Opinión

19 de febrero de 2021 11:46

Carnaval con dos pandemias


No me cayó jocoso el meme del soldado boliviano recordando el 14 de Febrero, cuando en vez de honrar el día de los enamorados, otra invención comercial gringa; deberíamos lamentar el arribo de los barcos chilenos que ocuparon Antofagasta. Sin embargo, me condolí de los niños que el día anterior vendían rosas. Lamenté no apreciar los pedacitos de monte venusiano que mostrarían los giros de las “muestra-calzón”, yo que otrora, aullido de lobo viejo de por medio, atesoraba tales lomeríos.

Flaco consuelo, en vez de ello me intrigué con una notita de “Uncommon Knowledge”, una compilación del “The Economist” sobre cosas extraordinarias que poca gente conoce: como la violencia domestica afecta la economía. Apropiado el tema, aunque Bolivia no existe para los jingoístas ingleses, tal vez desde que su reina Victoria tachara al país en un mapa del siglo 19. Sea lo que fuere, en tiempos agobiados por el Covid-19, las Naciones Unidas (ONU) la denomina “la otra pandemia”, que afecta al 55% de la población mundial.

Documentan que la violación es la forma más prevalente. En Sudáfrica ocurren 1.500.000 violaciones cada año. Arriba del “14% de las mujeres estadounidenses mayores de 17 años admiten haber sido violadas”; 11,6% en la pacata Suiza, 8% en Canadá. Ni el frio aplaca los ardores: 5, 9% en la gélida Finlandia. Sorprendió que los neozelandeses, que tienen una de las más altas tasas del mundo “desarrollado”, violenten a sus mujeres quizá porque los demonios de Tasmania eran bravos y hoy, casi extintos, andan ocultos por ahí. Si en la vecina Australia la violencia familiar es menor, en Nueva Zelanda le cuesta al Estado entre $2.700 y $4.700 millones anuales. ¿Cuánto costarán a Bolivia los gastos hospitalarios, las faltas o atrasos por mujeres lastimadas por tales incidentes, las asesorías psicológicas, la productividad laboral perdida? 

Como en el caso de homenajes mundiales a la figura femenina –Día de la Madre, de la Secretaria, de la Amiga Mujer, Miss Bolivia, Reina del Carnaval, de la Comparsa, de Comadres, del convite para celebrar los eventos, etc.--, sostengo que muchos de ellos tienen un sesgo maternal. Las leyes e instituciones que apoyan la disminución de este flagelo no pasan de ser simples saludos a la bandera. Aparte del marco legal, se han creado múltiples organismos privados que a veces no pasan de avivadas para conseguir dinero de donaciones. Muchos países han optado por emitir leyes que parecen escritas en papel mojado porque pocos les hacen caso.

Los asesinatos y las palizas son los rasgos más notorios de la violencia familiar. Según el Proyecto WomenStats, desde México hasta Chile ocurren más de tres asesinatos por cada 1,000 habitantes al año, aunque expreso mis dudas sobre irlandeses, franceses, españoles, portugueses, rusos y otros que no son ningunos santos. Encima de todo, la vergüenza social inhibe la denuncia de los infractores, que son mucho mas frecuentes que los delitos castigados.

En América Latina, son macho-machotes los mexicanos; macho-machitos los centroamericanos; moretones en son de salsa en Colombia y Venezuela; nalgas marcadas a ritmo de samba en Brasil; ojos moreteados en monolitos peruanos y bolivianos sin achacar a los pobres alienígenas ancestrales. En Bolivia el carnaval ha sido ocasión de golpizas a las mujeres, quizá entonados los ebrios con alguna mascarita por ahí. Bueno, quizá los más recatados delincuentes se desquitarán en la fiesta del Gran Poder con la venia de Jesucristo; en Urkupiña con la indulgencia y una piedra grande auspiciadora de favores virginales; en Santa Cruz de la Sierra, los “crucos” tienen a la Virgen de Cotoca y, además, de yapa, la “farra” del festejo del aniversario de la comparsa.

¿Será exagerado hablar de dos pandemias? Aun si con las vacunas ha disminuido el número de decesos, ahora se presenta el problema del acaparamiento de las inyecciones por los países ricos: diez de ellos han copado el 75% de ellas, sin tomar en cuenta que en esta danza macabra o nos curamos todos o no se inmuniza ninguno. A la fecha son millones los fallecidos. Solo en Brasil ya suman más de 200.000. Compárenlos con los dos millones de muertos por la violencia familiar.

¿Cuán grande será la zafra de violencia familiar de este año? ¡Son huevadas! La solución al problema mundial la dio la viejecita que solicitó el divorcio. “Viera usted”, narró a la juez, “mi marido me pega como a Jesucristo”. Se lo concedieron, y le fijaron una pensión mínima. Pasaron meses hasta que en un boletín de sucesos amarillos la magistrada se enteró que el pegador fue cocido a tiros por la anciana: había ahorrado peso sobre peso para comprar el revólver justiciero.

Winston Estremadoiro

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