Opinión

9 de julio de 2019 12:10

La Paz, ciudad rebelde

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Decir que la ciudad de La Paz ha adquirido su carácter de ciudad indómita a través de la historia, es referirse solamente a una parte de la explicación. Y aunque esa parte cierta es muy importante, también es cierto lo que no llega a decirse. La característica de ciudad rebelde se alimenta de varios “signos”. Así, tenemos, desde la colonia, simultáneamente signos rebeldes con contenidos progresistas unas veces y las más, con contenidos conservadores; tenemos también estos contenidos que se irán repitiendo unas veces en alternancia y otras de manera simultánea. Precisamente esta simultaneidad y/o alternancia -según los casos- conllevan lo que no se dice, en la afirmación que abre estas líneas, referidas al carácter de esta ciudad. 

En gran medida es válido decir que la simbólica fecha del 16 de julio sintetiza esa conjunción paradójica, del sentido de la característica de La Paz: rebelde y en varios pasajes a la vez  conservadora. Aunque es también cierto que en uno u otro período histórico la rebeldía y el contenido conservador pudieron expresarse en un evento histórico, cargado del simbolismo de la libertad, como se ejemplifica precisamente en el 16 de julio. Este hecho contradictorio en realidad respondió a la coyuntura larga abierta con el período post-Katari y complementada con la fase de conflictos anti-españoles en la ciudad, inaugurada precisamente en 1809, dando inicio a la guerra de la independencia. 

Aquí tenemos entonces actos de rebeldía, portadores, sin embargo, de un proyecto reaccionario, como ya en algún momento anotara René Zavaleta Mercado al referirse a los masivos movimientos independentistas de nuestro continente. En esa conjunción, el contenido conservador no disminuye la dimensión rebelde del movimiento. En el caso de La Paz, además, no puede dejar de considerarse la experiencia que supuso la sublevación indígena encabezada por Tupac Katari. 

El cerco a La Paz, en 1781, efectivamente educó a la masa en la escuela de la multitud en acción. Y aunque puede argüirse, para cuestionar nuestro razonamiento, que esa educación se refiere no tanto a la población intramuros de La Paz, sino a la que, extramuros, la acechaba, la interacción misma del cerco extendió esa experiencia formadora, de fuera de La Paz hacia su interior. Por otro lado, sobre la base de esta experiencia se asentará el desarrollo del carácter rebelde, explicitado por medio de la revolución del 16 de julio y la consiguiente guerra de la independencia desatada luego. En este sentido, pues, resulta también cierta la influencia que ejerció el cerco del siglo XVIII, en la conformación del carácter rebelde de esta ciudad. Se trata de una característica, en este orden, constitutiva del “espíritu paceño” que, a lo largo del tiempo, se mostrará una y otra vez. 

La manera en que se definió la revolución nacional de abril de 1952 lo ejemplifica. Los combates de los tres días que duró el enfrentamiento, se condensaron en esta ciudad, mostrando la asimilación final de la característica que estamos señalando. En este caso, la multitud rebelde estuvo conformada principalmente por la clase media, los obreros y el lumpen; todos ellos constituyendo al actor social colectivo que propinó la derrota al ejército, para abrir las puertas del proceso de la revolución. Con ello, también se abrieron las puertas de la ciudad y una primera ola migratoria de significación entró en ella. Quedó, por tanto, también modificada la misma composición socio-cultural de la urbe. A ello se refería Zavaleta Mercado cuando, a principios de la década de 1970, nuevamente ensayaba una evaluación de la revolución del 52 y escribía que las calles de La Paz resultaron de pronto angostas. 

En similares términos de articulación social responderá la población paceña, luego, en noviembre de 1979. La resistencia al golpe del 1 de noviembre de ese año y la consiguiente defensa de la democracia representativa, tuvieron como actor central a la multitud paceña. Al igual que en los dos casos anteriores (la revolución del 16 de julio y las combates de abril del 52), también en noviembre de 1979 se condensó en la ciudad de La Paz el ambiente general que se vivía a nivel nacional. El que en cada uno de estos tres eventos históricos la atmósfera general reinante se pudiera condensar en La Paz, nos habla, claro, de la gravitación de esta ciudad, como centro no solamente político del Alto Perú primero, y luego de la república. Pero junto a esta condición estructural tenemos las experiencias históricas acumuladas y entre ambas potenciaron el carácter de rebeldía, virtualmente en todos los sectores sociales de esta ciudad. 

Ello se mostró en la actual coyuntura larga (2003 – 2019), cuyas tres fases o coyunturas cortas marcan la constante de la característica que comentamos. En la primera fase (2003 – 2006), la fuerza de la rebeldía estuvo orientada básicamente a derrumbar el modelo radical de libre mercado. La correlación social de fuerzas favorable a esta voluntad general benefició políticamente al Movimiento al Socialismo (MAS), dado que éste se constituyó en torno a las organizaciones sindicales. En la segunda coyuntura corta (2006 – 2014), la situación se caracterizó, en términos generales, por la ratificación del rechazo al “neoliberalismo” y sus representantes políticos; lo cual nuevamente terminó beneficiando al MAS. Aquí conviene diferenciar el rechazo al neoliberalismo del (supuesto) apoyo al MAS. Aunque este partido resultará, una vez más, beneficiado del rechazo al neoliberalismo, no debe confundirse una cosa con la otra. Esto, porque de lo contrario no podría comprenderse el viraje socio-político que se observará en la tercera fase (2014 – 2019). Como se recuerda, es en esta fase en que la característica de ciudad rebelde se expresará notablemente, reactivando, a su vez, las estructuras subyacentes en una multitud (la población paceña) en estado de protesta. 

Preguntarse por la razón, debido a la cual una ciudad que hasta poco antes del 2014 se constituía en uno de los bastiones del MAS, se convirtiera en una de las plazas opositoras más sólidas, es del todo pertinente. Resulta sorprendente este viraje ocurrido en un corto plazo de tiempo. Ello significa que la misma ciudad y hasta la misma generación de habitantes, es quien expresa este sorprendente viraje. La explicación de ello se encuentra en lo que ya hemos adelantado. Antes que suponer un apoyo a la propuesta del MAS, el comportamiento de esta ciudad siempre fue de rechazo, principalmente, al proyecto neoliberal vigente. Por lo cual, los pasajeros beneficios que colmaron al MAS no significaron, ni mucho menos, muestras de lealtad política e ideológica de La Paz, hacia el MAS. Al mismo tiempo, debe considerarse la función que en este viraje cumpliera la acumulación de experiencia política y democrática. En efecto, fue la “acumulación en el seno de la masa”, la que permitió identificar tan rápidamente el proyecto antidemocrático y totalitario del MAS, reactivando en consecuencia las estructuras sociales de rebeldía. 

A partir de ello se produjeron verdaderos hitos políticos de importancia nacional, irradiados a partir de La Paz al resto del país. En este orden deben entenderse los múltiples triunfos democráticos, que terminaron desnudando la pérdida de legitimidad social del gobierno de Evo Morales y su partido. El referéndum del 16 de febrero del 2016 y la prolongada huelga nacional de los médicos, destacan como los puntos de mayor referencia, secundado por otros de igual contundencia como lo fueron el rechazo al proyecto de autonomía departamental ofertado por el oficialismo, las derrotas electorales para la gobernación departamental y el gobierno municipal. En este sentido, lo que tenemos es la reactivación de las estructuras de rebeldía, gracias a cuya dimensión no únicamente se erigieron los hitos anotados, sino que se desbarató todos los intentos de asegurar el fraude electoral por parte del MAS, de cara a las próximas elecciones generales. 

Para finalizar, refirámonos a la actitud o comportamiento de la población paceña, en condiciones de acecho a las libertades políticas. En un primer caso (el comportamiento socio-político durante la segunda fase de esta coyuntura larga) la ratificación del rechazo al neoliberalismo estuvo acompañada por la observación – evaluación al comportamiento totalitario y corrupto del gobierno de Morales. Aunque silenciosa durante largo tiempo de esta fase, dada la persecución política, el resultado se manifestó de manera inapelable en las derrotas del MAS. De igual manera, en el período pre-electoral que hoy por hoy vivimos y ante la descarada preparación del fraude a plena luz del día por medio de los operadores del gobierno en el tribunal electoral, el poder judicial y la fiscalía, la actitud silenciosa y serena de esta ciudad, preanuncia la nueva derrota electoral del partido de gobierno. La dimensión de esta actitud no es apreciada por el MAS ni por sus serviles operadores en las instituciones públicas, enceguecidos, todos ellos, por los castillos de papel que los “estrategas” políticos de ese partido les venden. 

Omar Qamasa Guzman Boutier es escritor y sociólogo

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