Opinión

7 de abril de 2022 14:44

Guerra en curso y reconfiguración global

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No hay, en una guerra en desarrollo, bola de cristal alguna que pueda mostrarnos el desenlace de la misma. Sin embargo, es posible detectar algunas señales, en estado germinal, que brindan pistas de las posibles evoluciones de las tendencias que tomará el conflicto, originando una nueva configuración global; razón última de la guerra provocada por el dictador ruso, Vladimir Putin. Hablamos, por tanto, de signos con potencial estratégico para el proceso de reconfiguración.

Como en raras ocasiones en la historia, la atroz violencia del ejército ruso en la guerra contra Ucrania, muestra su total inutilidad. Resulta inútil en varios sentidos. Primero, porque no logra llevar a Rusia al sitial de importante actor en el proceso de la reconfiguración del poder global. Ese fue el anhelo que impulsara a Moscú a iniciar la agresión en contra de Ucrania. Segundo, tampoco logra, en el desarrollo de la guerra, frenar los costos políticos y económicos que ocasiona para su propia población. Así las cosas, puede decirse que, para el pesar de Rusia, nada frena las tendencias desatadas, de un futuro nuevo orden mundial. Esas tendencias asoman en forma de signos, de carácter estratégico para las potencias mundiales.

Las señalas a las que nos referimos abarcan varios campos, entre ellos, principalmente, el comercial, el militar y el político. La guerra ha provocado una crisis energética que cruza la puerta, en Europa, debido a su alta dependencia a Rusia. Cerca del 50% del gas que consume el mercado europeo proviene de Rusia, por lo que la Unión Europea (UE) ha decidido liberarse de dicha dependencia, buscando nuevos proveedores. Por de pronto Estados Unidos (EEUU) ha liberado, para ello, parte de sus reservas estratégicas, con lo que se espera que paulatinamente Europa se libere de la dependencia energética de Rusia y este último vea cortada una fuente muy importante de captación de recursos económicos, con las que alimenta su maquinaria bélica. Nadie puede negar, pues, que en el plano comercial comienza a operarse parte de la reconfiguración mundial.

Respecto a lo militar, debe recordarse la decisión del parlamento alemán, a fines del pasado mes de marzo, de subir su cuota de aporte a la Organización del Tratado Atlántico del Norte (OTAN), del 1.5% al 2% de su PIB. Esta medida también debe considerarse como un elemento central, en el nuevo próximo ordenamiento del poder militar a nivel global, debido a que ella conlleva un mayor involucramiento alemán en esta materia. Involucramiento elevado que nunca tuvo, luego de la segunda guerra mundial (significa, además, una drástica modificación de su propia política internacional, con referencia a Rusia). Que la primera potencia económica de Europa tomara esta decisión -además de ser un país con altos niveles de calidad en la investigación científica y tecnológica-, nos dice que también en materia militar se avizora un próximo liderazgo alemán, en la OTAN.

En materia política las semillas del reordenamiento son más difíciles de percibir. Convendrá, por ello, establecer marcos generales para intentar una clasificación. Aunque las Naciones Unidas (ONU) en varias resoluciones han condenado la invasión rusa a Ucrania, es evidente que Putin cuenta con varios aliados, cuya presencia pudiera desmentir el aislamiento internacional ruso. De hecho, el pasado fin de semana, en las elecciones de Hungría, por cuarta vez consecutiva ha ganado el ultraderechista Víctor Orbán; quien recibió de inmediato las congratulaciones de Putin, por considerárselo un firme aliado. Al también ultranacionalista gobierno de Serbia (país, históricamente aliado a Rusia) puede contárselo, de igual manera, entre los aliados de Moscú. Pero en estos casos se trata de aliados de poca incidencia, a nivel mundial. Lo sabe China, por lo que se muestra mesurada en su apoyo a Rusia. Está claro que a China le interesa un reordenamiento del poder global en el que ella ocupe un sitial de privilegio. En esa dirección, no está muy interesada en un extremo debilitamiento ruso. Así, el apoyo chino a Rusia más que fortalecer a este último, fortalece a China frente a la EEUU y la OTAN.

En contrapartida, la abrumadora solidaridad internacional con Ucrania acentúa la soledad rusa, en momentos en que se incrementan las sanciones internacionales en contra del país agresor. Con la guerra en curso, por tanto, se elevan los costos políticos para el Kremlin. En lo externo, se trata de un incremento acelerado, luego del genocidio ejecutado por el ejército ruso, en particular en las ciudades ucranianas de Mariúpol y Bucha.

La desesperación de Moscú llega al extremo no sólo de negar la matanza de mujeres, ancianos y niños en las ciudades ucranianas ocupadas temporalmente, sino de acusar a Ucrania de montaje, de las dantescas escenas de las masacres. Mentira y cinismo sin límites, similar a lo que en América del Sur percibiría cualquier observador del tráfico de cocaína, al escuchar al gobernante partido Movimiento al Socialismo (MAS) de Bolivia, negar, sin sonrojarse, que ese país sea productor de droga. Como cualquier persona mínimamente informada en el tema sabe, ese mismo partido, a la cabeza de Evo Morales, convirtió a Bolivia, durante su gestión, en uno de los mayores productores de cocaína del mundo.

El debilitamiento político de Putin también es interno y se manifiesta en los crecientes números de fuga de sus ciudadanos, hacia el Occidente, así como en las, aunque débiles, protestas internas en contra de la guerra, a pesar de la férrea represión policial. Sin embargo, el debilitamiento interno no debe pensárselo como una señal de una próxima caída del dictador; pero sí como un factor que contribuye de manera indirecta a la baja moral de las tropas rusas, en Ucrania. Sumado a ello, los efectos negativos que las sanciones impuestas causan a la ciudadanía rusa, el ánimo entre la tropa del ejército invasor no muestra apoyadura alguna para una pronta mejora.

Para Ucrania las cosas son distintas. La indiscutible unidad nacional en torno a su gobierno y ejército, ha permitido, pese a la crueldad de las masacres, mantener una elevada moral. Ucrania, por medio de su presidente, Zelenski, tiene una incuestionable autoridad moral y política en el contexto internacional, por el heroísmo sin límites que exhibe día a día, en la defensa de su integridad territorial, de su soberanía y de su derecho de vivir en democracia y libertad. ¿Quién puede dudar que ello quedará como una de las páginas más dignas del ser humano, que no acepta vivir bajo el dominio de dictadorzuelo alguno?

El sacrificio del pueblo ucraniano lamentablemente no se condice del todo con el accionar de sus aliados, la OTAN y EEUU. En lo fundamental, respecto a los reiterados pedidos de Ucrania para la entrega de armamento pesado y aviación, a fin de contrarrestar la embestida rusa. Pedido que continúa encontrándose con oídos sordos de los aliados. El cálculo de estos últimos parece ser el de obligar, poco a poco, a Rusia a iniciar conversaciones y así posibilitar un alto al fuego. Sin embargo, a pesar del aislamiento político internacional (que hoy por hoy está colocando a Rusia en el futuro papel de “muchacho de los mandados” de China) y los efectos negativos que las sanciones le causan e incluso, pese a la baja moral de sus tropas, Putin tiene un amplio margen para prolongar la guerra. Guerra que es, recordemos, no contra Ucrania en sí, sino contra el sistema del derecho internacional y principalmente contra occidente. Ese amplio margen le viene de su poderío armamentístico y del muy elevado número de hombres disponibles, para ser utilizados como carne de cañón en esta aventura.

A casi un mes y medio de la invasión rusa a Ucrania, puede concluirse que Putin ha perdido, políticamente, el conflicto. Y aunque ello le tenga sin cuidado al dictador ruso, las pulsiones hacia una reconfiguración del poder global comienzan a manifestarse de manera seminal. En esta reconfiguración, todo apunta a que Rusia se vea desplazada, por China, como segunda potencia mundial. Esta reconfiguración tiene en el comercio y en el campo militar sus manifestaciones inmediatas, pero terminará abarcando al resto de los sistemas. Se trata de un proceso que ya se ha iniciado y en el que Rusia entra, de antemano, en calidad de jugador perdedor.

Omar Qamasa Guzmán Boutier es escritor y sociólogo 

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