Opinión

4 de abril de 2019 14:48

El doble discurso del "proceso de cambio"


¿Será que en las espaldas bolivianas se pueden sembrar nabos?, es un estribillo que repito para rematar mis recientes notas. Nunca más apropiado que para remarcar un par de noticias en ese maremágnum que es la escena política nacional. Uno, hacen eco a reclamos de opositores respecto a 30 millones de euros que la Unión Europea retiró de una oferta al gobierno boliviano ligada a mejoras en el sistema judicial. Dos, me hizo reír que el Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA) declaró estatales las tierras disputadas por dos sectores en Albarrancho: al ser fiscales no pueden tener propietarios, dice. El vaivén entre llanto y risa evocó a la ópera de Leoncavallo y su conocida aria del primer acto, “Vesti la giubba”, en la que el payaso llora y se lamenta al vestir el disfraz jocoso, después suelta una carcajada irónica porque parafraseando una frase moderna, “el show debe continuar”.

No es la primera vez que la incompetencia pierde oportunidades para financiar el progreso nacional. En estos casos, prima que las mezquinas pretensiones de perpetuarse en el poder motivan las decisiones de los que mandan. Anteponen sus intereses, fueran personales o de grupo, a los que conducen al buen gobierno y a los intereses del pueblo. O se lavan las manos como Pilatos.

En el primer caso, se perdieron 30 millones de euros (casi 234 millones de pesos bolivianos) de loa europeos con destino a necesarias reformas judiciales, tal vez porque al Gobierno no le interesa la justicia, a menos que sea sumisa a la voluntad de los que mandan. ¡Un momento!, ¿no era que el orgullo nacional y el malgasto de recursos de épocas de vacas gordas hizo innecesario prestarnos plata de nadie?

¿Por qué entonces advierten que en 12 años de régimen de Evo Morales, de 2006 a 2017, la deuda pública aumentó de casi $us 6.000 millones a casi $us 14.000 millones de dólares? Casi el 40 por ciento “de lo que Bolivia produce en un año se destina al pago de la deuda pública externa e interna”. Deben ser alucinados los que documentan que “la deuda externa se elevó de $us 2.208 millones en 2007 a $us 9.428 millones en 2017, representa el 24,9% del PIB; el 122% de las exportaciones y el 93% de las reservas monetarias internacionales del año 2017. Se incrementó en $us 7.220 millones, que representa el 90,5 del incremento total de la deuda pública y una tendencia de 3,44 veces más que la deuda interna.” Vaya falso orgullo de impostor estar casi al nivel de Suiza…
En el segundo caso, la pugna de dos grupos de “loteadores” por terrenos que no pertenecen a uno ni a otro, sino quizá son legalmente de un tercero, el INRA declara que son fiscales y por lo tanto no pueden ser de nadie, sino del veleidoso e interesado Estado Plurinacional de Bolivia. Varios casos de torcer las normas para favorecer a sus leales, o lograr votos, se han dado en 12 años de régimen de Evo Morales.

Citemos el caso de los invasores del Territorio Indígena y Parque Nacional “Isiboro-Sécure” (Tipnis); su llamado Polígono Siete es lo que se llama un “fait accompli”, un hecho consumado por los traficantes de tierras en que se han convertido los cocaleros, cuyo mandamás ¡es también Presidente de los bolivianos! No es solo que la zona de un parque nacional haya sido invadida por advenedizos, sino que también justifican un camino que mata una región privilegiada por la naturaleza al atravesarla por la mitad.

Son a lo menos 4 los absurdos. Uno, es muestra palpable de doble discurso pachamamista del mismísimo “protector de la Madre Tierra”. Dos, es muestra palpable de la lengua bífida de poderosos en el Gobierno, al invadir y corromper a indígenas de las tierras bajas, en favor de grupos altiplánicos, siempre favorecidos si de proteger a los mestizos cocaleros se trata. Tres, es muestra palpable de la hipocresía gubernamental al promover con uñas y dientes una carretera sobrevaluada, tal vez en el molde de componenda corrupta que en Brasil ha identificado y encarcelado a muchos en el operativo Lava Jato. Cuatro, es muestra palpable tal vez munida de tolerante prejuicio al “indio”, que engrupe a europeos y estadounidenses con el blablá presidencial sobre la sagacidad de la política de “a buenas” con la hoja de coca convertida en cocaína, mientras en Bolivia se invade regiones y hasta áreas protegidas para cultivarla y procesarla.       

  Hoy se viven épocas eleccionarias. Aparte de la ventaja del “caballo del corregidor”, obvia en un país curtido del abuso de poder de quienes gobiernan, es tiempo en que los candidatos presentan una faz de “buenitos”. Lo peor es que la mayoría ignorante les cree, y la minoría pensante se resigna, quizá medrosa y suspicaz de lo que el abuso de poder gubernamental pudiera hacer.

¿Será que en las espaldas bolivianas se pueden sembrar nabos?

Winston Estremadoiro