Opinión

28 de marzo de 2019 18:24

Implicancias de populistas de derecha

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La cumbre de Jair Bolsonaro y Donald Trump supuso un acercamiento inédito entre la potencia más grande de América del Sur y la que todavía domina en el mundo. El péndulo de la historia osciló al lado derecho. El espejismo izquierdista latinoamericano se disipa en nube de podredumbre. Los estadounidenses parecen estar dopados con elecciones en que pesan más los onerosos medios de comunicación y gana algún candidato de “raspapinchete”, muchas veces mañoso.

En Brasil bastó un probo juez y una prensa atenta a desmanes de poderosos; el Lava Jato, lavado a presión contra la corrupción, no ha terminado. En EE.UU las elecciones son un “todo vale” de espionaje no siempre nacional y correos electrónicos dudosos; su democracia no tendrá monarquías pero sí dinastías: en desmanes presidenciales el abuso de poder se oculta con el ribete de “seguridad nacional”. ¿Qué novedad, entonces, que hayan “besos, ternura, que derroche de amor” entre un Trump gringo y su versión sudamericana en ritmo de samba a la antigua?

Lo destacable son las implicancias para los americanos del sur. No va más la antipatía, a veces soterrada, que unía a los latinoamericanos en contra de Estados Unidos. Antes su “patio trasero” abarcaba México, luego América Central, y ahora su “pié grande” tiene a Brasil como su socio. Lo de aliado “extra OTAN” es pura sobadura al ego brasileño: el mismo Donald Trump está socavando las bases conceptuales de esa alianza, un resabio de la Guerra Fría.

No es con portaviones nucleares ni escudos antimisiles que se alterará un siempre precario balance de poder en la región sudamericana. A Brasil le alcanza con armas sobrantes y maniobras conjuntas. A EE.UU le basta con enviar satélites desde Maranhão, pero tendrán la Amazonía a la vista. La Venezuela del dictador Maduro sería el señuelo: poner tropas estadounidenses en la frontera con Brasil es opción mejorada a una incursión desde Colombia, que aún no disipa la amenaza guerrillera en sus selvas; seguirán “exprimiendo” a los gringos con su cocaína, pero caerían bien unos cuantos drones estadounidenses...
¿Cuáles son las implicancias para Bolivia?

Uno, está la piedra en el zapato del “proceso de cambio” mentiroso de la corrupción masista; eso depende de los bolivianos cambiar.

Dos, con el aval del “imperio” se afianzará la tradicional alianza entre Itamaratí y La Moneda; es principio decimonónico: no hay peligro entre dos países si no hay frontera común. Puede cambiar si la conexión bioceánica por territorio boliviano ayuda a Brasil a llegar al Asia por puertos en el Pacífico. Aferrados a su levita, puede mejorar el acceso boliviano al mar.

Tres, poco a poco cala la noción de que el acceso soberano portuario boliviano yace en Puerto Busch e Ilo, en ese orden. A diferencia de atracaderos por el Canal Tamengo (Quijarro, Jennefer y Gravetal), Puerto Busch es soberano, única concesión de la derrota y miles de muertos en la Guerra del Chaco. Ilo es una gracia peruana temporal, así sus 99 años sean prorrogables. Andinocéntrico el “chapaco” ex presidente y actual candidato en camino a un tour a Ilo: ¿a remojar los tobillos?

Una mejorada Cancillería debe priorizar sus nexos con el gigante brasileño, quizá al extremo de requerir de sus diplomáticos aprender portugués y leer historia y literatura brasileña. ¡Dejen de enviar imberbes o ignorantes politiqueros a Brasilia! Bolivia y Brasil tienen la frontera más extensa entre ellos. Aunque ello signifique disminuir la hegemonía altiplánica, paceña sobre todo, más que los vaivenes que hacen atractivo para uno u otro comprar “en la banda”, se depende del vecino para el acceso al Amazonas, al Río de la Plata: al Océano Atlántico.

Bolivia se plantó un tiro en el pié en 1868 al no exigir un pedacito de acceso norteño al río Madera allende las cachuelas; persiste en poses pachamamistas sobre hidroeléctricas que Brasil construyó o construirá de todas maneras. Hoy nuestro país depende de las compras de gas natural, la mayor parte de Brasil. Éste ampliará hallazgos en el Presal, aunque sea para mejorar técnicas de explotación en su extensa plataforma marítima continental.

Recuérdese que de un mordisco en Tordesillas (1494), Brasil, que ni siquiera tenía acceso al río Marañón o Amazonas, se adueñó de medio continente con su lusitana y después carioca, astuta política imperialista. Bolivia fue el país más perjudicado, por ignorar su dimensión amazónica o llorar el mar perdido desde el altiplano.

El acercamiento entre populistas de derecha en Brasil y Estados Unidos tiene implicancias que van más allá de lo que se ve. En lo que atañe a Bolivia, se debería seguir el ejemplo de Finlandia, que luego de rivalidades y guerras ganadas o perdidas con su gigante vecino, tiene en Rusia a su más grande mercado.

¿Será que en las espaldas bolivianas se pueden sembrar nabos?

Winston Estremadoiro

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