombero voluntario. Un multitudinario cabildo rechazó que la acción gubernamental llegara tarde, mal, y nunca a la Chiquitania en llamas: valdrá más el avión Supertanker. Nadie se preguntará de dónde viene la plata de miles de banderas y casas de campaña pintadas del prorroguista. ¿Expulsar a los quizá pirómanos colonos asentados ilegalmente en la reserva y acervo mundial protegido? ¡Já!, ya el charlatán impostor puso zancadilla al asunto, tal vez dejando para luego camionadas de “movimientos sociales” armados, como hoy llaman a los “ucureños” de antaño. ¿Acaso repercutió que la Operación Lava Jato finalmente afectara a los corruptos mandamases del país que parecía una “isla de la fantasía”? 

En EE.UU acusan de quid pro quo criminal a uno, mientras sus leales apelan a zafes leguleyos. En Gran Bretaña su émulo de “stiff upper lip” bloquea integrar la Unión Europea, quizá para reeditar una alianza trasatlántica que le sacara las castañas del fuego en la II Guerra Mundial. En Argentina el pueblo peronista seguirá a la Flautista de Hamelin ladrona. En nuestro país los opositores se la pasan lanzándose bosta entre sí: le siguen el juego a un Gobierno corrupto y alardoso de dudosos logros.

El banquete está servido para el fraude electoral, ahora que hasta prohíben controlar votos con simples cámaras de celulares, a menos que las innovaciones tecnológicas permitan que vote sabiamente la mayoría de ciudadanos del país que reside en las ciudades. De otra suerte, o mala pata, Dios salve a Bolivia. Tal vez no quedará más que musitar “el tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos” de la canción de Pablo Milanés en la inolvidable voz de Mercedes Sosa.
           
¿Será que en las espaldas bolivianas se pueden sembrar nabos?

Winston Estremadoiro

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