Opinión

17 de septiembre de 2019 15:08

Lo que Chi dice de nosotros mismos


En la última semana se ha hablado mucho del nuevo candidato del PDC, el coreano-boliviano Chi Hyun Chung. Por mucho que varios políticos digan que “no se le tiene que tirar pelota”, arguyendo que si llega al 3% será gracias a estar hablando por demás de él; es decir, que bajo su brillante y siempre lúcida lógica será nuestra culpa al indignarnos por su machismo y homofobia, y porque que haya machismo y homofobia. Pues bueno, creo que es electoralmente racional que piensen eso, porque mientras más hablen de él, menos terminarán hablando de ellos; por ende, la cámara que les otorgan para poder entrar al parlamento disminuiría y, como ya sabemos, les interesa entrar a éste y no la sociedad. 

Decido escribir de él sin ninguna intención de que logre siquiera un 3%, ya que eso sería un castigo para todos los que defendemos los derechos humanos, pero lo hago por algo muy sencillo: a diferencia de los políticos vivo con los pies, la cabeza, la billetera y el corazón en este país (al igual que casi todos los bolivianos que no pertenecemos a la clase política), y no creo que hablar del tema sea distraer del “afán real” de la elección, puesto que si no nos detenemos a hablar que Bolivia tiene un espíritu profundamente misógino y homofóbico, las elecciones no tienen sentido; porque no es sólo un loco, son muchos quienes piensan así y es responsabilidad política hacer algo al respecto.

A diferencia de ellos, no quiero hablar de una elección olvidándome del diario vivir de las bolivianas. Parece que a todos los políticos les gusta aparentar que les importa la ciudadanía en periodo electoral, pero con sus acciones demuestran lo contrario. Claramente les interesa ganar 22.000 Bs al mes mientras fingen que trabajan.

Las declaraciones de Chi son sin duda reaccionarias y lo que tristemente no sorprende son los comentarios de apoyo: los diferentes grupos en redes sociales se ven inundados por comentarios como: “Ggg las jailonas birlochas siempre son así a su ignorancia ay q aguantarle no más sino se quejan x feminicidio”; “A la cocina tonta del culo no entiendes nada”; “Rayada la tipa y muy muy cierto las palabras del chinito la mujer es la que provoca”. Este tipo de comentarios y reacciones abundan, y lo que es peor: existen muchos otros que son todavía más agresivos y es preferible, por salud, omitir. 

Decidí ser holgazán y revisar varios grupos de noticias en Facebook; calculé en total cerca de 30.000 personas que comentaron de forma positiva las declaraciones de Chi, en alrededor de 14 grupos de Facebook. Es decir: los políticos nos están señalando que nos tenemos que tragar que 30.000 personas crean que una mujer tiene roles predeterminados, que existan 30.000 personas que están dispuestas a ser violentas con las mujeres porque “no se comportan” y que existan 30.000 personas que crean que los homosexuales deberían estar en un psiquiátrico. ¿De verdad nos están pidiendo que nos traguemos eso? Si les importara un poquito este país estarían hablando de eso, si realmente les interesara que el día de mañana sus madres, hermanas, sobrinas, hijas, nietas y todas las mujeres estén libres de opresión de cualquier tipo, estarían hablando de eso; porque seguro que no son sólo 30.000 personas las que piensan así, son muchos más. La reacción positiva de la gente ante semejantes declaraciones nos dice que Bolivia está podrida como sociedad. ¿Es eso lo quieren que olvidemos para ver quién de ustedes gana las elecciones?


Para que no haya excusa y no sólo sea una derivación sesgada de mi perfil de Facebook los invito a ver la Encuesta Mundial de Valores en Bolivia, donde el grado de acuerdo de los bolivianos con los roles de género de las siguientes afirmaciones: “cuando una mujer trabaja la familia sufre”, “trabajar en casa es tan gratificante como trabajar afuera” y “cuando una mujer gana más que su esposo tenderá a tener problemas”, es del 66,6%; 65, 5% y 56,1% respectivamente. Dejo el dato para que no se les ocurra negar lo machista que es Bolivia.

Pero esto no nos dice, únicamente, mucho de nuestra sociedad y de los políticos que funestamente vemos todos los días; nos dice también de la pésima gestión que hizo el gobierno en cuanto a la cuestión de género; por mucho que la “tecnocracia de género” -ahora más plural y étnica- salga cada vez que puede a decir que ahora hay igualdad en los espacios parlamentarios y que el gobierno trabaja por la mujer, pues en tal caso es notorio que no hicieron nada para que las mujeres que no ganan 22.000 Bs dejen de sufrir opresión. 

El gobierno hizo poco o nada en tratar de sustituir el poder positivo patriarcal que nos domina y gobierna. Como bien señala Butler respecto al concepto de Foucault: “Ningún individuo deviene sujeto sin antes padecer sujeción o experimentar subjetivación”, en ese entendido el gobierno no ha realizado a lo largo de sus 14 años ni siquiera una investigación de los dispositivos de reproducción (invisibles) de sujetos patriarcales dentro de la sociedad boliviana; no han acometido ni el intento de hacer un análisis de los espacios sociales de identificación entre violencia y “hombría”, y, por ende, hasta ahora no se han asignado presupuestos realmente útiles para frenar la violencia machista y dejar de tener una mujer muerta cada 3 días; además del acoso, la violencia intrafamiliar y la discriminación que casi todas las mujeres sufren cada día. En otras palabras, no les importa este tema más allá de lo discursivo.

Con lo anteriormente mencionado no quiero decir que no es notable que ha habido cambios significativos (aunque nunca suficientes) en el imaginario colectivo que mantenemos, pero sin duda las mejoras y los cambios de éste son en realidad por las conquistas e influencias del movimiento feminista a lo alto y ancho del mundo; no así propias de aciertos del gobierno. 

Las sociedades disciplinarias y las sociedades de control están más presentes que nunca y están completamente impregnadas del heteropatriarcado antes que cualquier otra forma de poder o jerarquía. Que esto se mantenga no es por arte de magia, naturaleza o divinidad de algún tipo: es por ineficacia, descuidado, negligencia y abandono sistemático de los asuntos de género por parte de toda la clase política boliviana.

Los únicos que han presentado propuestas son colectivos; propuestas que, con gran convicción, el gobierno ha rechazado, porque no son afines al partido y obviamente porque su convicción es ser machista; nos agrade o no María Galindo, debemos reconocer que es de las pocas personas que tiene una propuesta seria de estudio para transformar nuestra triste y asesina sociedad.

La normalización de la opresión y la violencia en razón de género por parte de la sociedad y del sistema de justicia es nuestra culpa y la del gobierno. Debemos hacernos cargo de ella y exigir un verdadero plan político, social, educacional y cultural en este respecto que hoy por hoy es notablemente carente en todos los planes de gobierno de los diferentes partidos, porque como no me cansaré de repetir, a los políticos poco o nada les interesa como está la sociedad y sus ciudadanos.

La justicia no mejora porque convierten el problema en un asunto individual, en un mero hecho policial, ignorando todo un contexto y estructura patriarcales en los que éste se desarrolla, y del que obviamente la justicia no es excepción; pero la soberbia y patriarcal inteligencia de los señoritos del ayer y de los “nativos” de hoy no les deja dilucidar eso.

En cuanto a María Delgado, sólo queda felicitarla por tener convicción y no dejar que se hable cualquier ideotez. De por medio quisiera agregar que es nuestra tarea preguntar por qué aún el periodismo (en su estado mercantilizado) da cabida a mensajes de odio y discriminación con la excusa retórica de lo que mal llaman libertad de expresión (aunque esa ya sea harina de otro costal y de otro texto). 

Para finalizar, no quiero que se piense que este artículo es nada más para criticar al resto. Al contrario, esta sociedad enferma la conformamos todos, y todos nosotros reproducimos en mayor o menor forma patrones patriarcales. En tanto sigamos jugando al fútbol mientras nuestra madre plancha nuestra ropa y nuestra hermana cocina, reproduciremos este virus cada día; mientras sigamos pensando en el amor como posesión o propiedad, seremos parte del problema; eso entre otros miles de patrones que mantenemos, sin importar que algunos estén ya más o menos deconstruidos. No podemos ser indiferentes porque el patriarcado está en todos nuestros actos, pensamientos y conductas. Debemos saber identificar tales espacios y combatirlos de forma efectiva. Lo debemos hacer por nuestra cuenta, ya que está claro que ningún partido pretende hacerlo, y para aquellos que gusten aún de saltar gritando una consigna: recuerden que sólo combatiendo el patriarcado con feminismo podremos tener lo que en realidad representa más democracia.

Sergio Manjón es estudiante de Ciencias Políticas en la UCB-La Paz

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