Opinión

6 de enero de 2019 11:43

Sexo, sindicaciones y corrupción


Tropecé en una noticia sobre sexo, dinero y grabaciones, la fogata donde arderá el presidente de EE.UU, decía. Yo “le pelaba al gajo”, decimos en mi tierra, junto con Robert Mueller, fiscal especial a cargo de la investigación sobre la influencia rusa en las elecciones que llevaron a Donald Trump a ser mandatario del país más rico del mundo. 

Acababa de leer “Fear” subtitulado “Trump in the White House”, un best seller de Robert Woodward, sí, el par de Carl Bernstein que tumbó a Nixon por el escándalo Watergate en la “pepa” que publicaría el Washington Post. Desde que el elefante arrasó con la tienda de cristalería, alarmaban los asesores íntimos que renunciarían (o serían “renunciados”), sus abogados, sus ministros, los poderosos nombrados él: Kelly, Mattis, Dowd, Sekulow, Cohen, Manafort, Gates, Tillerson, Sessions, Priebus, Flying, McMasters, Bannon, Porter. Más de una docena, sin contar a los rusos.

”Siempre impulsivo, el Presidente cree que no necesita asesores”: en mitad de término ya van tres jefes de seguridad nacional, tres asesores de seguridad nacional, seis directores de comunicación, dos ministros de gobierno, dos Fiscales Generales, dos ministros de Defensa. Tal vez los únicos inmunes son Ivanka Trump, quien rehúsa ser una más del “staff” aunque muñequea en el entorno palaciego como la “Primera Hija”, y Jared Kushner, asesor especial (esposo de Ivanka).

Pobre Melania, una inmigrante más, que por suerte, ¿o racismo?, afecta menos a eslovenos y más a los “latinos”. Algo deben escocer la tormentosa actriz de cine pornográfico, y una “modelito” que conoció en “festichola” de un aniversario de la revista Playboy. La una fue silenciada con $us 130.000; la otra con $us 150.000. Yo mismo creía que su Talón de Aquiles era la trama rusa. Porque así como no se sabe a ciencia cierta si Rusia “ha usado” su influencia sobre Trump, no hay duda de que la tiene, dice algún analista, así solo tuviera una economía comparable a la del Estado de Nueva York, y China estuviera a punto de alcanzar a EE.UU, según Woodward.

En los casos de escándalos sexuales, no se trata de falso pudor por pagar devaneos, sino que ocurrieran después de que jurara como presidente: “las transacciones se convirtieron en presuntos delitos de financiación ilícita de la campaña electoral”, quizá porque su intención era silenciar con talegazos y proteger su imagen antes de la votación. 

Caras las canitas al aire de Trump, ¿no? Una nada comparadas con el tráfico de influencias de Gabriela para los chinos, ya que sumando las indiscreciones del presidente Trump, no llegan a la mitad de los 566 millones de dólares que dicen que la Zapata obtuvo en contratos al revolcarse con Evo Morales. El problema es que la atrasada Bolivia tiene la economía de una ciudad menor del “imperio”; tal vez el jefazo del “proceso de cambio” (relevo de rateros, digo yo) no quiere dejar la silla en que gobernó a dedo como multimillonario árabe en 12 años de auge de precios de materias primas.

Sea lo que fuere, sin ser pitoniso, peor “putoniso” y menos yatiri, me late que los desaciertos en claroscuro de Evo serán revisados con lupa en 2019. Y no hablo solo del “culebrón” de la joven falsa rubia, el bebe vivo, difunto y resucitado, y la re-re-reelección de Evo Morales. Son más de dos docenas de contrataciones “peligrosamente discrecionales” dice ERBOL. Apuntan al abuso de poder derivado de “la arbitrariedad con que se designa a las máximas autoridades de las principales entidades públicas”. 

 La lista de eventuales futuras sindicaciones incluye casos como 5 de 7 presidentes de YPFB, que en Brasil desencadenara el Operativo Lava Jato en PETROBRAS y en Bolivia nada; el slogan “ahora es cuando” se volvió emblema de ratería a “pobrecitos” indígenas del FONDIOC; el tren de Bulo Bulo-Montero quedo “chuto” al incumplirse; tres senadores del partido de gobierno MAS vendiendo visas a chinos; contratos irregulares en la Planta de Río Grande; la ampliación del permiso de la empresa LOTEX; ¿vendrán capitales al país si pinches estatales roban y venden bienes ajenos?: no todos tienen famosos actores como amigos.

 Como señala Humberto Vacaflor, falta investigar la millonaria corrupción de grandes contratos como la planta Gran Chaco; Bulo Bulo solo produce 28 por ciento de su capacidad y costó más de 300 millones de dólares; ¿Qué tal el sobreprecio de proyectos como el de la carretera asesina del TIPNIS? Por eso sostengo que la solución vendrá de Brasil, no de EE.UU. Al fin y al cabo, Donald Trump y Evo Morales tienen ambos la bragueta fácil, el uno populista de derecha y el otro de izquierda. La corrupción será su punto débil, y Jair Bolsonaro, asesorado por su ministro de Justicia, Sergio Moro, será el verdugo. A menos que en las espaldas bolivianas se puedan sembrar nabos.

Winston Estremadoiro