Banner Torres del Poeta GIF Acceso a clientes

Opinión

26 de noviembre de 2019 09:41

¡Viva Cristo Rey!


Tradicionalmente los católicos celebramos el último domingo del año litúrgico con la mirada puesta en el Señor como Rey que vendrá con gloria y majestad para juzgar a vivos y muertos premiando a los buenos y castigando a los malos (Mt 25, 31-46). Esta imagen del Rey triunfante se hará realidad plena al final de los tiempos en la vida eterna. Sin embargo ha habido grupos de cristianos que han tratado de establecer ese reinado como un reinado político.

Durante muchos siglos ésa fue la inspiración del “Sacro Imperio Romano” y también de otros intentos nacionales dentro del llamado occidente cristiano. La fe se imponía muchas veces, obligando a la gente a convertirse al cristianismo incluso con instrumentos coercitivos jurídicos e incluso físicos. Esto originó una aversión a la Iglesia Católica que todavía persiste en algunos lugares.

El Concilio Vaticano II ha contribuido a una notable purificación en esa percepción de la fe, que de ninguna manera puede imponerse a las personas en contra de su voluntad. La libertad religiosa no puede ser coaccionada por ninguna circunstancia. Por eso hoy en día la Iglesia Católica proclama que la verdadera evangelización debe respetar la libertad en materia de conciencia y de religión.

Con ello algunos piensan que se debe modificar el contenido de la fe. En concreto no se debería hablar de Cristo Rey, ya que una de las potestades del rey incluye la imposición de sus leyes incluso con la fuerza, sancionando con penas o recluyendo en la cárcel a los transgresores. Por ello hay que promover una correcta catequesis que ayude a corregir ideas erróneas.

Fue Pilato quien como razón de condenar a Jesús, le inculpó de ser el rey de los judíos. A lo cual respondió Jesús: “Tú dices que soy rey…, pero mi reino no es de aquí” (Jn 18,36). Con ello Jesús revela que su realeza, como Hijo de Dios, no es política, sino que se hará efectiva y plena al final de los tiempos. Pilato se dio cuenta de que Jesús no pretendía ser rey político, pero para mover al pueblo judío a compasión, mandó que lo azotaran brutalmente y lo escarnecieran, le incrustó en la cabeza una corona de espinas punzante y le puso un manto de púrpura, presentándolo como rey. Pero los sumos sacerdotes y sus seguidores clamaban “¡Crucifícale, crucifícale!”. Entonces Pilato, cobarde, cedió ante la presión de los judíos y lavándose las manos, entregó a Jesús para que lo crucificaran, poniendo en lo alto de la cruz como razón de la condenación a muerte una tablilla con la inscripción en hebreo, griego y latín “Jesús Nazareno, Rey de los judíos”.

La cruz, instrumento de muerte, muestra el poder del maligno que quiere que desconozcamos a Jesús como rey. Esto explica que las ideologías en el mundo no solamente desconozcan la fe cristiana sino que abiertamente la rechazan y persiguen a muchos cristianos, reproduciendo así la condena de Jesús. Lamentablemente la persecución a los cristianos se ha recrudecido en las últimas décadas.

Resistiendo a esas amenazas los seguidores de Jesús debemos esforzarnos en llevar a cabo la misión de evangelizar, utilizando los medios técnicos y culturales dentro de los estados democráticos. La Iglesia de Cristo, renunciando a la tentación del poder político, tiene que hacerse presente en el mundo el reinado espiritual, de Jesucristo sobre aquellas personas que le aceptan y quieren ser guiadas por su Espíritu de Verdad y de Bondad en la ingente batalla contra el espíritu de la mentira y de la maldad que pretende dominar el mundo. Lejos de tener miedo, elevemos nuestro espíritu para proclamar como han hecho muchos mártires: “¡Viva Cristo Rey!”.

Para Bolivia la fiesta cristiana de Cristo Rey, el 24 de noviembre de 2019, es también histórica. Frente al intento antidemocrático, infestado por el narcotráfico, de Evo Morales para mantenerse en el poder, han surgido movimientos populares denunciando el fraude de la elección presidencial el pasado 20 de octubre. El pueblo se ha rebelado y ha conseguido derrocar al gobierno de Morales. Con ello se ha evitado que Bolivia siga perteneciendo al Foro de San Pablo, agrupación que trata de implantar el marxismo en Latinoamérica.

Miguel Manzanera, SJ es jesuita y teólogo

Opinión

Noticias