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Opinión

20 de enero de 2022 09:08

Vacunación forzada y rechazo

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El surgimiento de movimientos en rechazo a la obligatoriedad del carnet de vacunación, en la que se empeñaba el gobierno, constituyó lo inesperado, el elemento sorpresa, en estas últimas semanas. Resultó tan sorpresivo para el gobernante Movimiento al Socialismo (MAS), que desnudó la debilidad de las estrategias, de los distintos grupos en este partido. El tratamiento que dieron a este elemento sorpresa fue el de pretender su politización, ignorando el fundamento mismo, implícito, de la protesta.

En un inicio ha contribuido para ello, inevitablemente, el pedido de los grupos de rechazo, consistente en la abrogación de los decretos 4640 y 4641, por medio de los cuales el gobierno chantajeaba a la población con no acceder, principalmente a los servicios bancarios, si no presentaba el carnet de vacunación. El segundo elemento de la sorpresa estuvo dado por los propios grupos de rechazo. Así, en medio de ambos elementos sorpresivos, se ha expresado la pugna interna del MAS y las respectivas estrategias, a las que esos grupos responden.

La forma dictatorial con la que el gobierno intentó obligar a la población a la vacunación, fue consecuencia de los hábitos totalitarios que caracterizan, desde siempre, a este partido. Por ello, en esta ocasión, esos hábitos fueron vividos como lo que son: una agresión a diferentes grupos de la población, principalmente gremiales, campesinos y trabajadores por cuenta propia.

La agresión resultó múltiple. Desde lo evidente, en una administración que se supone democrática, como fue la toma de decisiones de impacto general de manera no dialogal ni consensuada. La inclinación antidemocrática del MAS fue de tal extremo que atropelló distintos preceptos constitucionales; aunque esto último es lo que menos importó al tribunal “constitucional” y al resto del “poder” judicial. Sabido es que todas estas instituciones no actúan sino como simples correas de transmisión de los deseos del poder ejecutivo. Finalmente, también supuso una agresión a un universo cultural, que se asienta, en esta materia, en lo que conocemos como medicina tradicional.

Probablemente este último elemento sea el de mayor importancia, a la hora de evaluar las raíces de la protesta, pero también fue el elementos más ignorado durante el desarrollo del conflicto. El desarraigo cultural que expresa el MAS tiene larga data y se manifiesta en líneas de acción tales como la banalización de lo cultural, la mercantilización de sus elementos y su instrumentalización con fines políticos particulares. Sin embargo, en este caso, lo cultural no debería ser considerado únicamente como un elemento exótico, para su exhibición comercial a través de los Medios de comunicación. Al contrario, es lo cultural lo que ordena y otorga sentido a las interrelaciones, en una sociedad multicultural.

Los antecedentes tanto de la agresión como del desarraigo se afincan en fuentes ideológicas, institucionales y políticas. Ideológicamente, el MAS jamás ha expresado seriamente una visión multicultural, porque como proyecto político delincuencial simplemente no necesitaba de tales sutilezas. Al contrario, lo que le ha interesado fue desmontar la institucionalidad democrática republicana, para ponerla al servicio de su demencial proyecto. En ese marco se inscriben las menudas pugnas internas de este partido, entre la forma delincuencial abierta que representa Evo Morales y la forma delincuencial encubierta, que representa el actual equipo gobernante.

Lo interesante, con todo, es observar la localización de los grupos de rechazo a la imposición masista. Esa localización retrata la pobreza en la administración gubernamental de este partido, ante sus propias bases. Así, en este punto tenemos dos consideraciones: la localidad de los grupos de protesta y los efectos políticos, en el MAS, que ocasionó tal protesta.

Globalmente, los grupos antivacuna provienen, en lo social, de los estratos populares, particularmente campesinos, gremiales, trabajadores mineros; grupos de los que se nutre la base social de apoyo de este partido. Esto quiere decir, a la vez que, en lo político, los grupos de rechazo no son grupos de “derecha”, apoyados por el “imperialismo”. En lo ideológico, pero, también comparte el MAS una misma fuente con ellos. En este caso, la diferencia radica en el grado de pertenencia a esa visión del mundo (o sea, a esa ideología), que muestran tanto el  MAS como los grupos de rechazo. Mientras que para el MAS y la dirigencia sindical corrupta, habituada a vivir de la prebenda estatal, el discurso multicultural e incluso campesino es apenas un instrumento demagógico, las bases que se encontraban en la protesta, sí creen en tal discurso. Esto incluye, para el caso, una mayor valoración a la denominada medicina tradicional (asumiéndola, en esta ocasión,  como un indicador socio-cultural), en comparación a la medicina académica.

Así como la oposición misma a la vacunación forzada, que dictatorialmente pretendía imponer el MAS, fue una sorpresa, también lo fueron los efectos que ha provocado en la menuda viva interna de este partido. Fue una sorpresa, mucho más para los dirigentes de cada una de las fracciones internas en pugna. La fracción de la delincuencia organizada abiertamente, que pretende su retorno al gobierno vía Evo Morales, luego de su reunión callejera, en noviembre pasado en La Paz, había mostrado un avance en el control de los mecanismos internos de este partido y por medio de ello, un avance sobre puestos claves de la administración del Estado. Tal es así que este sector se hizo de la Procuraduría de la nación y de la Fiscalía, con principal empeño en la del distrito de Santa Cruz, por medio de entusiastas agitadores políticos a la cabeza.

Las condiciones, pues, parecían estar dadas para lanzar la operación “cacería de brujas” y “descabezamiento político de la oposición”, durante este 2022 y el próximo año. Pero las pugnas internas, en medio del conflicto por la vacunación forzada, ha puesto en evidencia ante la población de base, masista o no masista, que el punto de la discordia no es sino cuál de los grupos tendrá el dudoso privilegio de retomar el proyecto delincuencial truncado.

Más allá de la resolución de esta mezquina pugna (resolución temporal que podría expresarse en una futura recomposición del gabinete ministerial) e incluso más allá del paso atrás dado por el gobierno en la exigencia del carnet de vacunación, lo cierto es que el impasse dejará huella en la vida interna del partido de gobierno, así como en cada una de las fracciones en pugna y la viabilidad de sus respectivas estrategias.

Omar Qamasa Guzmán Boutier es escritor y sociólogo 

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