Opinión

10 de marzo de 2019 11:30

Divertimento sobre pavadas

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Estos días nada más apropiado que sazonar un puchero carnavalesco para degustar en una k’oa en la que encomendemos casa y bienes en esta patria mestiza. Es bautizo de múltiples variantes en diversas culturas del mundo. ¿Qué tal una diatriba sobre pavadas de lenguas oficiales en Bolivia? Una opinión mía sobre el tema mereció una respuesta del Director General Ejecutivo del Instituto Plurinacional de Estudio de Lenguas y Culturas (IPELC). No lo conozco ni es mi amigo el señor. A mis años quizá ni soy antropólogo, sino antropófago, y degusto bocados de estupidez humana al comentar noticias o picotear temas de interés. Quizá llegaría a historiador si el devenir nuestro empezara con Colón en 1492, o con los 160 españoles que en 1532 le hicieran la celada a Atahualpa en Cajamarca.   

Concuerdo con el señor Director sobre sus comentarios de la importancia de la historia. En las lenguas, ni que se diga, aunque debemos reconocer que las hay moribundas, muertas, en desuso y boyantes. Con tales adjetivos inclusive se podrían clasificar las 36 que fueron santificadas de oficiales en la Constitución Política del Estado Plurinacional de Bolivia, que entre nubes de gas lacrimógeno en Sucre y fusiles fue aprobada en un cuartel de Oruro.

En las 36 “aprobadas”, igual que con los locos, ni son todas las que están, ni están todas las que son. Lo demuestra que 3 nuevas estén con la bendición constitucional en trámite: Joaquiniano, Kumsa y Paunaka. Yo distingo la primera, no tanto por ser “originaria”, sino que recordé a un heroico médico que desafió la fiebre hemorrágica para tratar enfermos de un mal que asoló una región del Beni, cuando dieron fin con los felinos y abundaron alimañas e insectos. ¿Usarán tal lección de los efectos perniciosos del abuso ambiental en las escuelas? Ojala que sí.

Pónganle una cruz al Canichana y el Pacahuara. Ya estaban muertas cuando se le ocurrió a algún salvador de la patria lo de plurinacional, plurilingüe y pluricultural, características que ya existían en la República de Bolivia antes del “proceso de cambio”, o “relevo de rateros”, como lo llamo. Reitero que están en serio peligro Araona, Machineri, Mosetén, Movima, Sirionó, Tapieté, Yaminawa y Yuki; en el borde del precipicio Bésiro, Cavineño, Chácobo, Esse Ejja, Guarayu, Mojeño-ignaciano, Mojeño-trinitario, Puquina, Tacana, Yuracaré y Zamuco. Hasta el quechua y el aymara están entre las 2500 en peligro de extinción. No lo digo yo, sino la UNESCO.

Lo rescatable de las lenguas es la aculturación, vale decir su entronque con el idioma de todos, el español. Nadie negará el derecho a legitimar quechua, aymara o guaraní; no obstante, objeto la insensatez de este Gobierno al “oficializar” 36 lenguas autóctonas, algunas extintas y muchas a punto de estirar la pata. Porque la clave de las lenguas son sus usuarios. Si no los hay, el esfuerzo es solo politiquero o tan iluso como revivir el latín: son muchos los que ni saben qué significa el “nihil obstat” de algún libro, o escuchan al cura decir “Dominus Vobiscum” sin saber lo que dice.

En suma, bastaba oficializar español, quechua, aymara y guaraní, y dejar las otras a cargo de eruditos que las estudien y promuevan, con el apoyo del Estado a través de Ministerios de Educación y Cultura. La tierra se nos muere, es cierto, pero dudo que preservar y recuperar lenguas indígenas la salve. Es más, los que se salven hablarán inglés y viajarán a distante planeta en naves que no proveerá la Agencia Espacial Boliviana.       

El informado burócrata dice que “la ciencia originaria salvará el planeta”. ¿Lo sabrá el indígena originario campesino que pescaba con dinamita y ahora tiene un muñón en su brazo derecho? Poco parecía importarle pedir permiso a la Pachamama. Lo encontré camino a La Asunta, que entonces alarmaba con sus 200 hectáreas de coca; hoy tiene más de 5.000.¿Qué tal los cocaleros advenedizos que invadieron el Territorio Indígena y Parque Nacional “Isiboro-Sécure” (Tipnis) en el infame Polígono Siete para sembrar coca, y se avienen a procesarla en droga vertiendo precursores en cursos de agua amazónicos? Poco parecen importarles la naturaleza y los espíritus de la laguna o del monte.     

Sin interesadas distracciones románticas, en mi opinión lo importante son los aportes de idiomas indígenas a la “lingua franca”, el español, que permite entenderse a benianos y tarijeños, a chaqueños y yungueños, a chiquitanos y orureños, en la variante dinámica de raigambre boliviana, dentro el mosaico variopinto que es el español latinoamericano. ¿Hay traducción de gemas cuánticas de Max Planck a las 36 lenguas oficiales de Bolivia?  Puede no ser requisito tener grado universitario, pero los que no lo tienen son sospechosos de llegar alto con el “llunquerío” y el blablá politiquero.       
  
¿Será que en las espaldas bolivianas se pueden sembrar nabos?

Winston Estremadoiro

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