Opinión

1 de abril de 2018 11:45

Ultima Cena de Jesús

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A los cristianos, seguidores de Jesús, nos interesa mucho conocer detalles importantes de la Última Cena que Jesús celebró con sus doce apóstoles y que ha dado origen a la Eucaristía que celebramos en cada Santa Misa. Para ello recogemos un interesante artículo del P. Bernardo Estrada, profesor de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz en Roma, añadiendo algún comentario nuestro.

Jesús, sabiendo que iba a morir, quiso celebrar con sus discípulos la Cena Pascual, que recordaba y actualizaba la cena que los israelitas celebraron antes de su salida de Egipto, perseguidos por el Faraón egipcio. Con ellos se daba inicio a la Pascua que el pueblo judío celebraba solemnemente en recuerdo del éxodo hacia la tierra prometida. Lo más probable es que Jesús celebró la Pascua el jueves anterior. No resultaría extraño, porque en aquellos días confluían unas 250.000 personas en Jerusalén, cuando la población normal era de 35.000, por lo que no se podían sacrificar en el Templo todos los corderos en una sola jornada. 

La cena pascual se realizaba en cada familia. La mujer de la casa, cuando veía que el sol se ocultaba detrás de la casa del vecino, o cuando contemplaba la primera estrella en el cielo, encendía las velas y así comenzaba la cena. Simbólicamente, esas luces recordaban la creación del mundo por Dios, cuyo inicio los hebreos sitúan en este mes del Nissán, el “mes de las espigas”, pues es cuando comienza a crecer la nueva vida. Por eso la Pascua es la nueva Creación. 

Recordemos que las fiestas de Israel estaban ligadas a fiestas agrícolas. La Pascua coincide con la fecha de la cosecha del primer trigo y al nacimiento de los primeros animales (corderos, etc). En Pentecostés llega la verdadera cosecha. La fiesta de los Tabernáculos está unida a la cosecha de la vendimia. Por eso el pan, el vino y el cordero son tan importantes para los judíos ya desde la salida de Egipto. El cristianismo ha recogido y ha dado un sentido nuevo y más profundo a estas celebraciones.

La Cena se iniciaba de pie y luego los comensales se recostaban sobre unos divanes, formando un cuadrado. Se apoyaban sobre el brazo izquierdo y comían con la mano derecha. Jesús presidía y a su derecha se situaría el más digno, probablemente Pedro, mientras que a la izquierda estaría Juan, descansando su cabeza sobre el pecho del Señor.

Jesús seguiría en la última cena el “orden de la Pascua”, divida en cuatro partes, cada una de las cuales se concluía con una copa de vino.

La 1ª copa comenzaba con una bendición recitando los salmos 113 y 114. Luego se tomaba la 1ª copa de vino mientras se recita: “Bendito seas Tú, Señor (Adonai), nuestro Dios, rey del universo, quien creó el fruto de la vid”. A continuación se hacía la lectura del éxodo del pueblo de Israel, saliendo de Egipto. 

Se concluía con la 2ª copa, recordando las diez plagas que azotaron al pueblo egipcio. Después se realizaba la primera ablución o lavado de manos, al que Jesús en la última Cena quiso dar un profundo significado lavando los pies a sus apóstoles. Luego se la persona más anciana o más digna, hacía las preguntas a la más joven: ¿Por qué esta noche es diferente de todas las otras noches?Cabe pensar que Jesús o Pedro hicieron esas preguntas a Juan.

Tras el lavado empezaba la cena propiamente dicha. El más digno distribuía el primer pan ázimo, sin levadura, que recordaba la prisa con que escaparon del Faraón, mientras repetía esta bendición: “Bendito eres Tú, nuestro Señor, Rey del universo, que extraes pan de la tierra”. Posiblemente en este momento Jesús consagró el Pan. Además del pan, cada comensal tenía delante un cuenco con hierbas amargas que se sumergen en una salsa especial con agua salada y algún condimento, recordando el sufrimiento de la huída de Egipto.

A continuación se comía el cordero, sacrificado previamente en el templo por un sacerdote, o bien por el cabeza de familia. No se le rompía ningún hueso y debía ser consumido entero. Así recordaban al cordero con cuya sangre los israelitas marcaron las puertas de sus casas para liberar a sus primogénitos del ángel de la muerte en Egipto (Ex 12, 29-34). Desde aquella liberación, que precedió y permitió su huída por el mar Rojo, los judíos comían el cordero tal y como Moisés les había indicado. Para los cristianos Jesús es el “Cordero de Dios” (Jn 1, 29), cuyo sacrificio liberó a quienes creen en Él.

La 3ª copa era la “copa de redención” y recordaba la sangre de los corderos inocentes que redimió a Israel en Egipto. Por ello se “da gracias” a Dios. En esta copa Jesús ofreció su Sangre a sus discípulos. La 4ª copa, ya antes de marcharse, se unía a la recitación del gran himno final, el Aleluya (Hallel), según los salmos 113 a 118. 

Por último se servía la 5ª Copa, pero no se bebía, sino que se dejaba para Elías, el profeta que el pueblo hebreo esperaba para anunciar la venida del Mesías (Malaquías 3, 23). Se mandaba un niño a la puerta a abrirla y ver si estaba Elías. Pero cada año, el niño regresaba desanimado y el vino se derramaba.

Podemos añadir que la Última Cena se celebró en el Cenáculo, mansión que posiblemente pertenecía a la familia de Zebedeo, pudiente pescador de Galilea con sus hijos, Santiago y Juan, y otros empleados. Tenía en Jerusalén una casa para la venta del pescado. Cabe pensar que María, la madre de Jesús, estuvo allí alojada en esa casa juntamente con otras mujeres, haciendo los preparativos de la Cena, sirviendo en ella y escuchando las palabras de Jesús. Pocas horas después, su Hijo, ya moribundo en la cruz, la desposó místicamente y le dio como madre a Juan, quien la recibió en su casa (Jn 19, 25-27).

Miguel Manzanera es jesuita y teólogo


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