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Opinión

2 de junio de 2022 17:06

Exclusión y bloqueos en el país de integración

ESCRITORIO 1

Ando con la cola quebrada. No es un plagio del título de una obra literaria de un amigo, tal vez inspirado el mexicano José Alfredo Jiménez en sus quejas de un amor no correspondido que le hacía volar bajito. En mis pagos, es una expresión inspirada por un perrito después de un lance perdidoso, que cede a los mordiscos de su oponente aullando y metiendo la cola entre las piernas.

Un titular bastó para una cavilación tristona. Ando con la cola “requete-quebrada” después de leer que el acceso boliviano a la Hidrovía Paraguay-Paraná por la llamada Punta Man Césped, no va más. Es cierto, la zona se inunda en tiempo de agua como el resto del Pantanal, pero el candado lo puso Bolivia al encargar la tuición a la “Armada” boliviana, lo que no impediría que Paraguay ocupase el Fortín Vanguardia, cercano a Puerto Suárez, como hiciera en 1928.

Dos razones colmaron la paciencia de Brasil, Argentina y Paraguay: rutas ineficientes y bloqueos de montoneros en Bolivia. En efecto, el trazo del corredor bioceánico elude a nuestro país al cruzar el Chaco perdido en guerra, apenas roza Tarija y desemboca en puertos del litoral escamoteado por Chile, y el centro del matuteo a Bolivia, que es Iquique y su Zona Franca (Zofri).

Los países vecinos ganan: Paraguay reafirma territorios disputados en la Guerra del Chaco; Brasil accede a puertos para su mercado asiático; Argentina se acerca a zonas donde seguirán explotando petróleo; Chile fomenta regiones conquistadas sin perder el contrabando boliviano. Bolivia pierde: ¿para qué desarrollar el hierro del Mutún si no hay energía, ni Hidrovía, ni puerto ni mercado?

El entrevero saca a relucir el centralismo de una capital de facto anclada en el altiplano y cautiva de su minoría aimara, y la necesidad de volcar el país hacia el Oriente cruceño, de paso dejando de lloriquear por el Litoral perdido y soñar con una Bolivia rival de Suiza, como sostenía un falso gurú de Evo Morales.

Las razones apuntan a la sorda pugna entre dos visiones de país en Bolivia: un desgobierno cocalero centralizado en La Paz, y la hegemonía urbana y económica de Santa Cruz. Tiene el trasfondo prejuicioso entre collas y cambas. ¿Para qué favorecer con inversiones a los cambas de Santa Cruz de la Sierra, megalópolis del futuro nacional, dándole acceso al mar mediante la Hidrovía Paraguay-Paraná y de yapa escarbando el Mutún?

Según Tim Marshall, autor de un reciente éxito de ventas del New York Times, Bolivia aunque sin mencionarla, el país sería uno de los “Prisoners of Geography”, que según Newsweek “sus mapas demuestran que la geografía da forma no solo a la historia, sino al destino” de los países. No recalaré en que Estados Unidos debe al etnocidio de los Pieles Rojas, y a vapulear a México para robarle la mitad de su territorio. El determinismo geográfico de Marshall tiene en Bolivia un caso claro dividido por la bifurcación altiplánica de los Andes, que la separaba del oriente y el sur tarijeño, luego de que la desidia nacional perdiera la vecindad mundial oceánica, el
trópico norteño y el sudeste chaqueño.

Sin embargo, encima perdimos el acceso al río Amazonas por un dignatario pachamamista preocupado de roedores silvestres o de pescado amazónico ausentes de su mesa ministerial. Recordemos que construir hidroeléctricas vadeando pasos mediante esclusas no es como conquistar la Luna o sortear el tramo de El Sillar.

Mientras en Bolivia empieza el triste proceso que llevan las incautaciones de ropa usada que luego aparecen en ‘tiendas’ y ferias, (sólo en Tarija fueron 4.5 toneladas hace poco), Europa monta fábricas que reciclan prendas usadas para nuevas prendas de vestir. Que los pillos y pícaras se apuren en presentar proyectos al Fondo de Desarrollo Indígena (FONDIOC), que experiencia tiene en robar impunemente por parientes con ‘muñeca’, o intercambio de favores sexuales que mancillan la honra de apellidos ‘originarios’ en su mayoría...

Quizá demuestra la levedad de una ciudadanía proclive a perder guerras y vender territorio en vez de vencer orografías adversas vertebrando el país sin componendas corruptas. Lo desnuda la reciente exclusión de Bolivia del proyecto bioceánico por su propensión a bloqueos y algaradas. ¡A rogarle al Perú por Ilo! Ojalá que esta vez no exijan soberanías ilusas (¿será para anclar acorazados, portaviones o submarinos nuestros?) en la generosa cesión peruana. Pero de por sí, es lamentable que con el veto paraguayo se pierda otro acceso al mar. Con el Litoral, las hidroeléctricas con esclusas en el norte, y la Hidrovía Paraguay-Paraná con un atracadero adecuado en Puerto Bush ya van tres.

Winston Estremadoiro