Banner Torres del Poeta GIF Acceso a clientes

Opinión

28 de octubre de 2019 08:55

Sínodo Amazónico: ámense como Yo les he amado


Del 6 al 27 de octubre de 2019 se está teniendo en Roma la solemne inauguración del Sínodo Amazónico que reúne a 185 participantes presididos por el Papa Francisco. Ya con varios meses de antelación se dio a conocer el “Instrumentum laboris” (IL) o sea el Proyecto de Trabajo. 

Algunas personas han criticado este documento, indicando que la mayor preocupación de sus redactores era la ecología, el cuidado de la casa común y la protección de las culturas indígenas, y no así la evangelización. Además estaría inficionado por el sincretismo o sea por la mezcla indebida del cristianismo y del indigenismo.

Sin embargo hay que aclarar que el IL, aunque respeta las culturas amazónicas, su centro es Jesucristo o sea Jesús el Cristo, Ungido por el Espíritu para anunciar la llegada de la liberación integral del Reino de Dios. En ese Reino son fundamentales la justicia, la fraternidad, el respeto a los demás y la defensa de los excluidos.

El IL otorga a los indígenas un protagonismo especial por ser los habitantes de esas tierras desde tiempos inmemoriales, aunque ya hace varias décadas están siendo avasallados por entidades empresariales y comerciales que buscan explotar esos terrenos sin respetar la naturaleza y el entorno vivo de plantas, animales y seres humanos.

El Sínodo debe proponer nuevos caminos para que se respete la tierra en una ecología integral, tal como el Papa Francisco expuso en su encíclica “Laudato Si’” (Alabado seas mi Señor. Sobre el cuidado de la casa común), publicada, el 24 de mayo de 2015. Por lo tanto hay que rechazar las explotaciones irracionales de estos territorios por parte de poderosos grupos financieros.

Respecto a las culturas amazónicas es preciso entablar un diálogo abierto y cordial con los habitantes de esa región y sus culturas religiosas, sin condenarlas de antemano. Por ello es muy necesario inculturar el Evangelio como semilla del Verbo para que el pueblo reciba el anuncio de Jesús con su propia cultura. Hay que valorarlas en lo que tienen de positivo como un camino para reconocer al verdadero Dios como Padre celestial. Asimismo se deben desvelar aquellas creencias o prácticas contrarias a la fe en el verdadero Dios.

El “cuidado de la casa común” afecta no sólo de manera particular a los habitantes de esa región amazónica, sino también a todos los habitantes del planeta. Por eso los expertos subrayan la necesidad de conservar con buena salud la Amazonía como el pulmón de la humanidad. 

El Sínodo valora a las comunidades y culturas indígenas, pero sin presentarlas como si fueran un ideal, ya que también pueden tener pecados, atrasos y deficiencias. Estos elementos negativos no se deben únicamente a la falta de servicios higiénicos de agua, escuelas, medicina, luz, etc, sino que también han sido introducidos por ideologías contrarias a la dignidad humana como ser alcoholismo, machismo, corrupción, superstición y en algunos casos el sacrificio de infantes.

Durante las ya comenzadas reuniones sinodales se han propuesto posiciones que han causado preocupación en algunos sectores de la Iglesia Católica. Sin embargo en la última semana se presentarán las “Propuestas”, para ser votadas y presentadas al Papa, quien luego libremente según su criterio las aprobará o las modificará.

La Iglesia Católica debe esforzarse por establecer relaciones amistosas con los grupos indígenas y ofrecerles un diálogo intercultural e interreligioso para descubrir lo que nos une y ver lo que nos separa. A este respecto San Juan Pablo II publicó el 25 de mayo de 1995 la encíclica “Ut unum sint” (“Para que sean uno”) que sigue siendo aplicable hoy en día.

Los habitantes de las selvas poseen muchos tesoros de sabiduría, que debemos conocer, valorar y asumir para crecer conjuntamente en la verdadera fe y en la caridad por la acción de la Sabiduría divina. 

Al mismo tiempo hay que descubrir y rechazar las tentaciones de Satanás quien busca sembrar egoísmos personales y colectivos, odios y la destrucción de la  humanidad. Para hacer frente a este peligro hay que entablar un diálogo abierto y fraterno y, en lo posible, orar juntos.

La creencia en la Santísima Trinidad, visible en la Sagrada Familia de Nazaret, pobre y humilde, puede y debe ayudarnos a descubrir en la Iglesia amazónica el origen de la vida humana, proyectada hacia la vida eterna, para insertarnos en la Familia Divina Trinitaria.

La Iglesia, representada en María, nacida del agua y la sangre, derramadas por Jesús en la cruz, nos hijos redimidos por el Corazón de Jesús, unido al Corazón de María. De aquí brota el amor con el que amamos a Dios con todo el corazón y también a nuestros prójimos, sean de otras culturas diversas, como el mismo Jesús nos ama.

Miguel Manzanera, S.J.

Opinión

Noticias