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Opinión

23 de diciembre de 2019 08:19

Virgen de la Dulce Espera



Después de Jesús como protagonista redentor y a su lado, como corredentora, la Virgen María fue y sigue siendo la persona más representativa de la humanidad en la obra de la redención. Ya desde su misma concepción María fue elegida para ser Madre del Redentor y luego en la cruz también la Esposa del Salvador. El Evangelio de Lucas narra cómo María fue desposada con José aunque todavía sin contraer matrimonio que según las costumbres las costumbres judías se celebraba al cabo de un año.

El valioso documento “Protoevangelio de Santiago”, aunque no está reconocido como libro bíblico, nos ofrece detalles valiosos para comprender mejor el misterio de la encarnación del Hijo de Dios en el seno de la Virgen María. Ella vivió desde los tres años toda su adolescencia en el Templo de Jerusalén Esta profecía se cumplió plenamente en la Virgen María. Según. Allí fue privilegiada oyente de las Sagradas Escrituras y de sus interpretaciones por los sabios escribas. Por eso ya desde su infancia sintió el llamado del Señor a cargar con el pecado del pueblo pecador, renunciando a tener hijos y permanecer estéril como la Hija de Sion.

Fue antes de cumplir 15 años, cuando María recibió la visita del ángel Gabriel quien le transmitió una noticia increíble: “No temas María, porque has encontrado gracia delante de Dios. Concebirás en el seno y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Él será grande y se llamará Hijo del Altísimo” (Lucas 1,16-38).

Posiblemente María entendió que el ángel le proponía convivir conyugalmente con su esposo José, ya que le preguntó: “¿Cómo será eso si no conozco varón?”. De esa manera María dio a entender que había hecho un voto de esterilidad renunciando a tener hijos como sugiere la figura bíblica de la Hija de Sión. Ella ofreció a Dios ese gran sacrificio. De esta manera María asume la figura bíblica de la Hija de Sión que se sacrifica por todo el pueblo (Isaías 62,11).

Pero el ángel le aclara el maravilloso plan divino: “La Rúaj Santa descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso quien nacerá de ti será llamado Santo, Hijo de Dios”. Como prueba de veracidad el Ángel le comunica que a pesar de ancianidad, Isabel, la prima de María, había concebido. Por eso María se pone en camino para comprobar la señal divina de la veracidad del mensaje del Ángel, y ayudar a su pariente encinta.

La encarnación del Hijo de Dios en el seno de la Virgen María es un misterio incomprensible para la inteligencia humana. Sin embargo, hoy en día, con los avances científicos podemos vislumbrar  mejor ese suceso salvífico. María, al llegar a la edad de la pubertad, antes de los 15 años, comenzó a ovular como normalmente sucede a toda mujer. Cabe pensar que su primer óvulo, milagrosamente habilitado por la acción divina, pasó a ser cigoto, embrión monocelular, en el que se encarnó el Hijo divino por obra y gracia de la Rúaj Santa. La adolescente madre albergó en su seno a Jesús, convirtiéndose en la madre de Jesús el Salvador.

 Muchos fieles cristianos veneramos la anunciación del Ángel Gabriel a María el día 25 de marzo y luego el 25 de diciembre el nacimiento del Jesús, el Hijo de Dios y el Hijo de la Virgen María. Esta advocación deña Virgen de la Dulce Espera se ha incrementando en las últimas décadas. Tiene una fundamentación bíblica. El profeta bíblico Isaías anunció la gran señal divina “La doncella encinta dará a luz un hijo al que se pondrá por nombre ‘Emmanuel’, que significa ‘Dios con nosotros’” (Isaías 7, 14). Por eso el día 18 de diciembre y siguientes, muchos cristianos y también algunos musulmanes, veneramos a María encinta con las advocaciones Virgen de la Dulce Espera, Virgen de la Esperanza, Virgen encinta, Virgen de la Opor tener el seno redondeado, entre otras.

Pidamos a Dios por la intercesión de la Virgen de la Dulce Espera y de San José, su esposo protector, para que se proteja a las mujeres embarazadas y no se cometan feminicidios, ni tampoco abortos, sino que se proteja y se defienda la vida y la salud materno-infantil, especialmente cuando hay dificultades en el embarazo.

No olvidemos que atentar contra la vida de los infantes todavía no nacidos, equivale a atentar contra el mismo Jesús en el seno de madre, tal como lo dijo el mismo Mesías: “Lo que hagan a uno de estos mis hermanos más pequeños conmigo lo hicieron” (Mt 25,40). Veneremos a María también como integrada en la Sagrada Familia Trinitaria del Padre, de la Madre (Rúaj) y del Hijo. Ella no sólo es la Hija predilecta de Dios Padre y de la Rúaj Santa, sino también pasó a ser la Esposa del Padre y la Madre del Hijo de Dios. La encarnación respeta el monoteísmo, pero lo abre a una nueva visión de Dios como Familia Trinitaria, cumpliéndose así el plan divino cuando Dios Elohim creó la familia humana a su imagen y como semejanza suya (Génesis 1,26).

Miguel Manzanera, SJ es jesuita y téologo


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