Opinión

15 de enero de 2021 17:31

Hartazgo, pandemia y orden mundial


Me acosté con la barriga repleta de pavo recalentado de Navidad, y mi postre fue la dieta diaria de noticias de CNN en inglés, que aburre con entrevistas sobre la situación en Estados Unidos. Comentaban de cinco aspectos. La pandemia del Coronavirus colmataba los hospitales y pronto los fallecidos serían dejados en las calles nevadas. La economía, salvo las cotizaciones de Wall Street, estaba en ruinas, con millones de desempleados y negocios pequeños cerrados: solo los ricachones “melearon” de incentivos de Trump. ¿Qué será de los $2,000 dólares mensuales para las familias? Solo faltaban los tanques que acompañasen a los miles de soldados resguardando el Capitolio (el burro tranca al corral) y amenazaban nuevas sediciones en las 50 sedes estatales. Desde la Casa Blanca, su nuevo campo de golf, Trump seguirá en su bunker, como Hitler, proclamando fraude electoral, aunque sin ‘tweets’ en redes sociales.     

No tomaron en cuenta un sexto efecto de los últimos acontecimientos estadounidenses en la escena mundial: los cambios en la geopolítica mundial. Continuará el deterioro de la imagen de Estados Unidos: el eslogan “Make America Great Again” es tan mentiroso como el narcisista demagogo que lo blandió. Canadá e Inglaterra son su única opción. Cuba regirá sobre las islas caribeñas que otrora fueran refugio de piratas convertidos en lores, que hoy nos regalan mulatas de ojos claros.

La religión mahometana será el aglutinante de una gran federación de países, incluyendo a Irán, que es de otra etnia. Egipto convocará a la región norafricana del Magreb, que fuera su ilustrada avanzada en Europa. Irán formará la Federación de An, pegada a Pakistán y Afganistán y otros antiguos satélites soviéticos de religión musulmana cuyo nombre acaba en “an”.

El resto de Africa se dividirá en tres esferas de influencia: la este africana será presidida por Kenia; los países del Magreb al mando de Nigeria, que ‘prohibirá’ la migración a Europa, excepto para terroristas del Boko Haram; el resto sobrevivirá bajo la batuta de Sudáfrica, pero sin ‘apartheid’.

China recurrió a la bacteriología como un arma más de su arsenal, dando luz verde a viajes al exterior y prohibiendo los domésticos: la pandemia del Coronavirus afectará a potenciales enemigos exteriores y se extinguirán los pangolines a la Cantonesa y las aletas de tiburones para amenazar a las chicas del “Me Too”. Los chinos recuperarán Taiwán siguiendo la receta de Hong Kong, pero Vietnam les parará el coche. Rusia estará ocupada en consolidar su diplomacia del gas natural con la OTAN debilitada, y  tratará de recuperar vigencia geopolítica en antiguos satélites soviéticos y en influir en el mundo, especialmente sobre sus vecinos.

Europa presiente que pronto no tendrá paraguas estadounidense y fortalece su unidad, pero con África como su área de influencia, por lo menos hasta que sus países dominantes atraigan a su órbita a sus planetitas. El Reino Unido se resquebrajará: Escocia poco aprecia a los ingleses y más les conviene la Unión Europea; los irlandeses del Norte preferirán ser cristianos protestantes y unirse a los cristianos católicos para ser la gran Eire y parte de Europa. España recuperará Gibraltar haciéndola puerto de entrada de migrantes africanos.

¿Qué pasará con la “América Latina”? No existe, es una ficción de James Monroe. La mitad de México lo fagocitó Estados Unidos, y estableció una suerte de protectorado sobre los pequeños países centroamericanos, al que hasta el ribete de ‘su patio trasero’ le puso. Intrigaron para cercenar Colombia y crear Panamá, con miras al acceso más estrecho entre los océanos Pacífico y Atlántico y su posterior canal. Los portugueses con la punta continental que les dio Tordesillas, se dividieron en capitanías desde cuyas aldeas mandaban “bandeiras” a sojuzgar esclavos indígenas para su incipiente producción cañera y cafetalera en las selvas adyacentes a las inmensas serranías mineras de la imperial España. Las incursiones en procura de cautivos tal vez fueron la base de su política del utis possidetis de facto del inmenso territorio que es hoy Brasil. Se conformarán con dos de los tres enclaves europeos en Sudamérica, el francés y el holandés.

Bogotá volverá a ser capital de la Gran Colombia, con Ecuador y Venezuela dueña del Esequibo. Las FARC se reorganizarán en la selva amazónica, después de derruir la Opera de Manaos. Una vez más, Argentina será el freno de Brasil en el sur suramericano, incluyendo a Paraguay, recuperara Tarija y absorberá a Cambalandia, aunque Beni y Pando serán pobladas de cocaleros del Tipnis. Chile, Perú y lo que quede de Bolivia serán Cherubol, según el sueño de Diego Portales, decía un profesor chileno Véliz luego de tres ‘vinachos’ en boliches de Westwood en UCLA. ¡Desperté sudando frío de la pesadilla!

Winston Estremadoiro

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