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Opinión

Recaudos teóricos en el análisis de la situación política

16 de Junio, 2025
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El objeto central de esta columna es la teoría, es decir aquel medio intangible que mueve las acciones, acertadas o desacertadas, de los hombres y que debería ser útil para, desde la escuela teórica que se asuma, servir a la realidad. Cuando la realidad se presenta tras una situación nebulosa, no sólo pone a prueba la consistencia de los análisis teóricos, sino puede ocasionar la confusión, en el uso de muchos de los elementos teóricos. 

Una primera idea sobre el tema nos adelanta que los recaudos teóricos demandados por la particularidad de una nebulosa situación política, conllevan reformulaciones teóricas y conceptuales. La profundidad cognoscitiva que por medio de estos instrumentos pueda alcanzarse, así como su validez, encuentran en último término su prueba en la realidad, a la que pretenden comprender. 

Tenemos dos puntos en esta problemática: los recaudos teóricos y la situación política. Aunque esta última es el “objeto” de referencia, no puede asumírsela como un objeto fijo, anclado en un tiempo y en un espacio abstractos. En una situación confusa, debe entendérsela como una realidad dinámica; propiedad que connota el carácter nebuloso de este tipo de situaciones. 

Tratemos ahora de ilustrar la necesidad del recaudo y de la reformulación, tanto propositiva como conceptual. Pensamos, para el primer caso, en la teoría de la lucha de clases de acuerdo a la media ideal marxista y, para el segundo, en el concepto cultura. 

Asumida la teoría de la lucha de clases como válida (en el entendido que toda sociedad se encuentra atravesada por diferencias socio-económicas internas) es conveniente distinguir las formas específicas de ella. Durante los dos últimos siglos, esta teoría ha girado en torno, principalmente, a la contradicción entre burguesía y proletariado, como explicitación de las contradicciones internas del modo de producción capitalista. El desarrollo de este modo productivo, ha sido posibilitado en último término por la evolución del propio capital. Evolución que modificó, en su composición interna, la relación entre los tres capitales y cambiando en el plano socio-político, los términos de la lucha de clases, apuntada por la teoría marxista. 

A tal punto es ello válido que hoy no puede afirmarse que esa lucha se desarrolle, en lo principal, entre burgueses y proletarios. La modificación de la composición orgánica del capital, ha reducido grandemente la importancia relativa del capital variable (= obreros) con respecto al capital constante y, principalmente, al capital tecnológico. Con el desarrollo de las nuevas tecnologías, en particular la robótica, la nanotecnología y la inteligencia artificial, es válido conjeturar con la idea que la humanidad ya cuenta con la plataforma tecnológica básica requerida para sustituir en una muy grande medida, a la fuerza humana de trabajo en la producción. Si no se lo ha hecho, entre otras razones, es por la hecatombe social a nivel global, que ello ocasionaría. 

En América Latina, también el concepto cultura se encuentra bajo la necesidad de su reformulación. Históricamente se ha asociado en esta región, culturas nativas con clases empobrecidas. Ello habla de la alta correlación entre origen étnico-cultural y posición socio-económica. Esta fue una de las razones por las que los conceptos “clases explotadas” y “culturas nativas” son intercambiables y, según apuntaba René Zavaleta Mercado, se asumía la lucha de clases como la lucha de las culturas nativas. Estamos, pues, ante conceptos no fijos, sino mutables. 

La relación entre ambas nociones es una relación dinámica y no estática; es decir, su propiedad de intercambiarse se encuentra en función de las necesidades discursivas de habilitar a una u otra. Así, dependiendo del contexto político, se acentúa el carácter clasista de la contradicción social o se destaca el contenido étnico, pero siempre se trata, en las sociedades latinoamericanas (de manera notoria en países como Ecuador, Perú o Bolivia), en gran medida del mismo sujeto social. 

La actual situación política boliviana se presta para ejemplificar nuestras consideraciones generales. Esta situación forma parte de la coyuntura larga inaugurada el 2006, pero sus particularidades la convierten en una coyuntura iniciada el 2019, luego de la exitosa resistencia nacional-democrática al proyecto totalitario-delincuencial que encarna el Movimiento al Socialismo (MAS). Son las particularidades de la presente coyuntura corta, las que demandan un determinado tipo de análisis. 

La coyuntura larga se inició como fruto de una alta agregación social en torno al discurso cultural indígena y campesino, y se cierra hoy en día, con la desagregación. El flujo y el reflujo social, respectivamente, condicionan los recursos metodológicos para el análisis. Puede decirse que, en situaciones de flujo social, el análisis deberá concentrarse en las direcciones políticas y sindicales, mientras que en situaciones de reflujo, por el contrario, deberá hacerlo en las fuerzas y clases sociales. ¿Por qué? 

Debido a que, en el flujo, la alta agregación acerca a las clases sociales en cuestión, a la captura del poder político, por lo que los márgenes del juego táctico se estrechan. Esto quiere decir que las decisiones equivocadas en tales situaciones, pueden devenir en errores estratégicos. El laboratorio, para la toma de decisiones, se encuentra por tanto en las direcciones y en último término, en los liderazgos. 

En situaciones de reflujo el foco del análisis, por el contrario, deberá centrarse en la dinámica de las fuerzas sociales, por cuanto en estas situaciones el objetivo del poder se ha distanciado lo suficiente como para que los márgenes del juego táctico se amplían. Aquí, las direcciones tienen su influencia disminuida para determinar la dinámica de las fuerzas sociales y en rigor, se limitan a seguirlas. El cómo las siguen, habla de la concepción de la política que esas direcciones tienen, por cuanto no todo reflujo es similar. Hay reflujos en desbandada, los hay como repliegue ordenado y hasta puede hablarse de reflujos patéticos, en los cuales, los actores políticos se niegan a reconocer la situación socio-política y tratan de revertirla, a fuerza del simple voluntarismo. 

Con todo, la situación misma del reflujo nos dice que se asoma una nueva coyuntura estatal y social. Ello quiere decir que nuevos lineamientos, en todos los órdenes (político, social, institucional, económico, etc.) regirán próximamente la vida del Estado y de la sociedad. En contrapartida, queda claro, la fuerza de los lineamientos vigentes hasta ahora, se ha agotado. 

Vimos que el análisis de situaciones políticas particulares demanda estar atento al objeto de estudio, a fin de seguirlo y comprenderlo. Esta exigencia presupone la admisión de la reformulación de teorías y conceptos. Las nociones, por ejemplo, de “izquierda”, “derecha” (en su acepción tradicional), resultan poco útiles en esas circunstancias, para describir a las fuerzas políticas y sus propuestas. También resultan cuestionables las teorías que asumen a lo popular como portador natural de banderas de izquierda y de la democracia. La historia conoce varios ejemplos donde lo popular resultó portador de proyectos conservadores y antidemocráticos. De igual manera, la burguesía, pensada tradicionalmente como portadora natural de proyectos conservadores y antidemocráticos, puede devenir en determinados periodos históricos, levantando planteamientos democráticos y renovadores. 

En cualquier caso, lo importante no son las etiquetas de las fuerzas políticas, ni los orígenes de clase, de las fuerzas sociales en pugna, sino los proyectos democráticos o totalitarios que portan. Por cuanto, al final de cuentas, en rigor, no se milita en partidos políticos y ni siquiera en clases sociales, sino en principios: democráticos o antidemocráticos. 

El autor es sociólogo y escritor

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