Opinión

8 de octubre de 2019 12:28

Entre el auto-engaño masista y la realidad político boliviana

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El desencuentro entre el gobernante Movimiento al Socialismo (MAS) y la realidad política-social boliviana es inocultable en el actual período pre-electoral y manifiesta el fracaso de la estrategia masista para evitar su venidero desalojo del gobierno. Los antecedentes de la estrategia masista están conformados por medidas, llamémoslas, preparatorias que debían garantizarles el éxito. Entre estas medias destaquemos la del desconocimiento a la voluntad democrática de la mayoría de la ciudadanía, expresada en el referéndum del 21 de febrero del 2016 (21-F), el asalto a las instituciones estatales, principalmente a las del poder judicial y a las del órgano electoral y la destrucción del sindicalismo, para reemplazar las direcciones críticas al gobierno, por un puñado de allegados, acostumbrados a la prebenda y la corrupción. 

Inmediatamente después de la ruptura de la autonomía que debían mantener, por su parte, el poder judicial y el tribunal electoral, vino el nombramiento de allegados o personas serviles al gobierno, con el único propósito de viabilizar el despropósito del gobierno, cual es el de burlar las libres decisiones políticas democráticas de la población. Este personal servil, verdaderos títeres (y aquí la metáfora es del todo ilustrativa) estuvo dispuesto a cumplir hasta con los más mínimos deseos del palacio de gobierno, avalando el desconocimiento a los resultados del 21-F, habilitando a los inconstitucionales candidatos (Evo Morales y Álvaro García) para la contienda electoral próxima y amedrentando a la prensa independiente al punto de obligarles a la autocensura. Nada de ello despertó sorpresa, ya que para ese (des)propósito fueron colocados en los altos puestos públicos, a fin de maquillar el desconocimiento a la democracia. 

Sin embargo de todos estos esfuerzos y manotazos, las cosas no salen como estaba previsto. De nada sirvieron los asaltos, las amenazas y los constantes atropellos al ordenamiento democrático constitucional. Ni la permanente propaganda electoral del gobierno, ni los Medios paraestatales y sus “periodistas” (o sea los sujeta-micrófonos a cualquier dirigente masista), alcanzan a ocultar la realidad política cambiante. Ante el lento e inexorable paso del tiempo comenzó entonces a cundir el nerviosismo en las filas del MAS. Era imposible frenar este avance y evitar que el período pre-electoral inaugurara una nueva fase en esta historia; y no es que no hubieran opiniones en el gobierno de -títeres electorales y judiciales mediante- incluso postergar las elecciones, pero el burlote era a todas luces de tal magnitud que simplemente no era ya suficiente el servilismo de “autoridades” judiciales y tribunos electoral (dispuestos a todo) para convertirlo en realidad. ¿Qué hacer entonces? , pues vaciar de contenido político a un período esencialmente politizado, como debe corresponder a todo ordenamiento democrático; es decir convertir al período pre-electoral en un espacio temporal apto para todo, menos para la confrontación de programas, propuestas e ideas políticas, entre los contrincantes electorales. 

Entonces entraron en acción los Medios para-estatales, fingiendo entrevistas y programas de supuesto esclarecimiento de las distintas propuestas electorales. La ciudadanía, sin embargo, no se dejó engatusar y las “entrevistas” (cuidadosamente dirigidas por el libreto, previamente aprobado por los actuales detentadores del poder, que realizan a diario los “sujeta micrófonos), cayeron en saco roto. Es que el desencuentro entre realidad política y ficción política que el gobierno pretende imponer simplemente no es creíble. El tufillo a desinformación que destilan aquellas entrevistas prefabricadas, la total falta de seriedad en los “debates”  (es un decir, porque en los programas cómicos de televisión, como “Los tres chiflados” los argumentos son más serios) apenas alcanzan a atrapar a una audiencia conformada, en su inmensa mayoría, por incondicionales seguidores del gobierno. 

Pero atrofiar el sistema de mediaciones democráticas (y la prensa independiente forma parte importante de este sistema) entre el Estado y la sociedad, no sustituye al sentir mayoritario que se expresa en esta última, por lo que, en estas condiciones, el engaño pensado para la población terminó engañando a sus propios diseñadores, vale decir a los candidatos truchos y a sus “estrategas de las derrotas”. Toda sociedad, en ausencia de un sistema de mediación política, encuentra nuevos mecanismos de expresión, habilita los ya existentes (como las organizaciones cívicas o los colegios de profesionales), recupera de su memoria otros (como el Comité Nacional de Defensa de la Democracia –CONADE) o por último crea nuevos mecanismos, pero ninguna sociedad deja de expresarse. Ante la cercanía de las elecciones es precisamente este cuadro el que vive Bolivia. 

El multitudinario cabildo realizado en la ciudad de Santa Cruz el pasado viernes 5, la huelga de hambre que protagonizan dirigentes cívicos de Potosí en defensa del Litio, la continuada protesta de los médicos del país, el cabildo anunciado por el CONADE para el próximo 10 de octubre en la ciudad de La Paz, son algunas de estas instancias de expresión de la ciudadanía. El rechazo mayoritario al gobierno es un hecho fáctico que no se puede desconocer ni con tonterías tales de la no vinculación de la resolución de las decisiones que asumen los cabildos, porque no estuvo presente el órgano electoral masista, para avalar los mismos. El desencuentro político entre sociedad y Estado no afecta, por supuesto, a las pulsiones democráticas de la sociedad, pero sí contribuye a la desarticulación del proyecto antidemocrático que Evo Morales y su partido pretender, de manera irresponsable para la propia estabilidad democrática, imponer por medio del Estado. 

A principios de año escribimos que, haga lo que haga el MAS, no podría evitar su derrota electoral. No se trató de un pronóstico observado en alguna bola de cristal, sino simplemente de la proyección de las tendencias de rechazo al gobierno que se observa en la sociedad. Estas tendencias se han incrementado, a la luz de la devastación de la Chiquitanía orquestada por el gobierno de Morales a través de los ilegales asentamientos en la zona; se ha incrementado también por la insultante práctica de prebenda que utiliza el MAS como mecanismo de gobierno y claro, por los escandalosos niveles de corrupción, en todos los órdenes de la vida pública. En lo más íntimo, seguramente los candidatos truchos y sus estrategas de las derrotas también lo saben por lo que, para ellos, la verdadera apuesta, en estas circunstancias, no es la de ganar el gobierno, sino la de cerrar las puertas de la cárcel. También hace meses escribimos que, ante la montaña de fundadas y documentadas denuncias de corrupción, la mayor preocupación de los responsables era la de salvarse de la sanción por tales actos. Ello conllevaba obtener, al menos, una votación lo suficientemente importante como para constituir una bancada, en el próximo poder legislativo, que les permita negociar eventuales juicios de responsabilidad y así salvar las cabezas de los jerarcas del hoy partido de gobierno. Pues, los manotazos de ahogado del MAS y sus allegadas en las instituciones judicial y electoral, confirman tal pretensión. 

Omar Qamasa Guzman Boutier es escritor y sociólogo

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