Opinión

17 de julio de 2020 17:55

¿Hasta cuándo el Coronavirus?


Hace unos días entrevistaron a un galeno especialista en CNN. Reconociendo que esta en carrera figurativa de “expertos” en la mayoría que trata sobre el Covid-19, el científico de marras abordó un tema de interés: ¿hasta cuándo tendremos esta plaga en el mundo? Conocido es el cisma de opiniones sobre el asunto: especialistas versus curanderos.

Abundan los aprendices de brujo. El presidente Trump recetaba beber o inyectarse lejía o lavandina: ¿qué ama de casa estadounidense no tiene desinfectante en su cocina? Muchos probaron la hydrocloroquina, que ayudaba contra la malaria; la ivermectina que curaba parásitos en los perros; hasta la cocaína fue sugerida, quizá por algún cartel de la droga. Los rusos inventaron el Avifavir, con latinoamericanos como inmensa masa de Conejillos de India, en vez del Dióxido de Cloro de moda.

Como caballos en carrera en algún hipódromo, al menos seis empresas de vacunas ensayan formulas, no sé si motivados por la patente o el lucro. ¿Será que la vacuna contra el Covid-19 es el nuevo Viagra? De cuando en cuando salen “pepas” noticiosas que tal o cual laboratorio está a un tris de obtener la fórmula. El ingenio popular propuso el ajo y algunos olieron a coreano.

La Organización para la Salud (OMS), cuyo mayor aportante fue excomulgada por el pontífice ególatra Trump, pierde tiempo desinflando la panacea de falsos mitos populares para curar el Coronavirus. Aparte de los ya citados, algunos antibióticos, el clima frio, los secadores de pelo, hasta contener la respiración y las redes 5G. Yo me quedo con el alcohol, pero en variante escocesa, con dos cubos de hielo; el problema es que soy de grupo de altísimo riesgo por la edad, aparte de que el segundo whisky me hace perorar huevadas.     

Alguno ha mencionado que el Coronavirus está para quedarse, por lo menos hasta llevar a una muerte dolorosa al medio centenar de millones que fallecieron por la mal llamada Gripe Española. Corrobora al Dr. Anthony Fauci, en su alto cargo durante seis gestiones presidenciales, de que una vacuna estaría pronta recién para inicios de 2021.

Sin embargo, vale citar el caso de Brasil. Tenía uno de los mejores sistemas de salud, hasta que llegó un gobernante demagogo y prejuicioso que consideró “gay” a los barbijos. Calificaba al virus mortal como una “gripita”: ¿seguirá tomando antigripal ahora que está infectado? Según la publicación Foreign Affairs, hoy Brasil es un paria de la pandemia, con una de las más altas tasas de contagiados y fallecidos por el Coronavirus, que se esparce como un incendio forestal de los que son afectos. Dice Foreign Affairs que copiando ocurrencias de Donald Trump, Bolsonaro critica a la distancia social recomendada, minimiza la amenaza viral, y recomienda panaceas para curarse. Más aun, ha nombrado a una veintena de militares, “con poca o ninguna experiencia en salud pública” a cargos ejecutivos en el Ministerio de Salud.

La mayor parte de la población boliviana es iletrada. Su infraestructura sanitaria es penosa, especialmente después de 13 años de vacas gordas de Evo Morales, que prefirió comprar satélites y aviones millonarios, construir museos y palacios megalómanos, y dar curso al malgasto de los recursos del pueblo en repartijas corruptas.

Pero la moraleja del caso del gigante vecino es que no son suficientes los hospitales y equipos sanitarios, sino que además es menester tener una ciudadanía que no elija malos gobiernos. Brasil es un claro ejemplo. Con una cobertura del 78 por ciento de su población en un efectivo sistema universal sistema universal de salud pública, ya lamenta 61,000 decesos por Coronavirus.   

Al presente, Bolivia está en la disyuntiva de realizar elecciones el 6 de septiembre próximo, aunque la creciente pandemia del Covid-19 lo desaconseja. El interinato de Jeanine Añez se desdibujo con su candidatura, y la de otros, a ser elegidos como presidentes enrostró que tal vez la gente está cansada de mandamases corruptos y lo percibe como otro relevo de picaros.

Peor aún, la plaga está infectando cada vez más a ricos y pobres, al extremo que lo poco de virtual que se está practicando en el país, se exhibe en el contrasentido de que la Presidente y algunos ministros gobiernan desde su confinamientos, y Evo Morales sigue con su chachara subversiva, ahora balbuceando desde un televisor en el Congreso, mientras espera su bife de chorizo en Buenos Aires.   

En lo que a mí respecta, objeto el video de un cambita, autoridad en su pueblo, que escuchó en una radio paceña del desinfectante de gel y alcohol: recetó el gel para el jopo de los “pelaos”, y el alcohol para que se emborrachen los adultos. En su inopia, gran parte de la gente debe entenderlo así, aunque mueran con la hambruna que vaticina la Organización de Naciones Unidas (ONU).

Winston Estremadoiro

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