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Opinión

24 de enero de 2017 10:02

VIVIR EL MATRIMONIO EN CLAVE TRINITARIA


El pasado 19 de enero participé como Profesor Relator en la defensa de Tesis en la Carrera de Ciencias Religiosas en la Universidad Católica Boliviana, Cochabamba. La tesis se titulaba “Esposo y esposa, llamados a vivir la presencia activa del Espíritu Santo, en dimensión Trinitaria para la planificación de la vida conyugal”. Su autora es la Lic. Wilma Virginia Burgoa y obtuvo una calificación de 90/100.

La tesis recoge las experiencias de la autora en sus últimos 20 años de vida dando charlas y preparando a los candidatos al matrimonio para que puedan celebrarlo como unión de amor sacramental fiel, indisoluble y fecundo, como imagen de la Familia Trinitaria. Este novedoso enfoque puede ser muy útil para fundamentar el verdadero amor. No olvidemos que en las últimas décadas han aumentado los fracasos matrimoniales, también entre personas cristianas e incluso católicas, que terminan en separaciones dolorosas y en divorcios civiles no raras veces conflictivos.

La culpa de este fracaso es múltiple. Muchas veces se debe a un erotismo exagerado que termina siendo un egoísmo hedonista que asfixia el crecimiento del verdadero amor sacrificado y generoso que busca el bien de la familia. A esto contribuye también la creciente increencia religiosa que lleva al ateísmo práctico y también al teórico.

La cultura contemporánea globalizada ya no valora el amor fiel, indisoluble y fecundo entre el varón y la mujer. Frente a este fenómeno la misma Iglesia no ha reaccionando con la necesaria firmeza doctrinal, renovando adecuadamente la pastoral matrimonial. Un punto clave es la fundamentación del matrimonio en la misma naturaleza biológica y antropológica del ser humano, varón y mujer, rechazando falsos argumentos homosexuales.

Al mismo tiempo la fe, tanto hebrea como cristiana, descubre a Dios como Familia Trinitaria, modelo de la familia humana, ya desde las primeras páginas del Génesis (Gn 1, 9), donde se indica que “Elohim”, forma plural de Dios, creador del hombre, varón y mujer, a su imagen y semejanza: “Los creó varón y mujer” para ser fecundos (Gn 1, 26-27).

La misma idea con otros matices también se relata en el segundo capítulo: Elohim Yaheh modela primero al Hombre (“Adam”), del cual luego confecciona a “Adán y Eva”, “varón y mujer” (Gn, 2, 18-24).

Por todo ello creemos que una tarea importante y urgente de la Iglesia Católica y ojalá lo fuera también de otras iglesias cristianas es renovar teológicamente la fundamentación de la unión matrimonial. Tradicionalmente se ha fundado en el amor entre Jesucristo y la Iglesia tal como lo expone Pablo en la carta a los Efesios (5, 21-33). Esta fundamentación paulina es muy valiosa, pero aplica mejor en la vocación al celibato religioso o sacerdotal. Pensamos que para la mayoría de los cristianos la fundamentación del matrimonio fiel, indisoluble y fecundo puede ser la creencia en Dios como Familia.

En tiempos recientes un paso importante lo dio el fugaz Papa Juan Pablo I, cuando identificaba a Dios como: “Un Padre y, todavía más, una Madre” (“É papà; più ancora è madre”. 10 sept. 1978). San Juan Pablo II en su magistral Carta a las Familias (1994) se refería a Dios como Familia Creadora. El Papa Francisco en varias ocasiones ha afirma que Dios es la Familia Divina en tres personas. Un desarrollo de la teología de la Trinidad Familia, modelo de la familia humana, ayudará a muchas parejas cristianas a fortalecer su unión. Incluso podría facilitar el diálogo con algunas religiones politeístas.