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4 de mayo de 2021 14:34

Soberanía a la carta


Hace unos días el Parlamento Europeo aprobó una resolución en la que condena la detención arbitraria e ilegal de la expresidenta Jeanine Añez y el modo como está procediendo la justicia, activando y desactivando procesos contra unos y a favor de otros; habla de la existencia de presos políticos, así como hace diversas consideraciones respecto de la situación política, social y judicial en Bolivia.

Aquella resolución ha desatado, en el plano político, indignación en autoridades del Gobierno y partidarios del Movimiento Al Socialismo (MAS), a la vez que algarabía en figuras de la oposición. Para los primeros aquella manifestación es injerencia e intervencionismo ya que Bolivia es un país soberano, y esa ha sido la letanía utilizada normalmente cuando una resolución es contraria a sus intereses, venga de donde venga.

La resolución ha sido impulsada por partidos de derecha y extrema derecha, eso es así y tiene esa sombra; no obstante, la misma fue aprobada por otros más y corresponde analizar si lo manifestado obedece a un mero color ideológico o está en relación con otros pronunciamientos emanados por otros distintos organismos (como la Organización de Estados Americanos o Human Rigths Watch, por ejemplo). De todas maneras, lo importante para algunos partidarios de “izquierda” es que nadie se meta con la soberanía, aunque eso le cueste a exautoridades la salud, la vulneración de sus ddhh y sufrir un sistema judicial corrupto; porque si hay algo claro es que les importa nada la justicia para las víctimas.

Lo curioso es que, ocasionalmente, tanto los que se posicionan en la dizque derecha y los que se afilian a la dizque izquierda usan el argumento de la defensa de la soberanía del Estado y aluden al principio de no injerencia consagrado en convenciones internacionales sólo si les conviene. ¡Evidente! Dirán algunos, ¡Qué lástima! les responderé, ya que ese modo de hacer política naturaliza el saltarse a la torera los principios y valores, y a muchos les parece normal (y hasta bueno).

Fuerzas políticas opositoras han señalado de injerencia cuando afines al MAS, del exterior, han hecho alguna declaración (por ejemplo Hugo Chávez o Maduro). El MAS no dijo que era injerencia cuando la OEA emitió una resolución para apoyar al Gobierno de Evo Morales en 2008, frente a las acciones de algunos prefectos para consolidar sus autonomías incluso bajo el riesgo de romper el orden constitucional, al contrario recibió con algarabía que haya un pronunciamiento sobre la situación, o cuando el secretario Almagro se refirió a la repostulación de Morales en una visita a Bolivia. Otro cantar resultó cuando, a invitación y con compromiso formal del Estado se realizó una auditoría integral a las elecciones de octubre de 2019, el Gobierno de Morales rechazó, despotricó y desconoció las conclusiones de la misma. Desde entonces, considera que la OEA no debe entrometerse en los asuntos del Estado boliviano, pues no juega en su cancha (no tiene moral afirman).

Muy proclives a la no injerencia y a la defensa a ultranza de la soberanía, se agradeció, saludó y celebró que el Foro de Sao Paulo en 2018 se haya manifestado públicamente “avalando” la repostulación de Morales o que en julio de 2020 haya emitido una resolución calificando al Gobierno de Añez de un gobierno de facto, y -entre otros puntos- exigiese la liberación de presos y presas políticas (vaya coincidencias entre uno y otro polo ideológico).

El hecho de que acciones atentatorias contra los ddhh y las libertades fundamentales, así como la “cacería de brujas” revanchista que propició el exministro Murillo contra gente del MAS, sea igualmente condenable que lo que hace hoy el nuevo gobierno del MAS, debería ayudar a visualizar que lo importante son los principios que determinan las acciones, no la antojadiza valoración de la realidad o el acomodaticio manejo de las leyes.

Soberanía diciendo ¿el Parlamento Europeo no puede declarar nada sobre los que pasa en Bolivia y sí lo puede hacer el Foro de Sao Paulo? ¿Cuál es el criterio para que uno pueda hablar sobre lo que pasa en el barrio y el otro no?

Lo de la soberanía y no injerencia, con el valor y sentido que tiene, muchas veces termina convirtiéndose en la oportunista justificación para que, quien detenta el poder, “haga lo que le dé la gana” y nadie pueda decirle nada, ni intervenir, aunque se estén cometiendo graves delitos, arbitrariedades y vulneración a los dd hh.

Para disimular el cinismo de algunas declaraciones, al menos podrían decir que todos pueden decir lo que gusten, igual se hará caso omiso.

Sergio Montes, sj es jesuita, teólogo y director de ANF

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