Opinión

28 de abril de 2020 15:40

La pandemia del covid-19 y el problema del método


Un life motive en las ciencias sociales es el problema del método. Este problema constituye un verdadero acertijo, como lo saben los investigadores sociales. La pandemia del coronavirus (covid-19) ha impactado en todos los órdenes de la vida social, colocándonos ante un haz de problemas, articulados alrededor del reto de la salud; ello al menos en un primer momento, hasta que el mundo cuente con la cura para combatir al virus. El complejo cuadro creado por esta situación ha llevado, en un extremo, a la falsa contraposición de los intereses entre salud y economía. En las siguientes líneas reflexionaremos en torno a la base que subyace en los abordajes teóricos que alimentan la toma de decisiones de los gobiernos; nos referimos al método. 

Se sabe que es el “objeto de estudio” el que convoca al método y no éste, el que crea a aquél. En el caso de la pandemia del covid-19, el “objeto” que nos preocupa es complejo, debido a los múltiples campos que han sido impactados, por lo que el método requerido deberá corresponder a la dimensión del reto. En breve; hablamos del pluralismo metodológico. En la primera parte nos referiremos a esta opción metodológica a partir del “método de Ulises”. En la segunda parte apuntaremos las implicaciones de la extensión del pluralismo metodológico a los diversos campos afectados por la pandemia, mientras que en la última parte pensaremos en torno a la perspectiva que esta crisis presenta a los países latinoamericanos. 

Para entrar en materia aclaremos que, como punto de partida, el método de Ulises nos servirá para ejemplificar la idea de la complementación de diversos métodos, ante un objeto complejo. Para Ulises, el objeto estuvo dado por la necesidad del retorno a Itaca, mientras que la complejidad referida la aportaban cada uno de los desvíos o paradas que el personaje realizó a lo largo de su retorno. Desde la academia europea, particularmente la escuela de los Annales de Francia o de la escuela de Frankfurt de Alemania, se consideraba que en toda la travesía Ulises muestra que no es, en absoluto, aristotélico. Es decir, no retorna directamente a Itaca, sino lo hace saliéndose del camino una y otra vez. Al contrario, para la academia norteamericana Ulises representa el mejor ejemplo de la aplicación del método aristotélico. Por último, según nuestra opinión, ambas consideraciones son válidas; es decir, desde el punto de vista del método, Ulises es aristotélico y a la vez no lo es. 

En la consideración de las visiones europeas se privilegia la totalidad del objeto, consistente, según adelantamos, en el retorno a Itaca. Efectivamente, Ulises no aborda el problema de manera directa y su viaje no sigue un curso lineal, ni dispone, para ese efecto la adecuación de los recursos con los que contaba. Pero, a pesar de salirse del camino constantemente, a pesar de ver modificarse cada vez los recursos de los que dispone y pese a que tenga cada vez que cambiar de planes, nunca pierde de vista su objetivo final, al cual se acerca indefectiblemente, aunque de manera lenta. Para la consideración norteamericana, sin embargo, Ulises es aristotélico porque frente a cada (nuevo) problema analiza la situación, evalúa las opciones para superar el obstáculo, traza una estrategia, planifica la disposición de los recursos con los que cuenta y ejecuta sus acciones de acuerdo al orden de la planificación. Para nosotros, en la consideración total, Integral del problema, Ulises ciertamente no es aristotélico, pero sí lo es si nos atenemos a su actuación ante cada problema particular que enfrenta. De esa manera, el que consideremos a Ulises como aristotélico o no aristotélico dependerá del foco de interés que coloquemos en el tipo de problema que enfrenta: la totalidad o cada problema particular. No se trata solamente de la dimensión de los problemas y ni siquiera de la fase en la que estos serán observados, sino, en efecto, de nuevos problemas, de nuevas realidades, uno distinto al otro y por tanto, uno convocando a un método y otro a otro método. Es esta combinación de métodos, lineal y no lineal, lo que queremos destacar. Con Ulises estamos ante una pluralidad de métodos que se combinan. 

El impacto de la pandemia del coronavirus excede en mucho el campo sanitario y abarca los campos económico-productivo y social (en el que agrupamos actividades tales como las educativas, de entretenimiento, de servicios). En todos estos campos se encontrará presente la necesidad del pluralismo metodológico, para abordar la nueva realidad. La complejidad creada por la pandemia, a pesar de su carácter Integral y el uso de diversos métodos para su descripción, no siempre resulta evidente. Así por ejemplo, en el campo de la salud, puede agruparse en dos modelos matemáticos explicativos el comportamiento de la expansión de la pandemia observado hasta ahora. El primero tiene como característica, en un primer momento, la rápida expansión de los contagios y es expresado por el modelo exponencial. Pensamos en los ejemplos que nos ofrecen países tales como China, Italia, España, Francia, Estados Unidos (EEUU) o Ecuador. En todos estos países (con excepción de los dos últimos, en los que el primer momento sigue en curso) se observa, en un segundo momento, un comportamiento que ya no puede ser expuesto por el modelo exponencial, por lo que se requiere de otro, como es el modelo matemático lineal. Se entiende que el cambio de modelos explicativos viene dado por la realidad, aun tratándose de un mismo fenómeno (la expansión de la enfermedad) ya que éste, a lo largo del tiempo, nunca permanece inalterado. Este hecho, que parece obvio, no suele siempre apreciárselo y menos cuando de subrayar la presencia de una pluralidad de métodos se trata. 

Es verdad también que en otros casos, como Grecia, Alemania, Uruguay o Bolivia, el primer momento se caracterizó por la expansión lineal de los contagios, razón por la cual es descrito por el modelo matemático lineal. Con excepción de los dos últimos países en los que el primer momento sigue en curso, se observa que al primer momento de expansión lineal le sigue un segundo momento de estabilización (y para el caso alemán incluso un tercer momento, el del des-escalamiento, dada la tasa del 0.7 de contagios alcanzada), en los que el modelo lineal seguirá siendo válido para la explicación del comportamiento de la enfermedad. Es claro que tanto en el primer grupo de países como en este segundo grupo, tiene mucha importancia el comportamiento social, de gobernados y gobernantes, para explicar la expansión del covid-19 y por tanto, también para recurrir a uno u otro modelo explicativo. 

En todos los casos, sin embargo, el problema radica cuando las sociedades deban pasar de la fase de la cuarentena, el distanciamiento físico y la paralización de las actividades económicas no esenciales, a la fase de la denominada reapertura. Recordemos que hasta mientras no contemos con la cura necesaria, el contexto en el que se moverán todas estas fases es el dado por la pandemia, debido a lo cual el eje de toda planificación viene del campo de la salud. En este sentido resulta imprescindible que el paso a la reapertura tenga en cuenta el estado de salud, en la sociedad. En términos de planificación ello quiere decir que es el tiempo dado por el comportamiento de la pandemia, el que marca los tiempos de la economía, la educación, etc., y no el tiempo propio de cada uno de estos campos el que pueda planificar sus actividades específicas haciendo abstracción del tiempo de la salud. Por ello, en este punto, hablamos también de la necesidad de test masivos, para conocer el estado de la situación; conocimiento que nos otorgará mayores certezas al momento de la reapertura, como para no facilitar la expansión exponencial de los contagios. De hecho, al respecto, la canciller alemana, Angela Merkel, ha advertido a su sociedad de lo engañoso que el des-escalamiento de la expansión puede llegar a ser, si no se toman previsiones correctas, en el paso de una fase a la otra. 

Cuando se dice que el eje de esta crisis lo constituye el problema de salud, se dice por tanto también que es la pandemia, su tiempo y su estado situacional, la que marca el tiempo y el estado de los otros campos. Para decirlo con claridad: la planificación de la economía, de la educación, etc., debe tener en cuenta primeramente al tiempo y estado de la salud y recién en segundo término los suyos propios. En este ejercicio, las dificultades metodológicas se encuentran en las transiciones y las mediaciones (teóricas y “técnicas”), entre un campo y otro. En el ejemplo de Ulises vimos que el momento de la transición propiamente es dado por el contacto con los cada vez nuevos obstáculos. Pasado ese instante, la especificidad de cada obstáculo (de cada campo, para nuestra reflexión) determina el método específico necesario. Pero, para planificar cualquier reapertura, se entiende que en este período los límites están dados por los requerimientos de la salud. Por ello se encuentran fuera de lugar declaraciones que pretexten no poder realizar test masivos por el elevado costo que ello representa o que nos encontramos, ante la necesidad de los test, como quien cuenta con un auto pero no tiene gasolina, como declararon algunos personeros de gobierno, en Bolivia. De hecho, esas opiniones expresan la equivocada decisión del gobierno de no realizar test masivos y conducir al país a la reapertura, con los ojos vendados. Una apuesta riesgosa, igual a las de otras latitudes del mundo. El “matiz” entre la realización o no de los test masivos puede marcar la diferencia en el equívoco que lleve a la catástrofe o el acierto que torne manejable la situación de la crisis, en el largo tiempo que aún nos queda por recorrer. 

Por otro lado, no se piensa que la reapertura se dará en los mismos términos prevalecientes hasta antes del estallido de la pandemia. En el transcurso que media entre el cierre y la reapertura algo ha cambiado. Cambio expresado en varios sentidos, de los cuales enumeremos cuatro. Primero; el estado de la economía se ha modificado dramáticamente y ahora nadie duda que el mundo vivirá una crisis económica que, al menos para este y los siguientes dos años, le asimilará a la crisis de 1929. Segundo; las fuentes para la reactivación económica no son las mismas de las que se disponía en la década de 1930; es decir la explotación de los recursos naturales no renovables. En la próxima reactivación aquellas fuentes serán las nuevas tecnologías: las industrias digitales, la robótica, la electricidad como energía en lugar de las energías fósiles. Tercero; la migración de muchas actividades laborales y sociales, del campo presencial al campo virtual. El trabajo en caso, en todos los campos en los que la interrelación social no sea imprescindible, será la norma. Cuarto; no pueden obviarse los requerimientos que la misma crisis económica que se vislumbra, producirá. Desde ya, la propia Organización de las Naciones Unidas (ONU) vaticina, como consecuencia de la crisis desataca por el coronavirus, para los próximos años una hambruna mundial de dimensiones bíblicas. 

No son, pues, pocos los nubarrones que se nos vienen, como para equivocarnos hoy en la toma de decisiones a fin de ahorrar algún dinero, porque de todas maneras el día de mañana se tendrían que erogar muchos más recursos para enmendar los errores. Así las cosas, tenemos que las relaciones entre los distintos campos son, en el curso de la pandemia, tan estrechas que incluso abarcan consideraciones metodológicas, al momento de planificar los pasos a dar. Este último aspecto no anula la pertinencia de métodos específicos, según graficamos con el ejemplo de Ulises, pero a condición de asumir como eje a la salud y todo lo que ello, en términos metodológicos implica; lo cual ya es mucho decir. 

A manera de cierre refirámonos a América Latina, ante estos retos. En materia de salud no son muy diferentes a las del resto del mundo: controlar la expansión del covid-19 y tornarla manejable para nuestros precarios sistemas sanitarios, hasta que contemos con la cura requerida. Incluso la reapertura presenta similares retos a todos. En lo que comenzamos a diferenciarnos es en la estructura económica. La nuestra depende, grandemente, de la explotación de recursos naturales. Hoy, en medio de la crisis de la pandemia, el desplome de los precios del petróleo (Ecuador sabe lo que es aquello de “sobre llovido mojado”, aunque las dificultades del desplome alcanzan, en distinto grado a todos nuestros países) y las dificultades que tenemos para la migración al tele-trabajo, por la baja cobertura de internet, el significado de “reapertura de la economía” se torna particular. La perspectiva de la crisis alimentaria implica, adicionalmente, que saldemos cuentas primero con aquél déficit tecnológico. 

Si la actividad económica misma girará en torno a las tecnologías digitales, es claro que parte de la reapertura debe contemplar políticas de ampliación de su cobertura, así como la reducción de costos y el mejoramiento del servicio. Hablamos de la infraestructura y de los incentivos que faciliten la migración tecnológica a diversos sectores laborales. Por otra parte, para los siguientes tres años, los esfuerzos económico-productivos deberán orientarse en lo principal a enfrentar la crisis alimentaria, aunque ello reporte una menor tasa de crecimiento en otras actividades. Por último, en este período de emergencia, el alivio de la carga tributaria, principalmente a micro empresarios y trabajadores independientes, debe ser comprendido como un incentivo, a fin de garantizar que estos sectores continúen como agentes económicos activos. Se entiende que tanto los retos derivados de la pandemia como las respuestas a ellos, suponen políticas de Estado y no sólo de gobierno. Incluso en los casos, como Bolivia, en los que se tenga un proceso electoral, ningún candidato serio podría eludir la constitución de un acuerdo nacional, para enfrentar la multiplicidad de crisis desatadas por el covid-19. 

Omar Q. Guzmán es sociólogo y escritor

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