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23 de mayo de 2020 11:55

Los verdes, peor o igual que los azules

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A estas alturas, luego de estos inesperados seis meses de gestión de gobierno, en casi todos los niveles y dimensiones, se puede observar nítidamente, las malas e insanas mañas del partido verde, en función de gobierno. Por ello, es vox populi en las calles y en las redes, esta expresión: “son más mañudos y delincuentes que los azules”.

De manera fortuita, y absolutamente accidental, llegaron al gobierno en un momento extremadamente delicado y complejo. La movilización ciudadana había propiciado la salida de Evo Morales, después de un cumulo de protestas y descontento social, sobre todo de las clases medias, quienes durante 21 días, en las calles, resistieron y lucharon contra el régimen masista; logrando la histórica salida y la renuncia del caudillo, quien durante cerca de 14 años, había ejercido el poder de manera discrecional, abusiva y autoritaria. Claro, en estrecha complicidad de los mal llamados “partidos opositores”, quienes propiciaron, con su ceguera y estupidez, primero, la asunción de Evo Morales al gobierno, luego, esa alta e inédita concentración de poder, en dos gestiones consecutivas.

Debo confesar que, en un principio, a lo mejor por las circunstancias especiales, me entusiasme con Janine Añez, debido a su condición de mujer –pues históricamente está demostrado que ejercen más sanamente y mejor el poder- y esa extrema valentía de asumir la presidencia en un momento singular y, en extremo, delicado.

Evo Morales y el MAS, con esa macabra estrategia de convulsionar al país, incluso propiciando una guerra civil, todavía pretendían retomar el poder. Ese poder que impensada e inesperadamente pierden el 21 de noviembre; pues ni en sus más remotas elucubraciones, consideraban esta posibilidad.

Janine Añez, puso de manifiesto su enorme valentía, al asumir semejante responsabilidad, en un país convulsionado. Con descomunal financiamiento, el MAS, sembrando pánico, alentaba y pagaba a grupos de choque. En esas circunstancias, quizá, ningún político hubiera tomado esa decisión.

Asumió el poder con dos misiones capitales: pacificar al país y administrar, en su condición de gobierno transitorio, un nuevo proceso electoral, garantizando una intachable transparencia.

Los primeros días fueron especialmente duros. Empero, en base a negociaciones y acuerdos políticos, logro consensuar la ley de convocatoria para las nuevas elecciones. Consigue también conformar, aunque con cuestionamientos, un nuevo Tribunal Supremo Electoral, con la presencia, en la cabeza, de un notable profesional, especialista en procesos electorales, como es Salvador Romero Ballivian. Su designación, revistió de certidumbre al nuevo proceso electoral. 

También, aunque frágilmente, logra aquello que, en ese momento, todos los bolivianos ansiábamos: la pacificación del país. Luego de esos traumáticos 21 días de lucha en las calles, con amenazas de “guerra civil. 

Con esos resultados, inicialmente, su imagen se posiciona en la cumbre, con un extraordinario capital político. 

Sin embargo, poco después de la publicación del calendario electoral, decide abandonar esas tareas fundamentales y se habilita como candidata. Ahí se desnaturaliza su gobierno. Convencida, obligada tal vez, por los mediocres y cínicos políticos militantes de su partido, pues consideraban que era su mejor momento y que la historia difícilmente podría depararle un otro similar. 

Miopes ellos, sin capacidad de visualizar el horizonte de mediano plazo, pues con ese capital político, era mejor reservarla para las elecciones del 2025. Ella se hubiera constituido en la mejor candidata, con la potencialidad de frenar “en seco” las aspiraciones de Evo Morales y el MAS, de retomar el poder. Janine Añez, al margen de pasar a la historia, administrando un proceso electoral transparente, hubiera otorgado tranquilidad a los bolivianos en las elecciones del 2025; pues, con el tamaño de su capital político, no hubiera tenido rival.

Empero, primo la miopía, la estupidez y ambición de los militantes y políticos del partido verde. En función de gobierno, la adicción al poder y a la administración de los fondos públicos, creció incontrolablemente. Sacan a flote todas esas mañas pestilentes que tanto habíamos cuestionado del régimen masista.

Quizá no ella, pero los militantes su partido, con inusitada premura, comenzaron a beneficiarse de los fondos públicos. Primero en Entel, luego en YPFB y, ahora, con algo absolutamente inverosímil e imperdonable. La compra de los inservibles respiradores, además con un sobreprecio que deja lejos, por las circunstancias, a todo lo que el gobierno del MAS habría comprado con sobreprecios que, dicho sea de paso, fue su práctica cotidiana.

Han traicionado vilmente al movimiento ciudadano, que se alzó en las calles demandando un cambio radical en la forma de hacer política. Es decir, un cambio sustancial en lo político; recuperando su esencia, después de tanto abuso, arbitrariedad y corrupción del régimen azul.

A estas alturas la desilusión y la decepción es enorme. Reprodujeron las mismas prácticas patrimonialistas. Utilizan los bienes públicos a su antojo. Designan a funcionarios públicos, en los más altos niveles de la administración del Estado, sin ningún criterio, solo a partir de la militancia. Se olvidaron de la idoneidad y la meritocracia. Han reciclado también a antiguos “ladrones fiscales” de voraz apetito cleptocrático, al mismo tiempo que se rodean de funcionarios incapaces, ineptos e ineficientes, de modo tal que en seis meses de gobierno ya están completamente podridos. Ese pernicioso proceso, a los azules, les tomo más de una década. Es profunda la indignación. 

Con desazón y perplejidad, se puede afirmar que los verdes, son peores o iguales que los azules.  Haciendo negocios con la pandemia, mientras miles de ciudadanos sufren las peores penurias con sus efectos.

Rolando Tellería A. es profesor de la carrera de Ciencia Política de la Universidad Mayor de San Simón
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