Opinión

10 de agosto de 2018 09:20

"Problemas en el paraíso"


En el libro de Zizek “Problemas en el paraíso: Del fin de la historia al fin del capitalismo”, el autor explica el porqué de su título haciendo referencia a la obra maestra de Ernst Lubitsch de 1932 “Trouble in Paradise”, la historia de Gaston y Lily, una pareja de felices ladrones, cuya vida se complica cuando Gaston se enamora de Mariette, una de sus víctimas ricas.

Zizek cuenta cómo Gaston se arrebata por única vez en la obra, cuando Mariette se niega llamar a la policía cuando él le dice que el director de la junta directiva de su empresa llevaba años robándole millones de manera sistemática. El reproche de Gaston es que, mientras que Mariette enseguida está dispuesta a llamar a la policía cuando un ladrón vulgar como él le roba una cantidad pequeña de riqueza, no le importa hacer la vista gorda cuando un miembro de su propia clase alta le roba millones.

Parafraseando un poco. ¿Acaso en el país no se actúa como lo hizo Mariette en la obra de Lubitsch? Se arma todo un escándalo por el robo de la medalla presidencial y otros símbolos pero se calla ante el robo sistemático y estructurado de los recursos públicos; se protesta superlativamente por un robo mínimo comparado con el saqueo constante del erario público por parte de la clase política. Las autoridades se preocupan al máximo del robo de los símbolos presidenciales pero muestran una horrenda indiferencia por, no sé, proteger la democracia.

¿Acaso no podríamos usar la famosa afirmación de Brecht: “¿Qué es robar un banco comparado con fundar uno?”, ¿Qué es un robo directo como el perpetrado al militar custodio mientras, en estado de ebriedad, visitaba un prostíbulo en El Alto, comparado con los millones escamoteados bajo la guisa de oscuras operaciones gubernamentales, coimas de seis ceros, desfalcos a instituciones públicas corporativamente perpetrados, malversación, corrupción y derroche de dinero público?

¿Por qué la clase política se indigna ante un robo relativamente pequeño pero hace de la vista gorda ante robos millonarios cuando el criminal no es un vulgar ladrón sino uno de su propia casta, de su rubro?, ¿Hay una complicidad? ¿un código mafioso acaso? ¿Existe una suerte de “hermandad” en el mundo del hampa de cuello blanco o mejor dicho, de atuendo azul? Lo cierto es que la ley ha dejado de ser igual para todos hace mucho y quizás lo ocurrido con la medalla es tan sólo una metáfora de lo que en realidad sucede en el poder.

Está bien indignarse por el robo de la medalla presidencial pero para ser coherentes, hay que indignarse también por el latrocinio público que ha alcanzado niveles siderales. Por el gobierno de la cleptocracia y la plutocracia, por el despojo de derechos, la usurpación de la democracia, la violencia estatizada, la descarada subasta de nuestros recursos naturales y la confiscación sin retorno del futuro de nuestras hijas e hijos.

Paola Cortés Martínez es abogada, docente investigadora en varias universidades del país y máster en Derecho Ambiental.
Twitter: @paocortesmar