Opinión

9 de diciembre de 2020 13:50

Acerca de la crisis del pensamiento de izquierda


Hubo un tiempo en el que los más renombrados artistas e intelectuales del mundo militaban en partidos de izquierda: Picaso, Sartre, Camus, Neruda, Pasolini, Frida Caro, Hannah Arendt expresan apenas la punta del iceberg de ello. Eran tiempos en los que el pensamiento de Carlos Marx iluminaba las ciencias económicas, sociales y políticas obligando, incluso a sus detractores a referirse a él. Pero las cosas, en este tercer milenio, han cambiado y los intelectuales simplemente ya no tienen militancia de izquierda e incluso una mayoría ha abandonado el cuerpo teórico marxista; no nos referimos a investigadores de segundo orden -dicho no en términos peyorativos- como Mario Cohen o James Petras, entre otros. El espacio dejado en la militancia de izquierda ha sido rápidamente llenado, primero por activistas callejeros, luego por outsiders de la política, a los que finalmente se sumaron delincuentes de toda especialidad: secuestradores, narcotraficantes, pedófilos, estafadores, etc., etc. Entre las causas más importantes para la pérdida de atractivo del pensamiento de Marx entre artistas e intelectuales de élite se encuentra la propia evolución del capitalismo, así como el pobre desarrollo teórico de la matriz marxista.

En este artículo apuntaremos las causas de esta crisis, así como las manifestaciones políticas prácticas, de los partidos hoy autodenominados de “izquierda”. El telón de fondo de este proceso lo conforma el cambio de época del capitalismo industrial del siglo XIX, al capitalismo de la era digital, del siglo XXI. En principio delimitemos lo que entenderemos por pensamiento de izquierda, para luego referirnos a las causas de su crisis y a las manifestaciones políticas prácticas que ocasiona.

Entendamos, grosso modo, al pensamiento de izquierda como uno caracterizado por privilegiar lo social-popular. Dentro de esta muy amplia comprensión encontraremos varias corrientes, de las que sobresale, sin embargo, la teoría marxista. Tal es así que las otras corrientes (pre-marxistas, como las de Rousseau o post-marxistas como la Teoría de la Liberación) estarán subsumidas, para nuestro propósito, a ella. Por otro lado, digamos que dentro del marxismo observamos múltiples vertientes, presentes incluso dentro de la propia literatura clásica, como las que expresarán Luxemburgo, Lenin o Gramsci, principalmente. Sin embargo, todas estas vertientes partirán de la validez de la ley del valor, establecida por Marx, en su estudio sobre el capital.

Pues bien, tan grande importancia del pensamiento de Marx se debe a que éste abordó, científicamente, el estudio del funcionamiento de la sociedad a partir del modo del modo que ésta tiene para producir sus condiciones materiales de vida. Lo hizo con el estudio del capitalismo industrial en su fase inicial, lo cual marcará también el horizonte de visibilidad del que disponía la misma investigación. Ello puede observarse incluso en la principal obra de este extraordinario pensador, como es “El Capital”, en la que estudiará al capital desde su nivel anatómico. En este plano, para el siglo XIX, la fuerza de trabajo, representada por el obrero, será un componente fundamental del capital industrial, en la creación del valor. Pero dos siglos más tarde la anatomía del capital se habrá modificado, principalmente debido al desarrollo tecnológico, que afectó tanto a los medios de producción como a las materias primas. Hoy nadie puede negar que la fuerza de trabajo del obrero (el trabajo vivo) tiene mucho menos importancia relativa que los medios de producción (el trabajo muerto) en la creación del valor, en comparación a la que tuvo en el capitalismo industrial y esta tendencia tiende a agudizarse con la sustitución del obrero, debido a la robotización, en el proceso de producción. Por ello en el capitalismo de la era digital estamos ante una clase obrera que muy poco tiene que ver con la clase obrera del capitalismo industrial. En términos generales puede decirse que el pensamiento marxista contemporáneo simplemente no ha teorizado lo suficiente esta importante modificación.

Tenemos, por tanto, entre las causas del pensamiento de izquierda su incomprensión de la evolución del capitalismo. Esa incomprensión marcó un desfase entre este pensamiento y la realidad económica productiva (o sea el modo de producción capitalista durante la era digital), creándose de esa manera un vacío teórico. Si bien este desfase teórico se refiere inicialmente al ámbito de la economía, se extiende rápidamente al de la política y en particular al de la democracia. Ello, porque la sociedad toda se ha organizado, de forma notoria a lo largo del siglo XX, de acuerdo a los principios que regían la organización interna de la unidad productiva básica, es decir de la fábrica. La irradiación de la lógica de la fábrica, al alcanzar a toda la sociedad, conllevó también el ordenamiento y la organización política democrática.

No sugerimos que hasta antes del notorio desfase y del vacío teórico la izquierda hubiera desarrollo su propia teoría acerca de la política y la democracia más allá de los presupuestos establecidos por Marx. En realidad en estos dos campos el desarrollo de este pensamiento fue modesto y aún polémico. Por otra parte, recordemos que dentro del propio marxismo surgirán críticas (y también innovaciones) con respecto a supuestos establecidos por pensadores clásicos marxistas. Rosa Luxemburgo, marxista polaca asesinada en 1919, había criticado tempranamente a Lenin, luego del triunfo de la revolución rusa de octubre de 1917. Luxemburgo señalaba lúcidamente que la revolución de octubre había dado lugar no a la dictadura del proletariado sino a la dictadura del partido bolchevique. Ya en ocasión de la revolución de 1905 ella había cuestionado al partido de Lenin por la excesiva centralización que ejercía y puede decirse que la dictadura del partido bolchevique, luego, era la derivación de esa centralización, criticada doce años antes de octubre del 1917. De la misma manera, el posterior Estado soviético, policiaco y de terror instaurado por Stalin, no era sino la consecuencia de la dictadura que el partido ejercía.

Está claro que en este cuadro no puede hablarse de la existencia de teoría alguna acerca de una propuesta para la vida política democrática en el marxismo. Es cierto, a su vez, que el aporte de otro teórico marxista, el italiano Antonio Gramsci, permitió un substancial avance en la comprensión de la política, entendiéndola  como un campo autónomo. Con todo, tanto las críticas de Luxemburgo como los aportes de Gramsci no alcanzaron a desplazar a las corrientes autoritarias y antidemocráticas que vimos, ni siquiera con el aporte de otro marxista, el boliviano René Zavaleta Mercado, respecto de la democracia. Aunque no era el tema al que dedicara los mayores esfuerzos de su investigación, lo que escribiera acerca de esta cuestión (cuya mejor expresión es un pequeño ensayo “Cuatro conceptos sobre la democracia”, de 1981), es realmente importante. Lo es, porque ofrece una hipótesis de trabajo cuyo desarrollo podría ofrecer un aporte marxista sobre el tema.

El resultado en el que se manifestó la crisis ideológica y teórica del pensamiento de izquierda fue, por decir lo menos, una política errática de los gobiernos autodenominados de “izquierda”, en particular en América Latina. Estos partidos deambularon, en su mayoría, entre la delincuencia, la impunidad y el autoritarismo. No podía ser de otra manera, porque la centralización que estos partidos ejercen, se tradujo, en materia estatal, en la abolición de la independencia de poderes y así, los poderes legislativo y judicial no son sino simples correas de transmisión de los caprichos que salen del poder ejecutivo. La crisis, pues, de esta corriente de pensamiento, bajo la administración de aquellos gobiernos supuestamente de izquierda, se concretiza en la destrucción de la democracia, la conformación de regímenes totalitarios y la funcionalización del Estado a los requerimientos de la corrupción y el crimen organizado.

Este devenir no es algo que sorprenda, porque la sustitución de todo el estamento intelectual de la sociedad por activistas callejeros y delincuentes de toda especialidad no podía concluir en algo diferente. Sin embargo de ello, las causas que dieron lugar al pensamiento de izquierda (la injusticia e inequidad social en todas sus expresiones) no solamente continúan moviendo al mundo, sino que todo señala que se profundizarán de manera drástica a raíz de la crisis Integral desatada por la pandemia del coronavirus. Pero siempre existirán voces y esfuerzos intelectuales sinceros que enarbolen las justas demandas sociales, entendiéndolas mediante el abordaje de la investigación científica, en el nuevo contexto creado por el capitalismo en la era digital. Esto quiere decir que pasado este período, muy parecido al de una revancha sin proyección popular ni democrática, la fuerza de las ideas puede  interpretar el curso de las contradicciones sociales, desde una perspectiva de progreso de la humanidad, en términos de justicia, equidad social y libertad democrática. 

Omar "Qamasa" Guzmán es sociólogo y escritor 

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